5 de junio 2003 - 00:00

Ejemplo de respeto al derecho y bien común

Corea del Sur es uno de los más interesantes milagros económicos asiáticos. El año pasado -pese a la anemia que afectó a la actividad económica en todo el globo-, el PBI de ese país creció 6%. Este año espera poder crecer, una vez más. Aunque a un ritmo algo inferior, de 5% solamente. Es evidente que la gravísima crisis que la afectó en 1997 va quedando atrás.

Con todo, la relación de intimidad existente entre el poder político y los grandes grupos económicos locales (esto es, los conglomerados empresarios familiares, más conocidos como «chaebols».

Algo así como la «burguesía nacional» surcoreana) ha continuado generando no solamente protección arancelaria y subsidios de todo tipo, sino una situación de privilegio que alguna vez hasta ha «estirado» la interpretación de las normas y reglamentaciones.

• Campana

Recientemente, sin embargo, un sonado caso judicial acaba de demostrar que -al final- en Corea del Sur al menos el «estado de derecho» pesa y se respeta. En efecto, Goldman Sachs (el banco de inversión norteamericano) había prestado dinero a Jinro, el más grande productor de la bebida alcohólica nacional: el popular soju, derivado del arroz. Jinro vendió en 2001 volúmenes de soju tres veces más grandes que el vendido de ron Bacardi o que el de vodka Smirnoff. Importante.

La acreencia de Goldman Sachs, que equivale a un tercio del pasivo total de la deudora en cuestión, estaba en mora. Por ello, al no poder cobrar, se presentó ante los tribunales locales iniciando procedimientos concursales en procura de reemplazar la gerencia de la empresa, con cuya labor estaba disconforme.

Hasta ese momento, ningún acreedor extranjero había logrado ese cometido en Corea del Sur. Pese a que, según la ley, la posibilidad efectivamente existe.

La deudora en este caso debía, en total, más de 1.400 millones de dólares y su reestructuración luce indispensable. Más allá del lógico deseo de la gerencia local de perdurar en el control de la empresa, ignorando o postergando los derechos de los acreedores. A pesar de los errores que, en su gestión, la gerencia pudiera haber cometido.

Tan pronto como las acciones judiciales se iniciaron, la deudora y los acreedores domésticos se lanzaron en una fuerte «campaña periodística», de corte típicamente chauvinista, acusando a Goldman Sachs de pretender quedarse con una auténtica «joya» de la industria surcoreana. «Desnacionalizando» una empresa «emblemática».

• Reestructuración

El magistrado interviniente, no obstante, no cayó en la tentación nacionalista. Ni en el facilismo. Por el contrario, al hacer lugar a la pretensión del acreedor, el juez Byon Dong-gul aclaró que su decisión no apuntaba a transferir la propiedad de la empresa a extranjeros ni a obligarla a desaparecer. Sino -por el contrario- a reestructurarla, con la más absoluta transparencia.

De modo que pueda sobrevivir y seguir operando. Pero sana. Maximizando su valor como empresa, el que había sido afectado por la gerencia ahora reemplazada.

Pese a que Jinro tiene más de la mitad del mercado, su rentabilidad está fuertemente afectada por un cuadro -clásico- de endeudamiento excesivo. Con la consiguiente carga de intereses. Como sucede cuando se recurre al crédito en exceso: el final es insoportable.

Conforme a la decisión judicial, la filial coreana de la firma de auditores KPMG se hará ahora cargo de gerenciar a Jinro. Con el mandato expreso de reestructurarla y tratar, luego, de venderla a un inversor estratégico. Para que así pueda sobrevivir, perjudicando a sus acreedores de la menor manera posible y, más importante aún, sin que ello se haga en perjuicio de acreedores y en beneficio de quienes -con sus errores estratégicos- fueron los verdaderos responsables de la decadencia de la empresa, o sea, los accionistas y gerentes.

La decisión beneficiará a la empresa, a sus trabajadores y, en alguna medida, hasta a los propios acreedores. Y además al «clima de inversión» todo de Corea del Sur.

Negándose al «vudú» jurídico, supone una reafirmación del principio básico de defender el «estado de derecho», sin el cual las inversiones caen y el desempleo, inevitablemente, sube.

Así lo enseña la historia. En Corea del Sur y en todas partes.

(*) Embajador. Presidente de la International Bar Association.

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