El trigo es uno de los productos más importantes de la economía argentina ya que, no sólo es un insumo muy necesario para diversas industrias y productores del sector alimenticio sino que conforma alrededor del 50% de las toneladas de cereales exportados por el país (representando los cereales aproximadamente el 10% de las exportaciones de Argentina). Aproximadamente el 70% de la producción de trigo se destina a exportaciones. Es por ello que la suba sostenida de precios internacionales de trigo en los últimos meses (20 % in 2001) es un dato de suma relevancia para muchos actores de la economía argentina. Actualmente, los precios en Chicago registran los niveles más altos desde fines del primer trimestre de 1999 (a US$ 2.9775 el bushel la Bolsa de Chicago al 9 de enero de 2002).
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Esta escalada de precios ha sido alimentada no sólo por la reducción del área sembrada en los Estados Unidos, sino también por un retraso en la exportaciones desde Argentina, que se ubica como el cuarto exportador a nivel mundial. En este sentido, la crisis económica y las complicaciones generadas por los feriados cambiarios y restricciones en el mercado financiero de las últimas semanas en Argentina sumadas a las expectativas de continuidad de las dificultades en la operatoria de comercio exterior en Argentina incentiva a los exportadores a modificar sus stocks, reteniendo producción a la espera de mejores condiciones económicas.
En el contexto productivo, el incremento en los precios internacionales del trigo ha derivado en una serie de especulaciones, subas de precio y problemas de aprovisionamiento de harina de trigo en el mercado local ( con efecto inmediato en panaderías y pequeños productores). Esto ha generado incertidumbres respecto al impacto futuro en los márgenes de compañías en las que la harina de trigo representa un componente importante de sus costos -tales como productores de productos panificados industriales, galletitas, fideos y panaderías- y en el potencial traslado a precios finales al consumidor.
Actualmente, las empresas del sector de alimentos se encuentran analizando el impacto de la devaluación y de la suba de precios de trigo en sus costos y en la cadena de distribución. El traslado a precios del incremento de costos de harina y/o de otros insumos en general por parte de las empresas productoras de alimentos dependerá en de las condiciones particulares de cada compañía (por ejemplo de si las mismas exportan parte de su producción o de si poseen una adecuada flexibilidad financiera y de capital de trabajo) y de la evolución de las expectativas de mercado y condiciones macroeconómicas en general. Sin embargo, en principio el compromiso de una gran parte de las grandes cadenas de supermercados, que concentran 42% de las ventas de alimentos, a no remarcar precios harían en cierta forma de barrera de contención para el traslado a precios finales de los mayores costos de productores de alimentos. Adicionalmente, los molinos harineros y la Cámara de Panaderos habrían acordado una contención en la suba de los precios de la harina limitando el incremento a alrededor del 10% (nivel considerablemente menor a las subas requeridas por los molinos en los últimos días de entre el 30% y 50%).
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