14 de enero 2002 - 00:00

Había otras soluciones para el dinero retenido

Permitirán volver a la retención original de fondos de Cavallo («corralito») y modificar el «cerrojo» más duro que se impuso la semana pasada. Paralizó mucho más la economía, inclusive el movimiento entre bancos. Sólo poder mover fondos dentro del mismo banco se cambiará por gravísimo error. Los u$s 50.000 millones de deuda en títulos públicos que refinanció Cavallo a 7% anual, con primeros vencimientos en abril, serán nuevamente refinanciados a tasa más baja, 2%, y plazo más largo. Es porque exigen organismos internacionales no discriminar a inversores externos con menos tasa que la aplicada localmente. Es una medida dura, autoritaria, pero racional. Se reformará de urgencia, esta misma semana, la carta orgánica del Banco Central para ayudar a bancos. Es porque si se sale del «cerrojo» impuesto hace 3 días y se vuelve al «corralito» original arrastraría a bancos, sobre todo a 3 oficiales muy grandes. Esta nueva carta del Banco Central ya lo encontraría presidido por otra persona que no sería el actual Roque Maccarone. Llega hoy una misión del Fondo Monetario, aunque en nivel de segunda línea y con expertos en países que caen en la tentación de la primera medida inicial fácil de todo dirigismo: oficializa más barato una parte del mercado cambiario.

El actual gobierno designado por Asamblea Legislativa tiene poco o nada de qué vanagloriarse y lo hace con algo que no es verdad: «Hemos sincerado y abierto los problemas». Hace mucho tiempo que la mayoría de los argentinos conoce los problemas. Además, no se le habla con sinceridad a la sociedad cuando se le oculta que el actual y nuevo «cerrojo» -peor que el original «corralito» que legaron de Cavallo- traba y trabará más la economía y la vida cotidiana de los ciudadanos porque fue dispuesto en función sólo de 4 bancos, tres de ellos oficiales (Nación, Provincia y Ciudad de Bs. As.).

Cuando Corea llegó al extremo de pérdida de credibilidad y default sacrificaron desde grandes bancos hasta grandes empresas y, privadamente, las mujeres pusieron sus joyas y los ciudadanos bienes privados de resguardo para fortalecer la moneda local en la cual nadie creía por la situación. Y lo lograron. Claro, eran asiáticos, no argentinos.

En nuestro país hoy, con un gobierno estatista, es impensable dejar caer o privatizar bancos oficiales. Pero aun dentro del dirigismo -estatismo acendrado- el gobierno tiene que respetar alguna lógica. Por ejemplo, se ha dado cuenta de que los congelamientos de plazos fijos circunscribiéndolos a los mismos bancos, salvo para las empresas, como se dispuso la semana pasada, es gran error. Inmoviliza casi totalmente la economía al trabar el movimiento de cheques, destroza al comercio, desde éstos a los distribuidores y finalmente a los productores. Más si todo eso se hizo para salvar a algunos bancos que han perdido credibilidad en cuanto a que frente a la más mínima hendidura en el sistema se les irían los depósitos hoy retenidos.

Ante su error, ¿qué hace el gobierno? Trata de reformular en días la carta del Banco Central para que pueda dar más redescuento (prestarles desde el Estado plata a bancos comprometidos) ahora limitado a lo que vale el patrimonio de cada entidad financiera. Quiere poder sobrepasarlo y así mantener en pie a todos los bancos, esencialmente al de la Provincia de Buenos Aires, de los más afectados.

Cuando vuelva atrás saldrá del grave y paralizante «cerrojo» actual e irá, al menos, al «corralito» que dejó Cavallo que permitía movilidad de dinero entre distintos bancos (al que le falte le dan redescuentos), pero siempre dentro del sistema. El público no podrá retirar sus fondos, pero sí cancelar en tal banco una deuda o efectuar una compra con dinero que tiene en otra entidad. Entre males, lo más aceptable.

