Ejemplo de respeto al derecho y bien común
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Hasta ese momento, ningún acreedor extranjero había logrado ese cometido en Corea del Sur. Pese a que, según la ley, la posibilidad efectivamente existe.
La deudora en este caso debía, en total, más de 1.400 millones de dólares y su reestructuración luce indispensable. Más allá del lógico deseo de la gerencia local de perdurar en el control de la empresa, ignorando o postergando los derechos de los acreedores. A pesar de los errores que, en su gestión, la gerencia pudiera haber cometido.
Tan pronto como las acciones judiciales se iniciaron, la deudora y los acreedores domésticos se lanzaron en una fuerte «campaña periodística», de corte típicamente chauvinista, acusando a Goldman Sachs de pretender quedarse con una auténtica «joya» de la industria surcoreana. «Desnacionalizando» una empresa «emblemática».
• Reestructuración
El magistrado interviniente, no obstante, no cayó en la tentación nacionalista. Ni en el facilismo. Por el contrario, al hacer lugar a la pretensión del acreedor, el juez Byon Dong-gul aclaró que su decisión no apuntaba a transferir la propiedad de la empresa a extranjeros ni a obligarla a desaparecer. Sino -por el contrario- a reestructurarla, con la más absoluta transparencia.
De modo que pueda sobrevivir y seguir operando. Pero sana. Maximizando su valor como empresa, el que había sido afectado por la gerencia ahora reemplazada.
Pese a que Jinro tiene más de la mitad del mercado, su rentabilidad está fuertemente afectada por un cuadro -clásico- de endeudamiento excesivo. Con la consiguiente carga de intereses. Como sucede cuando se recurre al crédito en exceso: el final es insoportable.
Conforme a la decisión judicial, la filial coreana de la firma de auditores KPMG se hará ahora cargo de gerenciar a Jinro. Con el mandato expreso de reestructurarla y tratar, luego, de venderla a un inversor estratégico. Para que así pueda sobrevivir, perjudicando a sus acreedores de la menor manera posible y, más importante aún, sin que ello se haga en perjuicio de acreedores y en beneficio de quienes -con sus errores estratégicos- fueron los verdaderos responsables de la decadencia de la empresa, o sea, los accionistas y gerentes.
La decisión beneficiará a la empresa, a sus trabajadores y, en alguna medida, hasta a los propios acreedores. Y además al «clima de inversión» todo de Corea del Sur.
Negándose al «vudú» jurídico, supone una reafirmación del principio básico de defender el «estado de derecho», sin el cual las inversiones caen y el desempleo, inevitablemente, sube.
Así lo enseña la historia. En Corea del Sur y en todas partes.
(*) Embajador. Presidente de la International Bar Association.




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