9 de enero 2002 - 00:00

Efecto devaluación: vuelve el service

El virtual cierre de la economía, por imperio de un dólar alto, podría representar para muchos nada menos que el regreso al trabajo. Esto, en un país que sufre una desocupación ya crónica cercana a 20%, no es un dato menor.

Sin embargo, no se trata en este caso del retorno a tareas en la producción, con lo que esto representa en términos de integración social y cobertura previsional y de salud; tampoco se habla sólo del retorno de los míticos «arbolitos». Quienes regresarían a la escena luego de casi una década de ostracismo son los que hacen «changas»: miles de artesanos, técnicos, prácticos y hasta empleadas domésticas.

• En desuso

Dado que será muy difícil y caro importar todo lo que sea electrónicos, volverán a surgir los «services» que reparan televisores, equipos de audio, heladeras, acondicionadores de aire, oficios que habían caído prácticamente en desuso. Es que hasta ahora resultaba más barato tirar el aparato averiado y reemplazarlo por uno nuevo. Esto dejará de ser así en función tanto del costo de reemplazar el artefacto con problemas como las dificultades que tendrán los importadores para traerlos al país (ausencia de crédito externo y necesidad de pagar «cash» con billetes; barreras paraarancelarias que impedirán el ingreso de mercaderías, etc.).

La transición no será sencilla ni carecerá de sobresaltos:
para arreglar un aparato roto hará falta -en muchos casos- reemplazar algún componente que tampoco será fácil de conseguir.

Además, los técnicos que surjan deberán actualizar (o incorporar) conocimientos en función de los enormes adelantos tecnológicos que vienen produciéndose desde que gran número de argentinos dejaron de reparar sus enseres hogareños.
Esto tampoco será sencillo: ya no hay «academias» en las que se enseñen estos oficios.

Sin embargo, el histórico ingenio de los técnicos argentinos seguramente facultará a jóvenes talentosos e inquietos a desentrañar los secretos de los aparatos (al menos de los más sencillos de comprender). Cabe recordar que en este país, a mediados de la década del ochenta, se inventó en talleres de barrio la videocasetera «binorma». Por entonces, los argentinos viajaban a Miami a traerse la VCR, cuyo costo local triplicaba el que se conseguía en la calle Flagler.

Pero el inconveniente era que las «video» llegaban con la norma NTSC, de Estados Unidos; como en la Argentina se utiliza PAL-N, no se podía ni grabar ni reproducir casetes con esa norma. Esto no fue un obstáculo para los técnicos argentinos: en cada avenida de la ciudad surgieron microemprendimientos que convertían las caseteras a la norma local. Con este antecedente, y de existir un mercado lo suficientemente atractivo, seguramente surgirán técnicos capaces de reparar aparatos tanto o más complicados que aquellos VCR.

• Rebobinado

Otro rubro que podrá tener cierto auge es el de quienes rebobinan motores (bombas de agua, filtros de piletas de natación, etc.), que hasta ahora se cambiaban en cuanto se rompían. En este caso no será necesario contar con grandes conocimientos técnicos, a diferencia de los «services» de electrodomésticos.

La era del reloj descartable también estaría a punto de terminar
en la Argentina; y si bien los relojeros nunca desaparecieron del todo, en los últimos tiempos su tarea estaba limitada casi exclusivamente a reemplazar las pilas agotadas.

Asimismo, el previsto éxodo de inmigrantes de regreso a sus países de origen a raíz de la imposibilidad de continuar manteniendo a sus familias con lo que ganan en la Argentina -tanto por la devaluación como por las dificultades impuestas por el «corralito» para obtener y girar dólares- aumentaría las chances de obtener colocación en el servicio doméstico.

Como siempre, las crisis también son ventanas de oportunidad para quienes saben identificarlas a tiempo. Casi con seguridad, la actual no será la excepción.

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