Fin de cuotas con tarjeta: otro obstáculo para consumo
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«Es otro clavo en el ataúd: no se vende nada y ahora encima se le priva a la gente de un método de financiación al que se había acostumbrado», dijo a este diario Osvaldo Cornide, titular de CAME (Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias). El dirigente también se preguntó «qué pasó con la instalación de las máquinas POS para poder vender con tarjeta de débito: es tal la crisis del sector que ya ni se habla del tema, lo mismo que del subsidio que se le iba a otorgar a los comercios destruidos por los saqueos».
•Suspensión
«¿La verdad? Preferimos cobrar con tarjeta de débito, porque la plata entra casi de inmediato y no tenemos la espada de Damocles de una gran inflación que desactualice el precio que cobramos la mercadería», decía a este diario un comerciante de computación de la calle Paraguay.
Unilever, cabe apuntar, tiene 67% del mercado de desodorantes (a través de sus marcas Axe, Rexona, Impulse y Dove) y 70% de los jabones de lavar (Ala, Skip, Granby), por lo que el impacto entre los consumidores será fuerte. De todos modos, el porcentaje de incremento es menor que el de P&G porque gran parte de su línea se produce localmente (cuenta con 11 plantas).
•Amenaza
Pero seguramente en la decisión de Unilever de acotar la suba de sus productos también habrá influido la amenaza de comerciantes (chicos y grandes) de boicotear a los fabricantes que superaran los porcentajes anunciados por la empresa.
En sentido inverso, la empresa de telefonía celular Unifón -subsidiaria de Telefónicaanunció ayer que continuarán vendiendo en pesos y sin aumento las tarjetas de recarga de sus teléfonos prepagos.
Pero todavía resta por definir, obviamente, el tema clave en este sector: si también las tarifas se pesificarán. Cabe apuntar, sin embargo, que cerca de 75% de los clientes de esa empresa utilizan el sistema prepago.
También algunas cadenas de supermercados reiteraron su decisión de no aumentar los precios en sus locales, jugando con la posibilidad de arreglarse con los stocks y, una vez agotados éstos, negociar desde una posición de fuerza con los proveedores.
La novedad en este sentido es que el sector de los mayoristas (cuyo principal representante, Hugo Miguens, está sentado en el sillón que hasta hace algunas semanas ocupaba Carlos Winograd) también emitió ayer una declaración comprometiéndose a «proceder con extrema prudencia en la traslación de los aumentos de precio recibidos de sus proveedores (...) ya que nuestro sector no es formador de precios». Curiosamente, el argumento es el mismo que pregona la Cámara Argentina de Supermercados, enemigo acérrimo del sector de Miguens.
También en el Mercado Central de Buenos Aires ajustaron para abajo: el ente tripartito (cuya administración comparten el Estado nacional, la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal) anunció rebajas de hasta 50% en las locaciones de espacios comerciales para los productores frutihortícolas.




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