30 de mayo 2022 - 00:00

La Fed detrás de la inflación: ¿la alcanzará? ¿Y sin recesión?

Después de correr mucho a su zaga, el banco central puede decir que achicó distancias. Y lo consiguió en el trimestre en que Vladímir Putin pateó el tablero de la geopolítica y las sanciones a Rusia instalaron un nuevo shock global -no sólo petrolero- sino de la energía y los alimentos.

Jerome Powell.

Jerome Powell.

La inflación subió 0,2% en abril en EE.UU., y 0,3% su versión núcleo, según la vara preferida por la Fed. Después de correr mucho a su zaga, el banco central puede decir que achicó distancias. Y lo consiguió en el trimestre en que Vladímir Putin pateó el tablero de la geopolítica y las sanciones a Rusia instalaron un nuevo shock global -no sólo petrolero- sino de la energía y los alimentos.

La política monetaria flexible (y tardía) tensó su discurso recién en diciembre, y produjo la primera suba de tasas a mitad de marzo. Pero los mercados hicieron un gran ajuste anticipando -en algún momento- hasta once subas de tasas (de un cuarto de punto) para 2022. En el ínterin, Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero, y detonó un polvorín. El salto anualizado de los precios de marzo superó 11% según el deflactor del consumo (15% en el índice minorista). ¿Y cuál es el balance a esta altura? La medición que orienta a la Fed -un índice de Fisher que permite sustitución en la canasta de consumo conforme varían los precios relativos- promedia 0,5% mensual en el año. En línea con la inflación interanual de 6,3%. La buena noticia es que su mejor predictor -la mensura sin energía y alimentos- subió 0,3% al mes en febrero, marzo y abril. Una velocidad de crucero anual de 3,7% que le dice a la Fed que va por buen camino, e inclusive que puede descartar los movimientos más agresivos. Así lo hizo Jay Powell con la sugerida suba de tasas de tres cuartos de punto. ¿La inflación está controlada? No. Y menos que menos sin un reemplazo de la energía de Moscú. ¿Se ve una luz al final del túnel? Más bien, hay luz en el túnel. La Fed seguirá excavando. Lo dicen las minutas: allí se anotan sendos aumentos de tasa de medio punto en junio y en julio. Y el estreno de la poda de la cartera de bonos. Es que la meta de inflación es 2% y no rige sobre la canasta núcleo sino la cesta completa (que la triplica). ¿Qué cambia entonces? Que la Fed ya no precisa correrle el arco a los mercados, y ensanchárselo cada vez más, lo que supo causar zozobra.

Se miren los futuros de fed funds en Chicago, o la tasa de la nota del Tesoro a dos años, el mensaje es que la política monetaria se descomprimirá y no será tan cerril como cuando James Bullard llevaba la voz cantante. ¿Quizás haya una pausa en septiembre, y no suban las tasas? Lo probable es que la Fed rebaje la dosis a un cuarto de punto en las tres reuniones remanentes después de julio. Bullard sigue abogando por una tasa en 3,50% en diciembre. Los mercados piensan que 2,75% será suficiente (porque la inflación bajará el morro y la Fed querrá minimizar los riesgos de pasarse de rosca).

La data económica manda, y manda buenas nuevas. Ya se sabía del vigor de las ventas y de los problemas del comercio minorista. Allí -en el consumo privado- es donde aprieta la política monetaria (y donde se siente el mutis por el foro de la política fiscal), y allí se confirmó un andar robusto a pesar del ajuste. El consumo real en abril aumentó 0,7% (sobre el 0,5% de marzo). Si no creciera en mayo y junio, igual trepará 4,1% en el trimestre. El PBI delinea un crecimiento en torno a 3%. La Fed aprieta pero no juega al ahorcado. Con el alza de un punto en las tasas a julio pisará por fin el umbral del rango neutral. Dada la información disponible -la tensión (bien digerida) de las condiciones financieras, la merma de la inflación núcleo, el debilitamiento de los informes regionales, el pesimismo de los CEO y el lastre de los inventarios- se diría que será más sencillo, sin ser fácil, ensayar un aterrizaje suave de la economía real.

Wall Street cortó la racha de siete semanas en rojo con una suba poderosa: 6,6%. Permanece en una zona ambigua, aunque se adentró de nuevo en la plaza de toros. ¿Es un rally de mercado bear? A los osos les sobró todo menos la decisión de rematar a su presa cuando estaba exhausta. La disputa se resolvería en un santiamén si fluyera petróleo. No en vano el G7 insiste ante la OPEP para que abra más sus grifos. Pero no hay combustible ni voluntad (ni de hacer siquiera una falsa promesa). Y así, con la Fed ajustando deprisa un exceso de demanda, y a la par el mundo lidiando con un shock punzante de oferta de energía, se vivirá en la cornisa, pendientes de que nadie cometa un error y de que no se deprima demasiado el ánimo.

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