25 de septiembre 2007 - 00:00

FMI: acciones de la Argentina, en peligro

El Ministerio de Economía apoya la reforma que determinará el peso de cada país en el organismo, pero la pelea ahora pasa por no perder peso dentro de la institución. Ocurre que a fin de octubre, en paralelo con el cambio de director gerente dentro del organismo, se determinaría la nueva fórmula para establecer el poder de voto dentro de la institución.

En la reunión del G-20 que se realizó hace dos semanas en Durban, Sudáfrica, comenzó a delinearse cuál será el peso relativo de cada país en el organismo multilateral. En este grupo participan los países del G-8 junto a algunos emergentes, entre los que se encuentran la Argentina, Brasil, México, China, Turquía, Arabia Saudita e Indonesia, entre otros.

En ese encuentro quedaron definidas las cuatro variables de la «fórmula polinómica» para determinar qué peso tendrá el voto de cada país. Son las siguientes: volumen del PBI, nivel de reservas, volatilidad del Producto y grado de apertura económica.

La Argentina tenía hasta hace un par de años 1,14% de participación en el organismo, pero luego de los últimos cambios introducidos hace un año y medio (en la denominada «reforma de Singapur») quedó sólo con 0,98%. En aquella oportunidad, ganaron algunas décimas países emergentes como Corea, México y Turquía. Pero fue una modificación que dejó a todos disconformes.

  • Compromiso

  • En el nuevo esquema que está en plena etapa de discusión, el nivel del PBI tendría una ponderación de 50% y esto podría jugar en contra de la Argentina. Esto se debe a que el volumen de actividad medido en dólares cayó drásticamente luego de la devaluación de 2002. Ya en los últimos años se produjo una recuperación, pero que está lejos de retornar a la situación de la convertibilidad.

    La ventaja es que existe un compromiso para revisar periódicamente la evolución de las variables en cada país. De esta manera, aquellas naciones que presentan altos niveles de expansión podrían aspirar a ganar algunas posiciones. Sin embargo, todavía no está claro cada cuánto se realizarían estas modificaciones.

    También hay dudas sobre qué parámetros se tomarán en cuenta para medir el grado de apertura de cada país: ¿se considerarán los flujos comerciales o la libertad para la movilidad financiera? Ninguno de estos parámetros beneficiaría a la Argentina.

    Uno de los datos que abrió las esperanzas de que este tema pueda resolverse en la reunión anual del FMI y el Banco Mundial el mes próximo es que los Estados Unidos mostraron interés por un avance rápido de esta cuestión. Coincidiría, además, con la ya casi segura designación del francés Dominique Strauss-Kahn al frente del organismo.

    La Argentina, por otra parte, conservaría casi inalterada la participación relativa en el sillón de directorio que comparte con otros países de la región. Mantendría una porción cercana a 49%, mientras que el resto se lo reparten Chile, Paraguay, Perú, Bolivia y Uruguay. Año por medio, el representante argentino ante el organismo, actualmente Héctor Torres, ocupa la presidencia de este lugar y participa, por ende, en las reuniones con los restantes 23 directores del Fondo.

    Otra de las modificaciones en danza es la posibilidad de implementar un esquema de votación a través de la denominada «doble mayoría». Esto se lo planteó el gobierno a Strauss-Kahn en su reciente visita al país y se trata de una alternativa en estudio. Consiste en considerar para determinados temas que cada país cuente con un voto.

  • Agenda

    De esta manera, en ocasiones especiales se requeriría la aprobación no sólo de los países desarrollados, sino también de por lo menos la mitad más uno de las naciones que integran el organismo.

    Además de un nuevo esquema para definir el poder que cada país tendrá en el organismo y de la designación del nuevo director gerente, la agenda de la reunión del FMI incluye otros puntos no menos importantes. El principal para la Argentina, tal como adelantó el miércoles pasado este diario, es la aprobación de una nueva línea crediticia para países de «ingreso medio».

    Se trata de la nueva Línea de Aumento de Reservas (o RAL, según las siglas en inglés), que permitirían al país contar con fondos para casos de emergencia. No será necesario, y allí está la clave, contar con un programa de asistencia del organismo para tener derecho a disponer de este financiamiento.

    Según lo que ya se está conversando de manera preliminar, sería el otorgamiento de esta línea crediticia la que abriría las puertas para la renegociación de la deuda con el Club de París. Los estatutos del organismo exigen que un país que se embarca en una renegociación debe contar con un programa con el FMI. Y ésta sería la vía, según habría aceptado ya el propio Strauss-Kahn para conseguirlo.
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