Flotación "sucia" recorta el poder de legisladores
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4. Competitividad: cuando algunos de los sectores exportadores o sustitutivos de importaciones tienen dificultades de competitividad, los mecanismos de mercado vía rebaja salarial o del costo de los servicios públicos y privados pueden resultar engorrosos, debido fundamentalmente a las rigideces en la legislación laboral o en los contratos. Tampoco es fácil reducir los costos fiscales puesto que afectan el presupuesto aprobado por el Congreso de la Nación. Entonces, es mucho más fácil reducir los costos internos devaluando, prescindiendo del Congreso o de las rigideces en la legislación o contratos vigentes. Y tampoco hay que esperar ningún fallo adverso de la Justicia. El peligro es que de este modo ciertos empresarios exportadores o sustitutivos de importaciones siempre presionen por la devaluación para ser competitivos (especialmente los que tienen mayor poder de influencia), en lugar de invertir y mejorar su productividad. Porque no sería bueno que se mantenga la rentabilidad empresaria de unos a costa de las pérdidas de otros, fundamentalmente de los trabajadores.
5. Asistencia al sistema financiero: cuando el sistema financiero enfrenta dificultades, en especial por falta de liquidez frente a una corrida de depósitos, la asistencia del Banco Central como prestamista de última instancia se ve acotado a la disponibilidad de reservas internacionales, bajo un esquema de tipo de cambio fijo o de convertibilidad. En cambio, la asistencia no tiene límites bajo un esquema de flotación cambiaria. Simplemente se puede emitir hasta por 100% de los depósitos sin que quiebre ningún banco por problemas de iliquidez, independientemente de su solvencia, claro que al costo de grandes devaluaciones, perdida de reservas, cambios de precios, ingresos, y rentabilidades relativas, redistribuciones patrimoniales, huida de capitales, etc., y hasta de una hiperinflación, sin que actúe ni el Congreso y ni la Justicia.
Recomenzando, la flotación cambiaria «sucia» es un instrumento de política económica tan efectivo y poderoso como discrecional y arbitrario. Los hombres que manejen este instrumento son virtualmente los hombres más poderosos del país, superando el poder de los tres poderes básicos de la Nación y del conjunto de los gobernadores provinciales. El presupuesto nacional es probablemente la ley más importante que sanciona cada año nuestro Congreso, y sin embargo pierde relevancia frente a la posibilidad de ser modificado en términos reales ejerciendo una discrecional política cambiaria. Esta concentración de poder justo en momentos históricos en que tanto hace falta reafirmar el valor y la independencia de las más elementales instituciones democráticas, aparece como un contrasentido. Por otra parte, si bien puede resultar muy efectivo para alcanzar determinados objetivos, cada vez que se modifica el tipo de cambio como instrumento de política económica la moneda nacional se deteriore en su función elemental de ser unidad de cuenta de la economía, generando arbitrarias transferencias de ingreso y de riqueza, destruyendo el crédito como institución básica para el crecimiento y el desarrollo económico. Por este motivo puede apreciarse como un ajuste fiscal superior al requerido, lejos de resolver el problema lo agravó; no se tuvieron en cuenta los efectos devastadores en las instituciones económicas y jurídicas, y en la credibilidad en general.
En definitiva, todo el poder y efectividad que involucra una política cambiaria activa es directamente proporcional a la debilidad de las más elementales instituciones políticas y jurídicas de la Nación.




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