10 de enero 2002 - 00:00

Híper amenazan con boicotear a empresas que aumenten precios

Siguen las malas noticias para los consumidores: una de las principales proveedoras de artículos de higiene personal y limpieza, con una pata también en alimentación, incrementará sus precios entre 15% y 40%, lo que da un promedio de 18% según fuentes de la propia empresa.

Se trata de la estadounidense Procter & Gamble, que -tal como hicieron otras firmas que modificaron sus listas de precios en los últimos días- justificó la medida en la incidencia que tiene la devaluación en sus costos.

«Si bien muchos de nuestros productos se fabrican localmente, otros -como las papas fritas Pringles o los shampúes Head & Shoulders o Pantene- se importan. En esos casos, lamentablemente, no hay más remedio que trasladar en su totalidad la modificación del tipo de cambio»
, dijo la fuente.

• Mentira

La movida podría ser imitada -aunque en menor medida- por el líder del sector Unilever, pero hasta anoche esta empresa que comercializa marcas como Ala, Skip, Rexona, Lux, Sedal y los helados Kibon, y que recientemente adquirió Refinerías de Maíz (Ades, etc.) no había tomado una decisión al respecto.

Estos aumentos se suman a las subas anunciadas por otras empresas líderes (Coca-Cola, BAESA), que están funcionando casi como una locomotora de la que se «cuelgan» otros sectores para justificar sus propios incrementos de precios.

En este sentido, los supermercadistas estarían que trinan con uno de los mayores proveedores de azúcar, Ledesma, que por estos días anunció con bombos y platillos que mantenía los precios del año pasado. «Es mentira: quisieron aumentar pero después tuvieron que echarse atrás», decía una fuente del sector.

Otra versión indica que los fabricantes de papel estarían a punto de aumentar el precio de esa materia prima fundamental para el empaque de miles de productos; la suba rondaría
20 por ciento.

Del otro lado del mostrador, los integrantes de la Cámara Argentina de Supermercados (CAS) estarían preparando una presentación ante el ministro Jorge Remes Lenicov para manifestarle su desagrado por el nombramiento de Hugo Miguens al frente de la Secretaría de Defensa de la Competencia.

«Miguens es un histórico anti-híper: si ésa va a ser la línea del ministerio (enfrentarnos) queremos que nos digan por qué. Creemos que esa secretaría debe estar en manos de un funcionario neutral, y no de alguien que viene de un sector determinado»,
decía una alta fuente de los híper. Cabe recordar que el flamante funcionario era hasta el lunes presidente de CADAM, la cámara que reúne a los autoservicios mayoristas.

Pero al margen de estas cuestiones casi domésticas, la preocupación central sigue siendo el ascenso de los precios.
«Este mes no creo que haya grandes modificaciones en los supermercados. Nos arreglaremos con los stocks. La pelea con los proveedores vendrá el mes que viene, cuando haya que reponer. Ahí trataremos de forzarlos a no aumentar o a hacerlo lo menos posible», dijo otra fuente del sector, confiado en el «músculo» que representaría la unidad de las principales cadenas de comercialización.

«También en el futuro cercano los consumidores podrían ver góndolas vacías y carteles que digan 'El producto equis, que habitualmente estaba acá, falta porque no nos entregan o quieren hacerlo a precios abusivos'»,
adelanta.

Los supermercadistas, desde ya, apelarán a cualquier recurso para tratar de explicarle a la sociedad que no son formadores de precios, y están encadenados a lo que les cobren los proveedores.

• Pretensión

Otra situación que está agudizando el (ya no tan) incipiente conflicto entre proveedores y minoristas es la pretensión de las empresas más grandes de acortar los plazos de cobro: hoy las facturas se liquidan a 30, 60 o 90 días; ahora quienes entreguen mercadería quieren cobrar a siete días.

Pero como los supermercados están vendiendo
70% con tarjetas (débito y crédito), y algunas administradoras de medios de pago pasaron a pagar los cupones de 48 horas a diez días hábiles (dos semanas), las grandes cadenas están atrapadas en una doble pinza de la que parece difícil que zafen. De hecho, Coto dejó de trabajar con VISA justamente por esta causa, lo que finalmente termina perjudicando a los centenares de miles de usuarios de esa tarjeta que compran en la cadena de «don Alfredo».

«Durante muchos años hicieron lo que quisieron: pagaban cuando querían, cobraban alquiler por la góndola, exigían que la primera entrega fuera gratis...Ahora les toca el turno a ellos de sufrir»,
dijo a este diario una alta fuente de una de las mayores empresas de productos de consumo masivo.

Aun cuando el argumento sea razonable,
el momento que atraviesa el país no parece el mejor para saldar estas viejas querellas.

S.D.

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