El Banco Central Europeo ayer mantuvo, por sexta vez consecutiva, su tasa de referencia en 4%. Vale la pena recordar que la Fed en sus tres últimas reuniones, la disminuyó en 100 puntos básicos; llevándola de 5,25% a su nivel actual de 4.25%. Hecha esta aclaración, se ve -sucintamente- cuál es el actual diagnóstico del BCE respecto al estado actual de la economía de la Euroárea. En lo que hace al nivel de precios, es claro que se presentan riesgos crecientes; la mejor prueba de ello es que el estimado de la inflación interanual a diciembre último es de 3.1%, el mayor registro de los últimos siete años y ubicado muy por encima del valor máximo de 2% fijado como objetivo por la autoridad monetaria. Las causas fundamentales de estas crecientes presiones son bien conocidas: incremento en los precios del petróleo y de los alimentos, pedidos excesivos de aumentos de salario y, finalmente, una fuerte expansión monetaria y crediticia.
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Respecto al crecimiento, si bien los fundamentos permanecen sólidos, no es menos cierto que aún persiste un elevado grado de incertidumbre acerca de cuál será el impacto final de la crisis de crédito («credit crunch») sobre el nivel de actividad económica. Por ahora la autoridad monetaria ya pronostica un crecimiento de sólo 2% para 2008 versus uno de 2,6% para 2007... A este respecto, debe aclararse que los últimos indicadores no son positivos; en efecto: las ventas minoristas, la producción industrial y los niveles de confianza han sufrido variaciones negativas.
El diagnóstico es claro: por un lado riesgos crecientes de inflación y, por el otro, niveles de crecimiento con claros síntomas de desaceleración. Como ya se ha dicho anteriormente, la magnitud de esta última se halla sujeta a la falta de certeza respecto al impacto final de la crisis crediticia. Si no fuera por esta falta de certidumbre, y dada la prioridad de la inflación versus el crecimiento que fijan los estatutos del BCE, no habría duda que la autoridad monetaria hubiera procedido a un aumento de su tasa de referencia. Para corroborar esta afirmación basta mencionar que en la introducción del comunicado oficial se menciona, expresamente, que -de acuerdo a su mandato- la mayor prioridad de la política del BCE «...es mantener bajo control el nivel de inflación actual y sus correspondientes expectativas de mediano plazo». A este respecto, también se indica que el banco monitoreará de cerca el desarrollo de las variables económicas y actuará en consecuencia... pero siempre teniendo presente su objetivo prioritario de controlar la inflación.
Presiones
Si tal como se pronostica, las presiones inflacionarias comenzarán a ceder en el segundo semestre, entonces es altamente probable que a partir de allí comience un suave período de baja; ubicándose la tasa -hacia fines de año- dentro del rango de 3.75% / 3.50%. De darse el escenario inverso, esto es presiones inflacionarias «in crescendo», es posible que el BCE mantenga o, incluso, suba el actual nivel de 4% dependiendo esto, lógicamente, de la intensidad de las presiones en cuestión. Un párrafo final respecto a la diferente política de la Fed respecto a la del BCE. Ante igual diagnóstico, esto es inflación creciente y nivel de actividad desacelerándose; ayer su presidente -Ben Bernanke- declaró: «Estamos preparados para tomar las medidas que sean necesarias para reactivar la economía». Dicho de otro modo, la autoridad monetaria de EE.UU. -en su disyuntiva de inflación versus crecimiento- claramente se vuelca hacia este último. En consecuencia es altamente probable que, en su próxima reunión del 30 de enero, reduzca entre 25 y 50 puntos básicos el nivel de su tasa de referencia, ubicado actualmente en 4.25%.
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