Pero debemos pensar dentro de la mentalidad estatista y dirigista del gobierno que tenemos. O sea gente que cree que si pone a Rafael Iniesta, Lisandro Barry, Jorge Todesca y otros dentro de una pieza, con papel y lápiz, se resuelven los mercados. El alfonsinismo, por caso, cree que la democracia es sólo votar por urnas a políticos. Ignora que la democracia también es que una persona ahorre en este banco o en este otro, en plazo fijo o hipoteca, que compre aquí o allá. Esa es la democracia del consumidor. La suma de voluntades origina «el mercado», al que Alfonsín odia por considerar que no le corresponde a la gente sino al Estado determinar cuál banco cesa y cuál sigue, aunque la gente no quiera operar con él. El «mercado» puede, a veces, despreciar intereses de grupos menores pero el Estado, en papel supletorio, debe corregir con la ley, pero no suprimir el «mercado» y digitarlo todo desde pocos funcionarios del Estado, como ahora se está haciendo, porque es mutilar las voluntades individuales. Si no se tiene un concepto sólo político de la democracia se verá que las minorías e individualidades en la vida diaria deben ser protegidas en su libertad de actuar y decidir como el sistema «D'Hont» lo hace con los votantes de partidos minoritarios.

Había, por ejemplo, otras formas de resolver el problema de los 61.000 millones de dólares aprisionados en el sistema financiero que no fuera el temible «cerrojo» de la semana pasada que en horas ya tiene que ser cambiado.

No es cuestión de decir -porque se caería en la misma paranoia del dirigismo- «liberemos todo, que la gente haga lo que quiera con sus depósitos». Sería un ideal de libertad, pero una absoluta utopía.

Hemos explicado repetidamente en este diario que «el dinero físico, los billetes dólar, no están «porque si una persona deposita 1.000 dólares, por encaje de 20% el banco está obligado a retener 200, que le alcanza para nivelar, en normalidad, a los que retiran con los que depositan cada día. Pero presta los 800 restantes que van a otro banco que a su vez retiene 20%, o sea 160, y presta 640 que van a otro banco que a su vez... De 1.000 dólares reales se han creado en el total de bancos otros 4.000 de «dinero bancario virtual». En un pánico y bronca, como el actual, hay 1.000 dólares reales, pero 5.000 circulando en el aire. Es imposible físicamente, entonces, devolver 61.000 millones de dólares hoy retenidos en «el cerrojo o corralito».

Hasta aquí el problema es exactamente igual para un gobierno con mentalidad dirigista y otro con mentalidad libreempresista, de economía ortodoxa y racional.

Los dirigistas se encierran con papel y lápiz en una pieza y en teoría resuelven todo. Los ortodoxos o racionales salen a consultar.

El dirigista elucubra en sus teorías un plan autoritario de pagos hasta depósitos de 5.000 pesos o dólares tanto, hasta 10.000 tanto, desde enero del 2002 tanto, desde setiembre del 2003 tanto... y así sigue su calendario.

El ortodoxo -que sabe más de economía que los dirigistas y, además, consulta- hubiera obtenido primero datos, imprecisos pero los mejores disponibles al momento: 96% de los depósitos retenidos
corresponderían a menos de 50.000 dólares o pesos por depositante (persona o empresa) y totalizarían unos 28.000 millones, es decir, 46% del total de 61.000 millones. Estos 28.000 millones son los más problemáticos, la base de los «cacerolazos», pero es menos de la mitad del total de los depósitos y eso facilitaría más las cosas. Tendrían que tener un régimen distinto, un calendario más benigno.

Un ortodoxo de la economía se ocuparía de esos 28.000 millones
y el resto, ya depositantes mayores, lo dejaría a discusión de los clientes con los bancos en que confiaron su dinero. Hay retenidos en fondos que son deudores de bancos para cancelarse mutuamente, hay posibilidades de fideicomiso que un banco le puede asegurar al que se encuentra en el «corralito». ¿A qué persona con dinero inmovilizado en un banco no le gustaría que le demuestre la institución que su dinero fue prestado y tiene plazos para devolverlo la Esso o Shell? Claro, también hay miles de fondos bancarios prestados a provincias o al gobierno nacional...

