5 de mayo 2008 - 00:00

Historia no se repite

Para Roberto Dvoskin, ex subsecretario de Comercio Interior entre 1986 y 1989 y director de posgrado de Marketing de la Universidad de San Andrés, la inflación actual no puede compararse con la vivida en los últimos años de los 80. Claro que, a su juicio, está en 15%.

PERIODISTA: ¿Se podría asimilar la aceleración de la inflación actual con lo que se vivió en el período 1986-1989?

Roberto Dvoskin: No tienen nada que ver. En esos años había déficit fiscal, una economía restrictiva y no existían reservas internacionales en el Banco Central. Hoy la situación es completamente diferente. Hay u$s 50.000 millones en el BCRA, un superávit de dos puntos del PBI y una economía expansiva. Además, con una inflación de 15% no se está en una situación crítica, si se consideran las demás variables. El problema es si se éstas, como el tema salarial.

P.: Pero con los acuerdos salariales que se cerraron no se llega a cubrir la inflación.

R.D.: Siempre el salario va a reaccionar más lento que los precios. Las expectativas inflacionarias son malas y hay que bajarlas.

P.: Algunos proponen hacerlo con un menor nivel de actividad.

R.D.: Es la alternativa ortodoxa. Hay que tener cuidadoporque no se sabe hasta dónde se llega. Prefiero un país que crezca con inflación que uno que no crece. El problema es que cuando se acelera la suba de precios los primeros perjudicados son los sectores de bajos recursos. Es por eso que se debe trabajar tres ejes: definir una tasa de crecimiento sustentable, eficientizar el gasto público y premiar a aquellas empresas que mantengan los precios contenidos.

Siempre tiene que haber controles de precios, el Estado tiene que mirar, controlar. Lo que no tiene es derecho es administrar los precios de los otros. Imponer un piso o un techo para los precios sirve por tiempo limitado en la medida que en ese tiempo se hagan cosas.

P.: ¿Como cuáles?

R.D.:
Hay que ver qué incentivos se les ofrece a los que no aumentaron los precios, como por ejemplo fiscales.

P.: ¿Se refiere a otorgar subsidios?

R.D.: A mí no me gustan. A veces no existen alternativas, pero de existir, tienen que ser dirigidos a la industria y no al consumo porque así lo único que se logra es engañar al creer, por ejemplo, que tenemos un colectivo barato y no es así.

P.: El modelo se está agotando...

R.D.: Me gustaría que hubiese un modelo más claro. Esto significa saber en qué se va a potenciar el crecimiento, cómo se va a financiar, quiénes van a ser los beneficiados y quiénes los perjudicados. Todo lo demás es demagogia.
Creo que la Argentina tendría que hacer una apuesta fenomenal a la agroindustria.

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