Wall Street sigue firme, pero necesita que no hagan olas

Economía

Podrá ser un rally flojo de papeles, no de voluntad. Espera terco que lo validen los fundamentos. La Fed puede inundar la plaza con liquidez. No evitar los mercados bajistas ni las fluctuaciones del ciclo.

No es un rally que concite devoción. No lo fundó ninguna euforia. Nació antes que cualquier signo de estabilidad en el seno del mercado bear más vertiginoso. Alzó vuelo el 23 de marzo cuando el Covid-19 dominaba la escena, aunque su letalidad no excedía la de algunas semanas de gripe estacional. A esa altura, sin embargo, después del informe del Imperial College de Londres, la política de salud universal era el encierro.

De prisa, sin ocultar el pánico ante proyecciones que hablaban de más de medio millón de muertos en Gran Bretaña y entre un millón y dos millones doscientos mil en los EE.UU., los líderes respectivos, Boris Johnson y Donald Trump, abandonaron la praxis alternativa de seguir la vida normal, mitigar la fiebre e inmunizar al rebaño. Sin salud, no hay economía ni, sobre todo, política. En ese páramo, nació este rally improbable. Es contemporáneo de los cientos de miles de muertes que cegó, y ciega, la pandemia. Y creció junto con las solicitudes de desempleo que suman, desde entonces, más de 44 millones en los EE.UU. Un rally contra los pronósticos, improbable, hasta despreciable por su falta de empatía con la desgracia, pero cierto. ¿Un rebote de gato muerto entre tantos muertos? ¿Un rally de mercado bear, potente pero traicionero y que devuelve rápido a la trampa de los osos?

La ofensiva va a cumplir tres meses en un trimestre en el que la economía de los EE.UU. se hundirá entre 45% o 20%, según los pronósticos en tiempo real de la Fed de Atlanta o la de Nueva York. No importan las cifras, sí lo que indican: una recesión mayor que la Gran Recesión y una enorme incertidumbre. El Nasdaq, su punta de lanza, escaló 50% desde el piso de 23 de marzo. Clavó nuevos récords el 10 de junio. Y trascartón, al día siguiente, se sometió a un primer examen a fondo. Cayó 5% de golpe, descremó, pero se recompuso y volvió a 1,4% de los máximos. Podrá ser un rally fraudulento, pero es tenaz. Flojo de papeles, no de voluntad, espera terco que lo validen los fundamentos.

¿La Fed hace magia? ¿Extrajo otro conejo de su galera, o no? ¿Cómo es que el Banco de Japón, que inventó los trucos y los practica más que nadie, no consiguió devolverle al Nikkei su esplendor nominal de 30 años atrás? ¿Es una burbuja? ¿A prueba de pandemias? Es fácil soplar y hacer botellas. Lo difícil es que el ajetreo no las haga añicos. La Fed puede inundar la plaza con liquidez, no evitar los mercados bajistas ni las fluctuaciones del ciclo. ¿No se decía acaso que el banco central carecía de medios para subsanar un shock de oferta? La política monetaria no puede abrir fábricas en cuarentena (ni tener efectos reales en el largo plazo, dicho sea de paso). ¿Cuántas bonanzas se le treparon para luego cesar sin pena ni gloria? ¿Qué pasó con los booms de materias primas, mercados emergentes, bienes raíces, criptomonedas y otros exotismos?

El fervor caducó y no hubo liquidez que lo resucitara. El rally no surgió de la Fed bajando la tasa a cero ni comprando bonos del Tesoro a destajo. Eso no pudo frenar el mercado bear. Sí nació el mismo día que anunció que compraría deuda corporativa, y abortó el escenario cantado de destrucción del crédito. Tenía un aliado: no había tampoco una crisis bancaria. La iliquidez que hubiera desatado un océano de insolvencia no se produjo porque no se disparó el cambio de portafolio que se temía (a costo cero). La Fed amplió su crédito de 4 billones de dólares a 7 billones.

¿Cuántos destinó para encender el rally? Ni uno. A la fecha, lleva apenas gastados 7 mil millones. Las empresas, entre tanto, emitieron deuda por más de 1 billón. La Fed no financia al Tesoro de manera directa, tampoco el boom de bonos y acciones, aunque su liquidez lo hace posible. ¿Tiene lógica que la Bolsa cotice así con una realidad dramática? Sólo si el virus fuera un trastorno temporario y la recuperación obrase pronto a pleno. La valuación luce excesiva ya que no parece posible.

¿Y si irrumpe una segunda oleada de la pandemia? Menos todavía. ¿Y qué podrá hacer la Fed? Velar porque los mercados funcionen, pero no tomar quebrantos. ¿Y el famoso put? Es sostén psicológico, no se ejerce nunca. El bear market de febrero-marzo lo prueba. Las decisiones de cartera son del sector privado, y también el capital en riesgo. Las ambulancias, las maneje el Tesoro o la Fed, recogerán a los sobrevivientes, pero varios billones de dólares más tarde.

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