El tapering puede esperar; los récords, no

Economía

Ni que estuviera ensayado, los mercados reacomodaron las piezas del tablero, rápido y sin titubear sobre su certera ubicación. Las Bolsas, arriba. Las tasas largas y el dólar, prestos hacia abajo.

Jackson Hole es el lugar, pero este no es el momento. El tapering -la reducción de las compras de bonos que hace la Fed- seguirá en el tupper hasta nuevo aviso. No hubo, pues, “taper tantrum”, ningún berrinche, sino una bocanada de euforia. Ni que estuviera ensayado, los mercados reacomodaron las piezas del tablero, rápido y sin titubear sobre su certera ubicación. Las Bolsas, arriba. Las tasas largas y el dólar, prestos hacia abajo. Los activos de riesgo en alza. Las materias primas, ídem. El oro y el cobre, de manera significativa. Y para los diferenciales crediticios, una inmediata compresión. El S&P 500 y el Nasdaq estamparon máximos. Para el primero, es el récord 52 en lo que va de un año en que creció 20%. Y si la semana pasada los inversores cuestionaban cuánto tiempo más podría permanecer por encima de su promedio de 50 ruedas, o sin sufrir un resbalón de 5%, esta vez no hubo preguntas.

El tapering puede esperar. Jerome Powell, el titular de la Fed, no lleva prisa. Otros funcionarios, sí. Y lo asentaron en público los presidentes de distrito, Robert Kaplan, James Bullard, Raphael Bostic y la dueña de casa, Esther George (y siguen las firmas). El gobernador de la institución, Christopher Waller, el único de los citados que posee voz y voto en la toma de decisiones, habló después del jefe, y fue más allá. “Un robusto informe de empleo de agosto le dará la luz verde al tapering”, dijo. ¿Será que la iniciativa puede salir directo a la cancha tras la reunión del 21 y 22 de septiembre, sin el precalentamiento de Jackson Hole? La incógnita se podría despejar ya.

El reporte verá la luz el viernes, y se anticipa su vigor. Waller trazó una línea imaginaria sobre la arena: si se crean 850 mil puestos netos, o más, será la señal de largada. El consenso vaticina 750 mil. En junio (revisado) y julio se superaron los 900 mil. ¿Todo el alivio pende de la suerte de un solitario indicador, famoso por lo volátil? No. Powell manda, y fue preciso. La irrupción de la variante delta exige tomarse tiempo. Una decisión errada -como la reversión del estímulo demasiado pronto- podría ser “particularmente dañina”. Son dos los vectores que presionan en sentido contrario: la pandemia y la sólida recuperación laboral. Powell no está en contra de reducir las compras de bonos, no dilata la medida por capricho. Es más, por primera vez, confesó su posición personal: pertenece a la mayoría que aboga por comenzar antes que concluya 2021. El cirujano mayor comparte las razones de los impacientes, pero quiere una mejor asepsia. Prioriza la salud pública: no encenderá la luz verde para el tapering antes que se doblegue la oleada de la variante delta. ¿Y qué sabemos del particular? Que todavía avanza aunque en algunos estados -Missouri, Texas, quizás Florida- hay indicios de haber alcanzado una cresta. En el Reino Unido, el proceso se desplegó más rápido que en EE.UU., y ya entró en declinación (aunque un flamante rebote secundario siembra dudas). Tomando en cuenta esa experiencia, septiembre luce temprano para que Powell se decida. Convencido de tener la inflación subyacente bajo control, preferirá arrancar más tarde y no arriesgar un paso en falso.

¿Rebelión en ciernes? ¿Qué harán los “disidentes” que, a simple vista, son un regimiento?. De todos ellos, sin embargo, sólo tres votan en 2021. El vicepresidente Richard Clarida habló el viernes y no mencionó el tema. El que calla, otorga. Mary Daly, de la Fed de San Francisco, es flexible. Sólo queda Waller y su requisito de la prueba ácida laboral. La decisión de la Fed de septiembre no va a cambiar, pero Waller, si quiere, podrá votar en disidencia. ¿Y qué pasará en septiembre? Con el covid en presumible retirada, la agenda explicativa que no se pudo lanzar en Jackson Hole se desplegará entonces. Sería el penúltimo paso. La meneada reducción de la adquisición de bonos, en la práctica, comenzaría en noviembre o diciembre. Powell podría ser generoso y acortar la demora porque, como dijo Loretta Mester (Fed de Cleveland), una u otra fecha, no hacen diferencia. En rigor, el tapering , en sí mismo, tampoco. La liquidez sobrante del sistema supera el billón de dólares y se redeposita estéril en la propia Fed. Pero es un símbolo poderoso, capaz de somatizar con fiereza como lo insinuó la suba de las tasas largas que produjo toda esta vigilia, y obliga a una administración prudente que no provoque rechazo.

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