Diálogos de Wall Street

Economía

Eramos pocos y apareció Evergrande. ¿Qué tan peligroso es este nuevo virus chino que aflora en el mercado de deuda? Gekko responde.

Periodista: ¿Cuán grande es Evergrande?

Gordon Gekko: Es grande (y el agujero también lo es) pero, como se aprecia, o mejor dicho, se deprecia, el nombre es mentiroso.

P.: Si se derrumba, ¿puede hundir el sistema financiero chino? ¿O a toda China? ¿Es otro Lehman? ¿O es un Long Term Capital? Una distinción que se escucha mucho y se expresa con un dejo de alivio.

G.G.: La diferencia principal entre las crisis de Lehman y Long Term Capital fue la actitud del prestamista de última instancia. La situación del fondo en 1998 era mucho más grave que la de Lehman, apta por si sola para gatillar la muerte súbita del sistema, y por eso la Fed procedió a su rescate sin dudar un instante. Y constituyó una sorpresa absoluta. Creo que una mejor comparación sería con AIG, la compañía de seguros.

P.: Pero no hubo crisis de AIG. Se cayó Lehman y después no se dejó que sucumbiera AIG.

G.G.: Es que hubiera sido “game over”. Llevó 24 horas darse cuenta. Y no se dejó que sucediera a pesar del hartazgo por los salvamentos, que fue la razón por la que Lehman quedó librada a su suerte.

P.: A ver si lo entiendo. La agencia calificadora S&P señala que no cree que China rescate a Evergrande. Xi Jinping y su política de Prosperidad Compartida cambiaron el enfoque tradicional de la política financiera. No suena la alarma oficial de una crisis sistémica. Irónicamente, que su desventura parezca manejable, como pasó con Lehman, es el peligro.

G.G.: El tamaño no es lo único que importa. Ni lo más relevante.

P.: ¿No lo es?

G.G.: ¿Qué tan grande era el mercado de hipotecas de baja calidad, subprime, en los EE.UU.?

P.: Pequeño...

G.G.: Y la crisis fue enorme.

P.: Fue la chispa original del temporal que se llevó puesto a Lehman.

G.G.: ¿Qué tan grande es una paloma? ¿Qué tan agresiva? Pero una paloma en una turbina es capaz de derribar un avión de pasajeros en vuelo. Un gran desastre puede tener una causa trivial.

P.: Evergrande no parece una institución sistémica pero tampoco trivial...

G.G.: Es un elefante blanco. Se lo ve venir de lejos. Hace diez años que sonó la primera alerta. La acción se derrite desde 2017 sin solución de continuidad. Y los excesos inmobiliarios en China han sido una fuente constante de crisis reales o en potencia en el sistema financiero pero nunca se cortó la digestión.

P.: Los reguladores tienen otra actitud en China. Ajustaron las clavijas del crédito. Y no están corriendo en socorro de Evergrande.

G.G.: Son las nuevas reglas de juego.

P.: ¿Habrá default? La compañía debe más de 300 mil millones de dólares.

G.G.: A los bancos no se les pagó el lunes. Y el jueves vence un bono en el mercado que rinde ahora más de 500%. Informativo. La idea oficial es que todo el mundo tome nota, y que aprenda.

P.: ¿Se dejará que caiga y se blindará el resto del sistema?

G.G.: Nos meteremos en una nebulosa. Lo más parecido podría ser la reestructuración de Huarong Asset Management que recién se terminó de aclarar en agosto después de meses de incertidumbre. El presidente, acusado de sobornos (y bigamia), detenido desde 2018, fue ejecutado antes, en enero. Finalmente, un conjunto de compañías estatales se hizo cargo. Todo muy azaroso. Huarong era una firma estatal creada en 1997 para absorber la cartera “mala” del Banco Industrial y Comercial. La saga continúa…

P.: ¿Cuán pendiente estará el mundo de las desgracias de Evergrande? Hasta la semana, poco y nada. Hoy parece vital. ¿Durará esa obsesión?

G.G.: ¿Se acuerda de la ballena del Nasdaq? ¿Greensill? ¿La caída fulminante de Archegos? Evergrande tiene más envergadura, lejos, pero es la crónica de una muerte anunciada. El peligro en todos los casos es lo que no se ve, lo que está por debajo de la superficie. Navegamos siempre con una visibilidad restringida.

P.: Y eso no cohíbe demasiado. Viajamos de record en record.

G.G.: Si uno se guía por los altibajos de las tasas largas, la reunión de la Fed es hoy la principal usina de escozor.

P.: ¿Bastará una palabra de Powell para sanar la ansiedad?

G.G.: Un Powell más asertivo, paradójicamente, podrá apuntalar la confianza. Nos dirá que no hay razones para preocuparse demasiado.

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