La propuesta que había empezado a analizar el gobierno para salir del congelamiento de depósitos, y que mencionó Rodríguez Saá en su discurso de renuncia, constaba de dos ejes principales, según se trate de colocaciones en bancos extranjeros o nacionales. Recién el fin de semana había empezado a tomar cuerpo y su análisis era incipiente.
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A los ahorristas de las entidades nacionales se les pensaba devolver sus depósitos con cuotapartes de un fideicomiso conformado por los mejores créditos en cartera de los propios bancos. Es decir, las cuotapartes del fideicomiso quedaban garantizadas por los «acreedores de lujo» de los bancos, aquellos con mejores condiciones de repago o que habían presentado garantías hipotecarias de fácil ejecución. Si estas garantías no alcanzaban, se pensó en emitir un bono a 10 años por alrededor de $ 5.000 millones de dólares con garantía del Estado nacional. Esas cuotapartes tendrían una cotización a la cual podrían venderlas los ahorristas, sin por ello, soportar quitas significativas.
A su vez, en la propuesta se intentaba negociar con los organismos internacionales una ayuda contingente de 8.000 a 10.000 millones de dólares para asistir una eventual corrida en las entidades nacionales. Se calcula que las colocaciones de los ahorristas en la banca pública hoy suman alrededor de $ 20.000 millones a lo que deben sumarse otros $ 10.000 millones de los bancos privados nacionales. Con estos tres instrumentos antes mencionados se pensaba enfrentar el descongelamiento de depósitos en la banca nacional.
Para las entidades extranjeras, en cambio, el tratamiento iba a ser absolutamente diferente. Directamente, se les iba a trasladar la responsabilidad de devolver con fondos propios, de sus casas matrices en el exterior, los depósitos de sus clientes. Aunque a primera vista podría suponerse que este trato discriminatorio podría generar un fuerte rechazo de parte de la banca extranjera, la realidad parece ser diferente. Funcionarios del gobierno de Rodríguez Saá manejaban la información de que varios bancos extranjeros estaban analizando la posibilidad de romper con el congelamiento de depósitos, haciendo frente a los retiros con fondos propios traídos del exterior.
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