La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, sabrá este domingo 8 de febrero si su apuesta de llamar a elecciones anticipadas con apenas tres meses de mandato habrá dado resultados. Ese día no solo conocerá si efectivamente recibió el respaldo de los votantes, que parece ser el caso según las últimas encuestas, sino por algo quizás aún más importante para una economía tan endeudada como la japonesa: si el mercado confía en que podrá llevar a cabo las reformas económicas de su plataforma política.
Elecciones en Japón: por qué el resultado es clave para el yen, las acciones del Nikkei y también para la deuda global
Los comicios del próximo domingo tienen a la primera ministra nipona como gran candidata. Sus propuestas implicarían un cambio cualitativo en la economía japonesa, en un contexto en que el Banco de Japón busca seguir subiendo las tasas. Sin embargo, se trata de un camino que no está exento de riesgos.
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La economía japonesa es una de las más endeudas del mundo.
El economista de Portfolio Personal Inversores (PPI), Martín Cordeviola, explicó a Ámbito que el liderazgo de Takaichi "llega con un nivel de apoyo inusualmente alto para estándares japoneses y podría permitir al Partido Liberal Democrático (PLD) ampliar su mayoría".
Afirmó que "ese escenario refuerza la percepción de que avanzará con una política fiscal que muchos inversores consideran difícil de sostener, algo que ya tuvo correlato en la dinámica del yen y en los rendimientos de los JGB (bonos del gobierno japonés)".
La comparación con Reino Unido
Por ese motivo, tanto la prensa japonesa como la angloparlante advirtieron que el país del sol naciente corre el riesgo de repetir el "momento Liz Truss", cuando los planes de gasto sin financiación de la primera ministra británica en 2022 sumieron al Reino Unido en una crisis fiscal, algo que la propia Takaichi negó que vaya a provocar en Japón, aunque eso no evitó que hubiera ventas masivas en los bonos a finales del mes pasado, lo que rápidamente migró al resto de los mercados globales.
El economista líder de Japón de Oxford Economics, Norihiro Yamaguchi, explicó a Ámbito que "la situación general es un poco diferente" entre ambos países: "Por ejemplo, aunque el PLD de Japón mencionó que 'trabajaría' en la reducción del impuesto al consumo en sus promesas electorales, en realidad no prometió recortes fiscales inmediatos. Dado el proceso, se necesitarán al menos dos años de deliberaciones antes de que se aplique la reducción fiscal, o puede que acabe descartándose".
Aunque sí reconoció un elemento similar: "la inestabilidad estructural del mercado de bonos del Estado a muy largo plazo". En el caso del Reino Unido, explicó que "la reversión de las inversiones apalancadas de los fondos de pensiones provocó turbulencias". En el caso de Japón, "el problema es el descenso estructural de la demanda de bonos a muy largo plazo por parte de las aseguradoras de vida".
Las preocupaciones sobre una crisis fiscal se ven amplificadas por el tamaño colosal de la deuda japonesa. Según Capital Economics, la deuda pública bruta nipona excedió el 200% del PBI durante los últimos 15 años, mientras que la deuda pública neta ha sido muy superior al 100% durante ese mismo período. A modo de referencia, en Argentina el stock de deuda bruta rondó el 70% del Producto Bruto Interno.
De todas maneras, desde el think tank afirmaron en uno de sus últimos informes que "incluso teniendo en cuenta los recortes fiscales propuestos por Takaichi, la deuda pública neta podría reducirse hasta situarse en torno al 100% del PBI a finales del próximo año".
¿Japón va hacia la "normalidad"?
Por su parte, desde el Grupo ING afirmaron que "los cambios estructurales en la economía deberían impulsar el aumento de los rendimientos de los JGB", lo cual consideran que es parte de "un camino hacia una economía normal".
Sin embargo, reconocieron que ese "retorno a la normalidad" tras muchos años de deflación y estancamiento económico implica "mayores expectativas de inflación, menor control del banco central sobre los mercados de JGB, mayor volatilidad y más ajustes de los rendimientos".
