Híper amenazan con boicotear a empresas que aumenten precios
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«Si bien muchos de nuestros productos se fabrican localmente, otros -como las papas fritas Pringles o los shampúes Head & Shoulders o Pantene- se importan. En esos casos, lamentablemente, no hay más remedio que trasladar en su totalidad la modificación del tipo de cambio», dijo la fuente.
Otra versión indica que los fabricantes de papel estarían a punto de aumentar el precio de esa materia prima fundamental para el empaque de miles de productos; la suba rondaría 20 por ciento.
Del otro lado del mostrador, los integrantes de la Cámara Argentina de Supermercados (CAS) estarían preparando una presentación ante el ministro Jorge Remes Lenicov para manifestarle su desagrado por el nombramiento de Hugo Miguens al frente de la Secretaría de Defensa de la Competencia.
«Miguens es un histórico anti-híper: si ésa va a ser la línea del ministerio (enfrentarnos) queremos que nos digan por qué. Creemos que esa secretaría debe estar en manos de un funcionario neutral, y no de alguien que viene de un sector determinado», decía una alta fuente de los híper. Cabe recordar que el flamante funcionario era hasta el lunes presidente de CADAM, la cámara que reúne a los autoservicios mayoristas.
Pero al margen de estas cuestiones casi domésticas, la preocupación central sigue siendo el ascenso de los precios. «Este mes no creo que haya grandes modificaciones en los supermercados. Nos arreglaremos con los stocks. La pelea con los proveedores vendrá el mes que viene, cuando haya que reponer. Ahí trataremos de forzarlos a no aumentar o a hacerlo lo menos posible», dijo otra fuente del sector, confiado en el «músculo» que representaría la unidad de las principales cadenas de comercialización.
«También en el futuro cercano los consumidores podrían ver góndolas vacías y carteles que digan 'El producto equis, que habitualmente estaba acá, falta porque no nos entregan o quieren hacerlo a precios abusivos'», adelanta.
Los supermercadistas, desde ya, apelarán a cualquier recurso para tratar de explicarle a la sociedad que no son formadores de precios, y están encadenados a lo que les cobren los proveedores.
• Pretensión
Otra situación que está agudizando el (ya no tan) incipiente conflicto entre proveedores y minoristas es la pretensión de las empresas más grandes de acortar los plazos de cobro: hoy las facturas se liquidan a 30, 60 o 90 días; ahora quienes entreguen mercadería quieren cobrar a siete días.
Pero como los supermercados están vendiendo 70% con tarjetas (débito y crédito), y algunas administradoras de medios de pago pasaron a pagar los cupones de 48 horas a diez días hábiles (dos semanas), las grandes cadenas están atrapadas en una doble pinza de la que parece difícil que zafen. De hecho, Coto dejó de trabajar con VISA justamente por esta causa, lo que finalmente termina perjudicando a los centenares de miles de usuarios de esa tarjeta que compran en la cadena de «don Alfredo».
«Durante muchos años hicieron lo que quisieron: pagaban cuando querían, cobraban alquiler por la góndola, exigían que la primera entrega fuera gratis...Ahora les toca el turno a ellos de sufrir», dijo a este diario una alta fuente de una de las mayores empresas de productos de consumo masivo.
Aun cuando el argumento sea razonable, el momento que atraviesa el país no parece el mejor para saldar estas viejas querellas.
S.D.




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