22 de marzo 2021 - 00:00

La Fed se guarda información (y los mercados van al frente)

Lo único que observa sin cambios es la tasa de fed funds. Es el mantra de Powell. Sin embargo, los mercados de futuros disienten y no se van a retractar.

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La Fed explicó qué se trae entre manos. Su última reunión, el miércoles, nos dejó un comunicado, proyecciones económicas flamantes para 2021-2024 (con los efectos del plan Biden incorporados), y una conferencia de prensa con Jerome Powell, su mandamás. Amén de un nuevo mapa de puntos, el que suele leerse como la hoja de ruta que el banco central tiene en mente para las tasas de interés (no lo es, pero no existe otra referencia mejor). ¿Cuál es el mensaje? La economía crecerá fuerte: 6,5% en 2021. Y se desacelerará a 3,3% el año próximo, todavía por encima del crecimiento potencial (1,8%). En paralelo, la inflación escalará desde 1,5% hasta 2,4%, y rebasará la meta. No obstante, en 2022 los precios menguarán su velocidad a 2% sin necesidad de intervención. La tasa de desempleo –6,2%- caerá en forma sostenida a 4,5% a fin de año, a 3,9% un año más tarde y a 3,5% en 2024. ¿Y cuál sería el sendero de política apropiado? Lo único que la Fed ve sin cambios es la tasa de fed funds. Es el mantra de Powell. Sin embargo, los mercados de futuros disienten y no se van a retractar. ¿Qué sugiere el mapa de puntos? No hay moros en la costa hasta fines de 2023. Recién allí surgen discrepancias internas. Si en diciembre existía una voz solitaria aconsejando un retoque de tasas, ahora son cuatro (sobre 17 opiniones). Para 2024 suman siete. Corolario: en el nuevo chip del banco central no hay urgencias. El enfoque preventivo de Greenspan es historia. La Fed quiere cerciorarse antes de actuar. Ansía una recuperación plena, que la inflación supere por fin la barrera de 2% (y no correrá a perseguirla porque regresará sola al corral), y que se reproduzcan los 10 millones de empleos que siguen faltando tras la pandemia. Estará atenta a las vicisitudes como siempre, y apagará los incendios si ocurren, pero se imagina cruzada de brazos. ¿Cuándo comenzará a abandonar la relajación? Cuando alcance sus objetivos de pleno empleo e inflación y compruebe que el trabajo está bien hecho y realmente concluido. Y no antes, dijo Powell.

El miércoles, los mercados celebraron, y Wall Street añadió una pila de récords. El jueves, sin embargo, tenían una segunda opinión. Y con las tasas de diez años trepando a 1,75% (y las de 30 a 2,50%), las acciones se precipitaron. El Nasdaq se hundió 3%. El viernes renació la calma. La tasa de diez años subió medio punto el último mes (y 80 puntos base en el año). La fortaleza de la Bolsa es admirable, avanza y se aferra a las altas cumbres. No obstante, si la suba de tasas largas no amaina, es un cántaro que va demasiado a la fuente, siete semanas consecutivas, y al final se romperá. Con semejante expansión fiscal, brotarán títulos del Tesoro por doquier, será la mayor cosecha en décadas, y hay que conseguir quien la levante. Powell lo sabe, pero todavía calla.

La Fed dio mucha información, pero no toda. La dosifica. No dijo nada, por ejemplo, sobre la exención de la regla de capital suplementario para la banca. Dejó pasar un par de días antes de avisar que expira en abril. ¿Qué harán las entidades? ¿Liquidarán más bonos del Tesoro? ¿Desalentarán la captación de depósitos? No van a recortar dividendos. El viernes, las acciones financieras arrastraron 200 puntos a la baja al Dow Jones. Powell calla sobre el “berrinche” de los bonos, y nos contó un futuro en cámara lenta. Deberá explayarse sobre ambos. El salto de las tasas largas sirve para quitarle euforia a los commodities por adelantado. EE.UU. recibirá una inyección de estímulo de 13 puntos del PBI (entre diciembre último y el año próximo), la vacunación corre deprisa y los hogares desbordan de ahorros. ¿La economía sólo crecerá 6,5%? Una recuperación más robusta, con algún pico trimestral fugaz de 10%, y también una inflación más hiperventilada (y algún registro puntual de 3%) son de esperar aún en un pronóstico mesurado. No nos engañemos: 90 millones de estadounidenses ya recibieron su cheque por 1400 dólares el miércoles pasado; el plan es ir a fondo, y ya hundimos el pie en el acelerador.

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