Por ese motivo, afirmaron que "si bien la sostenibilidad fiscal puede contribuir a un aumento de los rendimientos, la normalización económica desempeña un papel más importante en el alza de los rendimientos" de los bonos. Como consecuencia, estimaron que las tasas de los JGB alcancen el 3% a finales de 2027.
A una conclusión similar llegaron desde Capital Economics: "Los movimientos en los mercados de bonos parecen reflejar en gran medida una visión de que la economía japonesa se está 'reinflacionando', en lugar de enfrentar una crisis fiscal".
El rol del Banco de Japón
El día siguiente de las elecciones, las miradas se posarán sobre el Banco de Japón (BoJ). En diálogo con este medio, el economista jefe de Asia y el Pacífico de Capital Economics, Marcel Thieliant, afirmó que "el Gobierno no ha hecho ningún esfuerzo por influir en las decisiones del BoJ desde que Takaichi llegó al poder, ni siquiera en la reunión de diciembre, en la que el Banco subió los tipos de interés oficiales en 25 puntos básicos". Y agregó: "No veo por qué un mandato más fuerte para Takaichi cambiaría eso".
Por su parte, Yamaguchi espera que el BoJ "suba su tipo de interés oficial al 1,5 % para 2027, con subidas cada seis meses: en junio y diciembre de 2026 y en junio de 2027". Además, remarcó que "tanto el Gobierno como el Banco de Japón están de acuerdo en la necesidad de evitar la depreciación del yen".
Para el Banco de Japón, "una debilidad excesiva del yen implica una inflación que supera persistentemente su objetivo", mientras que para el gobierno japonés "significa una disminución del poder adquisitivo real de los consumidores, es decir, de los votantes. "Es probable que la administración Takaichi tolere las subidas de los tipos de interés siempre que su ritmo sea gradual", agregó a este medio.
En consonancia, Cordeviola, opinó: "No veo al BoJ cambiando su posición por 'presión política', pero sí en la medida en que aumente la volatilidad en el yen y en los bonos largos. Ya demostró estar dispuesto a intervenir en esos casos. Esto implica que la reducción de la hoja de balance podría avanzar a un ritmo más lento".
Los escenarios posibles y el peligro de un "triple rojo"
En su análisis de la situación, Morgan Stanley evaluó tres escenarios posibles luego de las elecciones. Por un lado, bajo una "normalización ordenada", el BoJ "sube los tipos como se esperaba, reduciendo la diferencia con las tasas estadounidenses, mientras que el yen se aprecia". A su vez, "las acciones se enfrentan a vientos en contra debido al fortalecimiento del yen, pero evitan las ventas por aversión al riesgo".
Por el otro, el escenario de "reflación fiscal" supone una expansión fiscal con un aumento de los rendimientos de los JGB, "especialmente en el extremo largo, ya que los inversores exigen una prima de plazo más alta por el aumento de la emisión".
A su vez, las acciones del Nikkei 225 "repuntan gracias al impulso del crecimiento nominal y al optimismo sobre la reflación" mientras que el BoJ "sigue subiendo los tipos, pero con cautela" y el yen cotiza "dentro de un rango limitado, ya que el aumento de los tipos compensa las preocupaciones fiscales".
El último escenario es el más negativo, ya que en el escenario de "tensión de credibilidad", la presión política evita que el Banco de Japón aplique su política de suba de tasas. Como consecuencia, "los mercados pierden confianza en el control de la inflación y el yen se desploma", mientras que los "rendimientos aumentan considerablemente, con pérdidas concentradas en el extremo largo, ya que los inversores exigen una mayor compensación por el riesgo fiscal y de inflación".
Y agregaron: "Las acciones caen, ya que predomina el comportamiento de aversión al riesgo en los mercados; la debilidad del yen no ayuda, porque el factor determinante es la pérdida de credibilidad, no la devaluación competitiva. El resultado es un 'triple rojo': los bonos del Estado japonés, el yen y las acciones caen al unísono".
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