Lo único que no se podría hacer es que cada banco extienda certificados de depósitos a sus deudores que sirvieran como medio de pago porque el sistema bancario argentino volvería 120 años atrás cuando cada banco emitía «su» moneda y valía más la del más potente que la del otro banco (menos esto en la Argentina de hoy, donde cada provincia ya emite su bono de pago y no vale lo mismo el de una que el de otra).

Otro dato que miraría el economista ortodoxo es que
si efectivamente se creó el dinero bancario en 80% arriba del dinero real depositado, porque así funciona el sistema en todo el mundo, también se creó 80% de crédito que tiene que ser devuelto a los bancos y que son el real respaldo de los 61.000 millones.

Pero están prestados a plazos, generalmente largos, y todos los asustados depositantes los quieren sacar juntos ahora. Los bancos cobraron de sus préstamos el año último 7.000 millones de pesos-dólares. Para devolver 61.000 se tardarían más o menos 9 años.

Y más años porque, a su vez, el actual gobierno ya dispuso rebaja de los préstamos en dólares. ¿Cómo entonces se van a poder devolver los 61.000 millones, aun esperando 9 años si la recaudación será menor? Si se rebajan los créditos hay que desagiar los depósitos, algo que también rechaza un gobierno que simultáneamente quiere ser populista. No cierra.

El libreempresista y ortodoxo de la economía también observa algo que el dirigista se niega o menosprecia porque vive atemorizado mirando el «cacerolazo» de cada día: es imposible mantener un sistema financiero destinando sólo lo que se cobre de los créditos a pagar lo que el depositante quiere llevarse a su casa. No habría un sólo peso para crédito a tasa alta o baja. Esto sería no ya tenerlo parado al país sino ultimarlo.

Un país no puede funcionar sin un sistema financiero donde la gente deposite confiada en los bancos, éstos le paguen un interés que le recargarán a los que les otorga crédito o le facilite el uso de una cuenta corriente. ¿Quién si puede lograrlos líquidos mantendría hoy dinero en los bancos? Nadie. Por eso un gobierno dirigista o de izquierda o populista -peor mezclados- no puede asegurarle futuro al país.

La confianza y el sistema bancario para que funcione la economía sólo puede sobrevenir de un compromiso externo (gobierno de los Estados Unidos, su Tesorería, Fondo Monetario, otros países). Esto no ocurrirá sin un plan económico serio (sustentable dicen en el exterior), que respete los derechos adquiridos de acreedores internos o externos aún tomándose tiempo para pagar las deudas.

Este plan, un gobierno dirigista y populista sin sacrificar posturas -que a su vez harían cortar las venas a sus mentores políticos e ideológicos- hoy no lo puede realizar. Tampoco lo podía hacer la Alianza que surgió en 1999 por incoherencia de base política.

Los ortodoxos de la economía -con enormes dificultades porque acaban de fracasar en encarrilarlo- pueden hacerlo y tendrán que hacerlo, más tarde o más temprano porque la inflación avanza, porque el dólar libre se escapa o porque comienzan a cerrar en el país grandes empresas y el desempleo se torna catastrófico. Un ortodoxo y racional para manejar la economía podría, por ejemplo, fantasear soluciones más elevadas como intentar que no sean los organismos internacionales los que desembolsen fondos de ayuda. Se les podría pedir, por caso, a los mismos argentinos que tienen ya hoy más de 100.000 dólares en el exterior. Claro, como en México aportarían a una tasa adecuada si tienen la garantía del Tesoro de los Estados Unidos por caso.

Pero este tipo de ayuda u otro no vendrá si un gobierno no piensa emplearla para un plan de ganar confianza, saldar deudas, reactivar el país. En la mente dirigista sólo está recibir fondos externos para de inmediato repartirlos satisfaciendo su otro mal, el asistencialismo desmedido y apresurado.

Por eso habrá medidas de perfeccionamiento de las últimas medidas erradas de la semana pasada. Pero no se ve solución de fondo.

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