3 de abril 2001 - 00:00

Fin de un trimestre que desilusionó

Fin de un trimestre que desilusionó
Cada tanto es bueno, más que concentrarnos en el día a día, revisar dónde estamos parados. Habiendo terminado el trimestre, llegó esta oportunidad para filosofar un poco antes de que en las próximas jornadas la realidad de los balances de las empresas comience a golpear (sea negativa o positivamente). Cuando terminaba 2000, muchos respiraban aliviados. Si bien la merma del año había sido sorprendente y más dura de lo que prácticamente cualquiera podía esperar, daba pie a pensar por su propia profundidad, que pronto terminaría.

Es así que las primeras apuestas fueron a los papeles de segunda línea (en parte para aprovechar el efecto enero, y en parte por su potencial de recuperación). Si bien el mercado subió hasta los primeros días de febrero, no fue de la mano de éstos, sino del grupo de blue chips, en especial aquellos del mercado tecnológico. Claro que para esto, el mercado tuvo el "saque", que le regaló Alan Greenspan al rebajar el costo de los fed funds de manera totalmente inesperada y en magnitudes mayores a las habituales. Quien hubiese querido mirar las cosas desde una adecuada perspectiva, inmediatamente se hubiera dado cuenta de que subyaciendo a lo más visible, las cosas no estaban funcionando como deberían haberlo hecho. En febrero y realmente sin más motivos que la realidad económica que se fue filtrando de a poco en las empresas, el mercado comenzó a ceder terreno. Se inició entonces un doble juego en el que: a) se especulaba con nuevos recortes de la tasa de interés (en las últimas semanas ni esto alcanzó, y volvió a crecer el valor del riesgo) y/o se arbitraba entre uno y otro índice (pero como en el juego de las sillas musicales, si bien hay quienes finalmente ganan, sólo estuvo cambiando figuritas incrementando el saldo perdedor al cabo de cada giro). La situación mundial, e incluso de la mano del cambio presidencial la política, comenzaron entonces a filtrarse en el mercado. Junto con el chino, el mercado norteamericano es el que menos sufre de los vaivenes externos. Pero esta vez no. Con un Japón que no cede terreno por un lado, y una Europa que no acierta en cuál camino seguir y donde sus máximos banqueros se niegan a recortar el costo del dinero, el dólar comenzó a ganar cada vez más terreno. Si las cosas en las últimas ruedas -y a pesar de algunos grandes sustos-no están peor de lo que están, es en gran parte por esto ultimo: en otras partes están peor que en los EE.UU. y por lo tanto buscan el refugio en Nueva York. El problema es que esto sirve por uno, dos o tres meses. La pregunta es qué pasa después.

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