Periodista: Llegó la hora del taper. Y nadie está nervioso. ¿Raro, no?
Diálogos de Wall Street
Se viene el taper, y nadie se asusta. ¿Qué es lo que pasa, Gekko?
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Gordon Gekko: Es que la Bolsa le ganó de mano. Con la temporada de balances, llegó primero la hora de una nueva tanda de récords.
P.: Bien podrían hacer una pausa. ¿Cree que desensillarán a ver qué pasa?
G.G.: No. El rally continúa. El Russell 2000 que es la canasta de compañías pequeñas, era el último de los mohicanos, estaba en el congelador desde marzo, y el lunes se soltó de sus ataduras. Es una ofensiva completa, participan todos a cartón lleno. Y el taper ayuda, no perjudica.
P.: ¿Le parece?
G.G.: Los mercados se llevaron puesto al Banco de la Reserva de Australia porque les pareció que se durmió al timón. No hacer nada cuando las expectativas se revierten puede ser un problema serio.
P.: No lo dudo. Pero tampoco se los puede seguir a pie juntillas. Son demasiado volátiles, y la política monetaria mudaría como una veleta. Lejos de marcar un rumbo, multiplicaría la incertidumbre.
G.G.: La comunicación de los bancos centrales entró en cortocircuito. En Australia, las autoridades tuvieron que abandonar la estrategia de control de la curva de rendimientos porque no resultó creíble, de buenas a primeras. Con el taper la Fed se asegura de conservar una buena sintonía.
P.: Powell eligió el momento oportuno, pero esto recién empieza. ¿Cómo saber que no se complicará luego?
G.G.: No se sabe. No a ciencia cierta.
P.: El gobernador australiano, Philip Lowe, piensa que los mercados sobrerreaccionaron a las cifras recientes de inflación. ¿No le puede pasar lo mismo a la Fed?
G.G.: Nadie está a salvo. Nos acostumbramos a creer que el forward guidance -la orientación que da el banco central sobre sus políticas- era infalible. Algo así como que dónde se pone la mira se pone la bala. Pero puede fallar.
P.: Y fallar olímpicamente. Dar marcha atrás tiene costos de credibilidad. La inflación es más alta, y persistente, que la que postulan los bancos centrales, y los mercados discuten esa visión.
G.G.: En general, están presionando por un retiro de los estímulos. Y si no piden una suba de tasas inmediata -algo que ya ocurrió en Noruega (y podría sumar una segunda dosis esta semana)- demandan una hoja de ruta que contenga precisiones, y una fecha de inicio cada vez más cercana.
P.: ¿Le cabe el sayo a la Fed?
G.G.: De momento, los mercados no lo apuran a Powell.
P.: Él tuvo el tino de acelerar el paso después de la demora que impuso en Jackson Hole. Y lo hizo bien. Nunca un presidente de la Fed fue tan explícito de antemano. Nos dio a entender hasta cuándo terminaría el taper, a mediados del año próximo. Pero, ¿qué pasará con las tasas de interés? La presión vendrá por allí, porque la Fed mantiene una gran ambigüedad sobre el asunto.
G.G.: En Australia, donde el banco central quedó en offside evidente, lo más que se concedió es que podría ser “apropiado” elevar las tasas a fines de 2023. Cada país es diferente desde ya, pero Australia y EE.UU. partieron desde el mismo punto: los brazos cruzados hasta 2024 (como mínimo). En ese sentido, los mercados descuentan un aumento de fed funds a julio de 2022, y eso es compatible con el “mapa de puntos” que nos mostró la Fed.
P.: No hay conflicto todavía, pero los mercados incorporan más subas de tasas que las que la Fed tiene en mente.
G.G.: Si el informe de empleo este viernes trae un número muy robusto esa brecha se hará mayor, pero no es nada que justifique una fricción.
P.: ¿Cuál es la idea de fondo? ¿Qué la inflación se les fue de las manos a los bancos centrales? ¿O es sólo una prevención?
G.G.: De golpe, las tasas largas entraron en cuarteles de invierno. Dejaron de concitar la atención. En EE.UU. la tasa de 20 años es más alta que la de 30 años. Y el Tesoro acaba de anunciar que colocará más de un billón de dólares de deuda este trimestre, lejos la cifra más voluminosa en registros a excepción de los tres meses álgidos de la pandemia.
P.: Colocará ese monto si el Congreso levanta el techo de la deuda pública.
G.G.: Así es. El mensaje es muy potente. La inflación a largo plazo no es problema. Las tasas largas no subirán demasiado (30 años rinde por debajo de 2%). Eso sí, la política monetaria tendrá que ser más restrictiva porque la inflación no será fugaz con tantos cuellos de botella vigentes, y exige mayor celo.
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