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Silvio Berlusconi
Según una nota de «The New York Times», está aumentando «el número de países que vuelven a recurrir a las plantas que utilizan carbón para cubrir sus necesidades energéticas». De acuerdo con la misma fuente, los países europeos pondrán en funcionamiento unas 50 plantas a carbón en los próximos cinco años». Las instalaciones de ese tipo siguen expandiéndose en China e India, y EE.UU. todavía cubre aproximadamente la mitad de sus necesidades energéticas con ese mineral».
Pero el carbón es altamente contaminante y es una de las causas del calentamiento global. En EE.UU., según «The New York Times», buscan hace años un método para «devolverle al suelo el dióxido de carbono que generan las plantas de energía que funcionan a carbón». Pero, agrega, «es evidente que el intento de desarrollar esa técnica está muy retrasado», y «los científicos tienen que determinar qué tipo de roca y suelo son los mejores para la contención del dióxido de carbono».
Las perspectivas con los biocombustibles no son más alentadoras. Estudios recientes comprobaron que liberan una gran cantidad de gases de efecto invernadero (más que las naftas de mayor calidad), mientras Greenpeace estimó que «para cumplir con los estándares de los países industrializados hay que arrasar con los bosques nativos del mundo».
La entidad sostuvo que la tala de árboles en Indonesia, Malasia y Brasil convirtió a esos países en los principales productores de gases de efecto invernadero. Está también el impacto sobre la cantidad y el precio de los alimentos, debido al desplazamiento de cultivos hacia los que se pueden utilizar para producir biocombustibles.
Esta semana, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) llamó a reducir urgentemente los subsidios a los biocombustibles. Un directivo de la entidad indicó que la medida más urgente para frenar el alza espectacular de los precios de las materias primas agrícolas es una reducción drástica de los subsidios a los biocombustibles.
Según la OCDE, los precios agrícolas, sobre todo los cereales, permanecerán elevados durante al menos 10 años, y el desarrollo de los biocombustibles representa un tercio del alza de precios.
Otros países relativizan esa opinión. Brasil, segundo productor mundial de etanol detrás de Estados Unidos, niega que su producción -extraída de la caña de azúcar y fabricada sin subsidios-esté ligada a la carestía de los alimentos. Estados Unidos, que fabrica etanol a partir del maíz, sostiene que el alza de las materias primas agrícolas está vinculada sobre todo a la disparada de los precios del petróleo.
La Comisión Europea apoya la ampliación de cultivos para la producción de biocombustibles (en particular, biodiésel extraído de plantas oleaginosas) y desea que 10% del transporte europeo dependa de éstos en 2020.
Según Martín Prieto, director ejecutivo de Greenpeace, «los alimentos básicos aumentaron 83% -en esa canasta se encuentran el arroz, el maíz y el trigo-, y entre las razones del aumento está el auge de los biocombustibles, que desvían el destino de esos granos para mover los autos, camiones y micros del Primer Mundo».
Por su parte, el economista Jorge Schvarzer, citado por Greenpeace, indicó que «la Argentina produce 746.156 metros cúbicos por año de biodiésel (a base de soja), y muy pronto, cuando se terminen de construir plantas que ya están en marcha, multiplicará por cinco o seis ese número». Añadió que «en 2007 el país exportó por más de u$s 268 millones», y que «el secreto de la avalancha de inversiones es la ley que alienta el uso del biocombustible, acompañado de una promoción económica importante: mientras la exportación del poroto de soja o el aceite tiene retenciones crecientes, el biodiésel sólo paga 20% y todavía recibe un reintegro de 2,5%».
De esta manera, las distintas formas de generar energía resultarían contaminantes: la energía nuclear, por los desechos cuando la planta termina su vida útil; el carbón, el petróleo y el gas, por las emisiones de gases efecto invernadero; los biocombustibles, por la destrucción de bosques. Greenpeace, incluso, cuestiona la instalación de algunas represas hidroeléctricas por su impacto sobre el hábitat natural.
En el caso del petróleo, el gas y los biocombustibles se suma además el encarecimiento de precios que pueden llevar a una fuerte recesión mundial y a la hambruna de los sectores más vulnerables de la población.
Por último, las llamadas energías renovables, como la eólica y la solar, pueden utilizarse como apoyo, pero no como base de suministro energético.
Algunos expertos creen que la salida es utilizar un mix de cada alternativa, poniendo el freno en los biocombustibles, y buscando nuevas tecnologías para evitar las emisiones contaminantes. También opinan que la sociedad tendrá que poner un límite al consumo energético, si se quiere buscar soluciones más profundas.



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