3ra generación y empresa familiar: 4 modos de fundirla pronto

Economía

“La primera generación la funda, la segunda la expande, la tercera la funde”. A pesar de ser casi trillada, no podemos dejar de mencionar esta definición sobre las empresas de familia y las generaciones. Porque las estadísticas la respaldan (o al menos la respaldaban antes de que se difundiera la consultoría en empresas familiares): de los fundadores a la segunda generación (en general hijos, y hermanos entre sí), la tasa de supervivencia de las empresas familiares es baja, pero al menos su porcentaje alcanza los dos dígitos. Sin embargo, en el pasaje a la tercera camada, cuando son los nietos quienes se harán cargo, es decir, cuando la empresa queda a cargo de quienes suelen ser primos entre sí, los casos exitosos son ínfimos. Acá en la Argentina, y en todo el mundo.

Veremos entonces los cuatro desastres que suelen estar detrás de esta alta tasa de fracasos. Desastres que, como se trata de errores propios, optamos por llamarlos “Tiros en los pies”.

Tiro en el pie #1:

Empleo asegurado

Los hijos de los fundadores suelen ser obligados por sus padres a unirse a la empresa, les interese o no. Porque en los inicios heroicos hace falta gente con fuerza, porque hace falta gente de confianza, porque contratar gente externa al principio suele ser inalcanzable. Esta ley no escrita, cuando pasa el tiempo y esos hijos crecen para convertirse en padres o madres, suele generar la reacción contraria. A sus propios hijos, la segunda generación les da libertad absoluta. Y como hay más plata se pueden bancar vocaciones artísticas, o viajes, o formas de vida muy desahogadas. Pero si esas nietas y nietos no pueden prosperar en sus caminos individuales, el mensaje implícito (o muchas veces explícito) es que siempre en la firma familiar habrá un puesto para ellos. ¿Estudió saxo? Va a selección de personal. ¿Le fue mal con una tienda de ropa? En producción lo esperan. Y no en lugares subalternos, sino en general con gente a cargo, presupuestos, y muchas decisiones a tomar.

Tiro en el pie #2:

Más lechones que tetas

Las familias suelen multiplicar sus integrantes a mayor ritmo que las empresas expanden su facturación. Así, mientras están sólo los hijos de los fundadores, la cosa va creciendo acompasada, pero luego suele haber una progresión geométrica. Así, los nietos a su vez crecen y procrean, pero el organigrama no soporta tanto. Si se lo recarga hasta el infinito, el final se acerca.

Tiro en el pie #3:

Una rama, un área

Otra cuestión típica es que cada linaje de la familia continúa en la misma área de gestión. Así, si el hijo del medio del fundador está en marketing, sus hijas e hijos también reinarán ahí. Pero de este modo, la tercera generación carece de una visión más general de la organización. Y los problemas entre departamentos suelen ser más guerras entre primos que conflictos gerenciales reales.

Tiro en el pie #4:

No rendir cuentas

Que alguien sugiera un sistema de rendición de cuentas en una empresa de familia puede verse casi como un insulto a la memoria de los ancestros. ¿Cómo vamos a estar contándonos las costillas entre familiares? Sin embargo, de este prejuicio surgen los peores vicios de malgasto, desorden, rivalidades sin comparaciones confiables y peleas entre áreas. No hay relación entre primos-gerentes que pueda aguantar esto.

¿Acaso hemos hecho la crónica de una muerte anunciada? Creemos que no. Porque conocer a tiempo estos riesgos nos permite prevenirlos, y tomar además las acciones necesarias para lograr empresas sólidas y duraderas, capaces de perdurar a lo largo de las generaciones.

(*) Director de CAPS Consultores

(www.caps.com.ar); director del Programa de Empresas Familiares de Universidad Torcuato Di Tella.

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