Las divisas digitales dependen de las llamadas “mineras”, cuyas computadoras de alta potencia funcionan día y noche, absorbiendo electricidad para llevar a cabo los cálculos utilizados para verificar las transacciones. Esa es la razón que esgrimió Elon Musk para decidir que Tesla dejara de aceptar el bitcoin como medio de pago.
El consumo de energía, en el ojo de la tormenta
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Dado que casi dos tercios de estas actividades proceden de China, donde el carbón es la fuente principal de electricidad, esto significa más emisiones, y es el silogismo usado para afirmar que el bitcoin es enemigo del ambiente.
Es difícil decir cuánta energía se consume: según una investigación de Bloomberg son unos 20,5 teravatios-hora de electricidad al año, en tanto Morgan Stanley estima hasta 140 teravatios-hora. El Cambridge Centre for Alternative Finance afirma que se pasó de 6,6 teravatios-hora a principios de 2017 a 67 teravatios-hora en octubre de 2020 y 121,9 a principios de febrero de 2021. Sin embargo, no todas las criptomonedas son iguales: las minerías de bitcoin utilizan chips para computadoras costosos y proyectados a medida; los de otras criptomonedas utilizan en general placas gráficas más económicas y genéricas, inicialmente proyectadas para juegos de alta gama.
La participación china de la tasa de “hash” (función muy utilizada en la tecnología blockchain para sumarles seguridad) mensual de bitcoin bajó 10 puntos porcentuales, a 65%, en el segundo trimestre de 2020 respecto del tercero de 2019, según el Cambridge Bitcoin Electricity Consumption Index.
Pero la electricidad sigue siendo la mayor materia prima para todas las monedas, que queman la mayor parte. Quien defiende el bitcoin hace notar que su huella de carbono es más bien desechable respecto de los autos, las centrales eléctricas y las fábricas.
Agencias Ansa y Reuters



