La falta de ajuste por inflación en el pago del Impuesto a las Ganancias provocó que los productores se volvieran a sentar sobre sus cosechas, especialmente la de trigo, cereal que se está recolectando en estos momentos, y que se supone se mantendrá en silos y acopios hasta el año próximo. Esto podría frenar también la liquidación de divisas ya que las empresas no tendrían que ingresarlas ante la falta de cereal.
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El hecho de que el precio del trigo cayera 16% desde los u$s 125 por tonelada (u$s 130/ t en el sur) que se pagaban cuatro meses atrás hasta los u$s 105 actuales también contribuye a esta tendencia de retención de grano.
La aparente firme decisión del gobierno de no ajustar por inflación el pago del Impuesto a las Ganancias correspondientes a este año hará que la diferencia cambiaria generada tras la devaluación sea computada como utilidad adicional a las empresas agropecuarias y esta situación inquieta a toda la cadena agroindustrial, además de generar una ola de oferta de operaciones en negro, que aunque de difícil comprobación, son comentadas por operadores del sector. «Nunca vi tanta desesperación por vender en negro. Durante las últimas semanas llegaron ofertas sin precedentes...», comentaba un intermediario, quien negaba haber realizado ese tipo de operación aunque admitía que «esta situación existe porque así como hay un vendedor de grano también hay un comprador...».
En un hecho sin precedentes, este tema (que amenaza con llevar al quebranto a pequeños productores agrícola-ganaderos con una situación endeble en lo económico) logró unir a toda la cadena del agro. Todas las entidades que involucran a empresas y productores se unieron y la única expectativa se centra ahora sobre el presidente de la Nación, Eduardo Duhalde. Lo confirmaba ayer ante este diario, Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural Argentina: «No tuvimos posibilidad de explicar a funcionario alguno el real impacto de esta decisión. Ahora queremos contarle a Duhalde que con esta liquidación de Ganancias están desordenando el mercado porque el productor se asusta y busca opciones para ver cómo puede gravar menos impuestos. El gobierno debe saber que se complica la recaudación con esta decisión». En la misma línea, el titular de Coninagro, Mario Raiteri, hablaba de un «efecto boomerang»: «los mismos recaudadores no se dan cuenta que atentan contra el sistema. Los exportadores no van a tener divisas para liquidar porque no va a haber grano para comprar», decía el cooperativista. El empresario Federico Boglione, titular de la Bolsa de Comercio de Rosario definía, por su parte, que la falta de ajuste en Ganancias «se trata de un tremendo mazazo para la producción, similar al impuestazo que a principios de 2000 concretó el gobierno aliancista causando el fin de la reactivación económica que se estaba insinuando».
Desde la Rural, el economista Ernesto Ambrosetti insistía en tanto que «esta decisión de retener granos por parte del productor se debe también a la incertidumbre por las variables económico-financieras y a la falta de un sistema bancario». Precisamente un trabajo realizado por el Instituto de Estudios Económicos ruralista indica que el impuesto a las Ganancias representará, en el caso agrícola (sobre un ejemplo de 100 toneladas de trigo), 73% del capital que tenía el productor antes de la devaluación. En ganadería el impacto sería menor así como menores fueron los márgenes de la actividad este año. Con una tasa de 30% el impuesto, según el caso estudiado (un stock de 100 novillos de 200 kilos) representará casi 23% del capital que tenía el productor a fines de 2001.
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