Diálogos de Wall Street

Economía

Janet Yellen pasó por el Senado, y defendió el plan Biden. Gordon Gekko nos explica la lógica detrás del llamado a actuar "a lo grande".

Periodista: Tarde pero seguro, Janet Yellen dio su testimonio en el Senado. Es una figura clave en la Administración Biden-Harris…

Gordon Gekko: Quedó claro quién es el cerebro detrás del paquete económico de 1,9 billones de dólares que anunció el presidente electo.

P.: Primero Biden lanzó el plan. Y ahora Yellen trajo la explicación. Es un trabajo de equipo. ¿Cree que será confirmada por el Senado?

G.G.: Biden asume hoy y no tiene todavía a ninguno de sus ministros confirmados. Es inédito. En esta transición todo puede pasar. Sin embargo, no hay razones para esperar un cuestionamiento serio a Yellen, sí a varias de las medidas que impulsa. Pero hay que separar la paja del trigo.

P.: ¿Y cómo es eso?

G.G.: Yellen tendrá el okey. Al paquete fiscal habrá que desmenuzarlo y discutirlo mucho más para que el grueso de sus propuestas consiga su pasaje por el Congreso.

P.: Yellen ganó millones de dólares después de conducir la Fed dando conferencias pagas por las grandes firmas de Wall Street. Ahora promete regularlas. ¿No cree que esos antecedentes le causarán un problema?

G.G.: Las críticas que escuchamos provinieron del propio partido demócrata, del ala más beligerante. Es buen material para una chicana, pero la información es pública, transparente. Y la gestión de Yellen en su paso por la Fed es su mejor credencial de probidad. La sanción a Wells Fargo, por ejemplo. Será una anécdota a lo sumo. No un impedimento.

P.: Yellen dijo que hay que actuar a lo grande, y vaya que el estímulo es enorme. “Hay que gastar ahora y preocuparse por pagar la deuda después”. ¿Es que no hay límites? ¿Hemos removido la ley de la gravedad?

G.G.: No todo es posible, desde ya. Yellen lo sabe bien. La crisis de Lehman no se la contaron, la vivió en la trinchera.

P.: ¿Y entonces?

G.G.: No se entiende la postura que adopta si no se conoce su propia experiencia. Fue Yellen quién le corrió los límites a la política monetaria. Ella fue la que convenció a la Junta de Gobernadores de la Fed de ir más allá de la definición convencional de pleno empleo. Su bagaje profesional es muy amplio – y nadie sabía de economía laboral más que ella en el banco central – y logró que la relajación monetaria se mantuviera cuando en el pasado, por cuestiones de prudencia, se hubiera levantado el pie del acelerador. Y acertó: la economía se expandió más, bajó la tasa de desempleo, sobre todo en los grupos más vulnerables, y no hubo inflación. Corolario: la Fed revisó su enfoque de política monetaria el año pasado en línea con la tesis de Yellen.

P.: Powell hace la política monetaria de Yellen. Y ahora Yellen desembarca en el Tesoro con la misma lógica. Dinero fácil, política fiscal más laxa todavía. Y que pague el que sigue.

G.G.: Sé que no suena muy bien. Pero, exactamente esa es la idea. Está basada también en la experiencia pos-Lehman. La crítica que se formularon los hacedores de política es que restringieron el estímulo demasiado pronto, y ello le quitó potencia a la recuperación. No la arruinó pero la empastó sin necesidad. ¿Se acuerda del debate sobre el estancamiento secular? No se quiere repetir ese pantano. Y quizás sea una exageración pero también hay quien echa las culpas de la irrupción del brexit o el triunfo de Trump, ambos en 2016, a las consecuencias políticas del celo prudencial excesivo.

P.: Vamos a estimular a lo grande. Clarísimo. Pero si se comete una equivocación también será grande. El 92% de los administradores de cartera globales cree que la inflación subirá en los próximos 12 meses. Y todavía no lo ha hecho. ¿Qué van a pensar cuando la inflación efectivamente comience a elevarse? ¿No se está resucitando al monstruo?

G.G.: Una alternativa que estuvo sobre la mesa fue subir la meta de inflación a 3% (y hasta 4%). No se la desechó por temeraria sino porque su intención podía malinterpretarse. La Fed quiere una inflación promedio de 2% que hace diez años no logra. Quiere una nominalidad más alta para poder hacer luego una política monetaria convencional. La buena noticia es que los mercados empiezan a creer que será alcanzable. Si las expectativas de inflación de largo plazo se mantienen estables se saldrá con la suya, y con una expansión real muy fuerte. Si pierden el anclaje, más vale que antes Powell-Yellen hayan bajado un cambio.

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