Las distribuidoras de gas no reciben subsidios oficiales; en lo que gasta el Estado es en subsidiar a los consumidores, a quienes les vende mucho más barato el fluido de lo que le paga -por casoa Bolivia. De aplicarse una suba sólo al consumo domiciliario e industrial, no estarían alentando las inversiones en exploración, porque las petroleras seguirían cobrando u$s 2 el BTU de gas en boca de pozo.
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Ayer las tres grandes distribuidoras, Camuzzi, Gas Natural BAN y MetroGas se llamaron al más estricto silencio, pero fuentes cercanas a esas empresas admitieron que esperaban un anuncio de ajuste tarifario simultáneo con las eléctricas-. Un cortante «eso es una suposición suya» dicho por el ministro Julio De Vido ante la pregunta de un periodista cayó como un baldazo de agua fría en las oficinas de estas tres empresas.
Quizá sea, justamente, un tema de frío: el gobierno esperaría algún mes más para subir el gas para que se note menos, o sea cuando las suaves temperaturas primaverales hagan innecesario el uso de calefactores y acondicionadores de aire frío/calor. El gas, además, es más caro que la luz: la factura mínima del primero es de $ 16 por bimestre, mientrasque la de electricidad sigue «clavada-» en $ 12, aun después del anuncio del miércoles. Los consumidores de Camuzzi -que abastece el sur argentino-tienen «ayudas» adicionales del gobierno para compensar el mayor consumo que imponen los fríos de la región.
Según la versión, el aumento alcanzaría entonces a los que consuman más de 500 m3 anuales, y que hoy pagan unos $ 25 mensuales. O sea, 75% de lo que cuesta una de las dos garrafas que gasta una familia de modestos recursos sólo para cocinar y para calentar su hogar. No parece que el gobierno vaya a tener demasiados problemas en comunicar esta suba.
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