12 de junio 2002 - 00:00

"El FMI les va a pedir más", dijeron a Menem en EE.UU.

Concluida la reunión de la internacional de partidos conservadores de la que participó en Washington, y que culminó con la comida que ofreció George W. Bush en la Casa Blanca, el viaje de Carlos Menem a los Estados Unidos ingresó ayer en su segunda etapa: recorrió las principales oficinas de la Casa Blanca que se especializan en los problemas latinoamericanos y también uno de los principales institutos académicos que defienden la tesis según la cual la dolarización de la economía es la mejor salida para la crisis argentina. Un dato para Carlos Soria: anoche, «Mal Bicho» (así lo llama el rionegrino) comía en la CIA, con la plana mayor de esa agencia.

Las conversaciones de Menem con sus interlocutores de ayer fueron relevantes no sólo para su rentrée internacional. También aportaron información de primera mano sobre el enfoque que aplica el gobierno de George W. Bush sobre la coyuntura argentina, en especial sobre las características de un eventual acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. En este sentido, se destacó el largo intercambio con John Maisto, el segundo de Condoleeza Rice en el Consejo Nacional de Seguridad. Participó también Joan Wallace, una vieja conocida del país. Menem, por su parte, se hizo acompañar por dos de sus asesores: Jorge Castro y Mario Baizán.

• Visión de Washington

Maisto, que fue embajador en Venezuela y es el principal experto en Latinoamérica de los que rodean a Bush Jr., expuso la visión de Washington sobre el trance argentino: «Los Estados Unidos quieren ayudar a la Argentina pero están especialmente esperanzados en que la Argentina se ayude a sí misma. ¿Qué forma tendríamos de colaborar?». Menem insistió con que la gran urgencia hoy para el país es sellar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y con los organismos multilaterales de crédito, a lo que Maisto contestó: «Para que eso suceda, el gobierno va a tener que tener un programa consistente. El Fondo le va a pedir más cosas y habrá una negociación dura y difícil. Además, tendrá que hablar en algún momento de la deuda, es decir dar una respuesta a los mercados sobre este punto». Es la misma visión que le transmitió James Walsh, el embajador de los Estados Unidos en Buenos Aires, a Alfredo Atanasof, el jefe de Gabinete, uno de sus interlocutores más habituales.

El funcionario norteamericano definió al gobierno de Duhalde como «una gestión de transición, encargada de tomar medidas tal vez desagradables y costosas, como corresponde a cualquier gobierno de transición». Después, acarició la autoestima de Menem: «El país sólo saldrá adelante cuando aparezca un liderazgo claro, dispuesto a tomar medidas importantes y continuar con las transformaciones iniciadas durante los años '90». Es lo que el riojano le dice al espejo todas las mañanas. El ex presidente adhirió a estos conceptos e insistió con la tesis que llevó a los Estados Unidos: «La gestión de Duhalde debe completar su mandato, es decir continuar hasta diciembre de 2003». Sin embargo, también pronosticó que «sin acuerdo con el Fondo a la Argentina le esperan momentos trágicos».

Maisto formuló varias preguntas a Menem. Lo indagó, por ejemplo, sobre las razones por las cuales se precipitó la crisis en el país. Más concretamente, quiso saber si «fracasó el capitalismo, fracasaron los programas que se llevaron adelante en la década del '90». El ex presidente negó esa posibilidad y señaló que la causa del colapso fue «la aparición de gobiernos ineptos a partir de 1999». Puso el acento en la gestión de la Alianza y en dos medidas que se tomaron durante ese mandato: la remoción del presidente del Banco Central, Pedro Pou, y la modificación de la convertibilidad con el factor de convergencia con el euro. Es importante el diagnóstico de Menem porque indica que, aun cuando haya un proceso de acercamiento con Domingo Cavallo, sigue atribuyendo la crisis a esas dos decisiones de su ex ministro.

El resto de la entrevista con Maisto sirvió para que Menem enfatizara los problemas de seguridad que aparecen en la Argentina, «con las calles tomadas por el marxismo y con un avance de una delincuencia más sofisticada, como la de los secuestros express, y en donde los criminales dominan zonas en las que ya no llega la autoridad del Estado». Maisto y Wallace transmitieron su preocupación por ese fenómeno, que identifican también en Venezuela, Brasil, Colombia y México.

• Interrogatorio

Una vez que terminó la reunión con Maisto, Menem subió tres pisos en el edificio del Consejo de Seguridad Nacional (una construcción de principios del siglo pasado hasta la que llegó el 7 de diciembre de 1941 el embajador de Japón para declarar formalmente la guerra a los Estados Unidos), para reunirse con el economista jefe del Consejo de Asesores Económicos de Bush, Walter Holtzer-Eakin, y con su segundo, William Melick. Esos dos funcionarios sometieron a Menem a un interrogatorio minucioso, apoyado en papeles e informes propios sobre la situación fiscal de la Argentina, la relación entre la Nación y las provincias, el cuadro que presenta la provincia de Buenos Aires (a la que los economistas norteamericanos ponen en el centro del problema nacional) y qué viabilidad puede tener una política de dolarización.

La discusión económica había tenido un capítulo extenso por la mañana, cuando Menem y su comitiva visitaron el Cato Institute, en el que se desempeña Steve Hanke, un defensor de la dolarización de la economía argentina que en su momento estuvo contratado por la Secretaría General de la Presidencia (gestión Alberto Kohan) y antes por el Ministerio de Economía (gestión Cavallo). Allí, el ex presidente opinó y escuchó ponderaciones sobre la posibilidad de que el desenlace de la crisis argentina sea la adopción del dólar como moneda. Allí el economista Brinsk Lindsey explicó que «de los 10.000 asesores que trabajan en el Congreso de los Estados Unidos sólo 15 están en condiciones de opinar sobre la Argentina. En el Fondo Monetario Internacional sucede lo mismo y, sólo así, por esa ignorancia sobre la cultura económica del país se pudo recomendar la flotación libre».

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