Cuando todos creían que los cambios en la derogación y modificación de la reforma laboral habían terminado con la presentación del proyecto, el propio ministro de Trabajo, Carlos Tomada, se encargó de alertar que todavía restan pulir algunos artículos. Se lo dijo el miércoles a los diputados peronistas que se reunieron para escuchar su explicación sobre la iniciativa.
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Por lo pronto, el ministro se llevó de la bancada PJ el primer cambio: quieren que la rebaja de aportes patronales se aplique a las empresas con menos de 80 empleados, pero sólo a las que no registren ganancias en el último año.
Resultó curioso ese día que teniendo la bancada peronista dos ex ministros de Trabajo, Carlos Ruckauf y Graciela Camaño, y hasta un ex secretario general de la CGT, Saúl Ubaldini, no se haya presentado ninguna objeción de fondo al proyecto del gobierno.
• Limitaciones
Es más, la posibilidad de modificar el proyecto nuevamente partió del propio Tomada casi sin intervención de los legisladores. Pero les dejó algo en claro: en Diputados no se tocará una coma de lo sancionado en el Senado.
Eso significa que el gobierno quiere que cualquier cambio sea introducido en el Senado para que el proyecto se convierta en ley cuando ingrese en Diputados sin vuelta a la cámara de origen.
De más está decir que ayer se confirmó en el Congreso el sistema de obediencia debida al Ejecutivo por parte de los legisladores: cualquier modificación se introducirá sólo si lo permite Kirchner. Este principio quedó claro en las primeras rondas de consultas en el Senado, ya con el proyecto oficial en manos de la comisión del Trabajo. Ese cuerpo, presidido por el radical santacruceño Carlos Prades, anunció que el miércoles próximo fue invitado Tomada a la comisión para continuar con las consultas.
Y por primera vez el radical relativizó la idea del gobierno de tratar el proyecto el 19 de febrero: «Si no se puede tratar en el recinto la semana próxima, será la otra», y ratificó que el radicalismo votará a favor de la derogación de la ley.
Tal como esperaba el peronismo, el control que el radicalismo tiene de la Comisión de Trabajo del Senado puede ser un escollo para el gobierno en cuanto a los tiempos de aprobación. Incluso no se sabe todavía, y así lo explicó Prades, si habrá uno o dos despachos de comisión.
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