11 de enero 2002 - 00:00

Fin de cuotas con tarjeta: otro obstáculo para consumo

La cancelación de las ventas en cuotas con tarjeta de crédito funcionará como un elemento adicional (a todos los que ya existían) en la retracción del consumo. Así manifestaron a este diario dirigentes de varios sectores que agrupan a los comerciantes.

«Es otro clavo en el ataúd: no se vende nada y ahora encima se le priva a la gente de un método de financiación al que se había acostumbrado»
, dijo a este diario Osvaldo Cornide, titular de CAME (Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias). El dirigente también se preguntó «qué pasó con la instalación de las máquinas POS para poder vender con tarjeta de débito: es tal la crisis del sector que ya ni se habla del tema, lo mismo que del subsidio que se le iba a otorgar a los comercios destruidos por los saqueos».

Cornide se refiere a un proyecto que se barajó en las semanas inmediatamente posteriores a los incendios y robos en locales comerciales; según el proyecto -que nunca cobró status legislativo-se iba a compensar a los comerciantes afectados por los saqueos. «Hay comercios que no tienen posibilidad de sacar la plata del 'corralito', y tampoco los ayuda el Estado, por lo que la situación es crítica.Y encima no se vende nada», protestó el dirigente.

Tal como adelantara este diario ayer, las principales administradoras de medios de pago decidieron «suspender» sin plazo las ventas en cuotas; el justificativo formal es que las mismas estaban expresadas en dólares y al pesificarse todas las ventas con tarjeta realizadas en el país, no se podía seguir adelante con el sistema. Pero al no haber fondeo ni tasa de interés (ni siquiera de referencia), las mensualidades en moneda extranjera no fueron reemplazadas por cuotas en pesos.

•Suspensión

El panorama comenzó a complicarse aún más para los consumidores ante la (por ahora tímida e incipiente) reaparición de los cartelitos «tarjetas suspendidas». Si bien una recorrida por las principales avenidas y centros comerciales dio un resultado casi totalmente negativo, también es cierto que algunos rubros muy específicos, que trabajan casi exclusivamente con mercadería importada (computación, bebidas alcohólicas) estarían más cautas en la aceptación de dinero plástico.

«¿La verdad? Preferimos cobrar con tarjeta de débito, porque la plata entra casi de inmediato y no tenemos la espada de Damocles de una gran inflación que desactualice el precio que cobramos la mercadería»
, decía a este diario un comerciante de computación de la calle Paraguay.

Quienes no tienen más remedio que aceptar tarjetas como medios de pago son quienes venden en forma directa al exterior, por caso los sitios de Internet que cobran abono. En estos casos, las tarjetas emitidas en el país deberán cobrar en pesos, y en divisas para las originadas en el exterior.

En tanto, continúan las subas de productos de consumo masivo: como anticipara en la víspera este diario, Unilever siguió los pasos de su principal competidor Procter & Gamble y aumentará toda su línea de artículos de tocador y de limpieza entre 5% y 15% -promedio 10%- a partir de hoy. Así confirmaron fuentes de los supermercados, que ya comenzaron a recibir la información por parte de los vendedores de la empresa británica.

Unilever, cabe apuntar, tiene 67% del mercado de desodorantes (a través de sus marcas Axe, Rexona, Impulse y Dove) y 70% de los jabones de lavar (Ala, Skip, Granby), por lo que el impacto entre los consumidores será fuerte. De todos modos, el porcentaje de incremento es menor que el de P&G porque gran parte de su línea se produce localmente (cuenta con 11 plantas).

•Amenaza

Pero seguramente en la decisión de Unilever de acotar la suba de sus productos también habrá influido la amenaza de comerciantes (chicos y grandes) de boicotear a los fabricantes que superaran los porcentajes anunciados por la empresa.

En sentido inverso, la empresa de telefonía celular
Unifón -subsidiaria de Telefónicaanunció ayer que continuarán vendiendo en pesos y sin aumento las tarjetas de recarga de sus teléfonos prepagos.

Pero todavía resta por definir, obviamente, el tema clave en este sector: si también las tarifas se pesificarán. Cabe apuntar, sin embargo, que cerca de
75% de los clientes de esa empresa utilizan el sistema prepago.

También algunas cadenas de supermercados reiteraron su decisión de no aumentar los precios en sus locales, jugando con la posibilidad de arreglarse con los stocks y, una vez agotados éstos, negociar desde una posición de fuerza con los proveedores.

La novedad en este sentido es que el sector de los mayoristas (cuyo principal representante,
Hugo Miguens, está sentado en el sillón que hasta hace algunas semanas ocupaba Carlos Winograd) también emitió ayer una declaración comprometiéndose a «proceder con extrema prudencia en la traslación de los aumentos de precio recibidos de sus proveedores (...) ya que nuestro sector no es formador de precios». Curiosamente, el argumento es el mismo que pregona la Cámara Argentina de Supermercados, enemigo acérrimo del sector de Miguens.

También en el Mercado Central de Buenos Aires ajustaron para abajo: el ente tripartito (cuya administración comparten el Estado nacional, la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal) anunció rebajas de hasta
50% en las locaciones de espacios comerciales para los productores frutihortícolas.

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