Antonio Aracre: "Podría destinarse el excedente que ingrese por retenciones para bajar la inflación en alimentos"

Economía

El CEO de Syngenta se refirió a la oportunidad que tiene el país ante la suba de los commodities. Y destacó la importancia de que el Gobierno pueda disponer de recursos para quienes más lo necesitan.

Periodista: La semana pasada participó de la reunión del Consejo Federal Argentina contra el Hambre, ¿qué balance hace de los anuncios que hizo el Presidente referidos a la ayuda social y cuáles serían los próximos pasos?

Antonio Aracre: Me parece que en una situación tan crítica como la actual, todavía se hace muy necesario cierto grado de asistencialismo. La tarjeta Alimentar proporciona una buena parte de ese asistencialismo de una forma eficiente, porque lo hace con una tarjeta que permite comprar solamente cosas que los chicos necesitan: básicamente el 90% son madres de uno o dos chicos pequeños. Por eso me parece que es muy importante lo que complementó a estos anuncios, que de por sí fueron muy interesantes. Fueron muy contundentes las palabras del ministro Guzmán, en el sentido de lo importante que es poder priorizar para un Gobierno, de manera tal que en un contexto de recursos escasos, se pueda disponer de estos de la manera más eficiente para quienes más lo necesitan. Entonces, este famoso tema de las tarifas y de pasar de un esquema “pro rico” a un esquema que sólo subsidie a quienes hacen un consumo muy limitado y no pueden pagarlo, me parece básico. Porque con esos subsidios innecesarios que dejás de otorgar, podés destinar dinero a otra cuestión que es muy importante que es, por ejemplo, combatir el desempleo y hacer obra pública. Es que uno de los grandes problemas que nos está dejando el coronavirus: un desempleo creciente.

P.: En este contexto, ¿qué rol puede jugar el sector empresario?

A.A.: Me parece que hay que tratar de acercarse y de conversar más. Muchas veces hay una mirada desde el sector público que en el sector empresarial sólo importa la rentabilidad y no se mira para nada la cuestión social, que hay una actitud muy desaprensiva. Y, desde el sector privado se mira al Estado como una máquina de fagocitar recursos e incrementar impuestos que te vuelven cada vez menos productivos o menos competitivo. Hoy la Argentina tiene una oportunidad increíble, que está dada por su gran ventaja comparativa frente a otras naciones, de ser un productor de commodities, en otros años muy subvaluadas y hoy, un poco por la pandemia, alcanzando valores históricos. Esto, por un lado, en esta alicaída balanza comercial y balanza de pagos que tiene Argentina, tan dependiente de los dólares y de las exportaciones, nos da una excelente oportunidad de poder recomponer eso. Porque seguramente entren a las arcas del Banco Central más de u$s10.000 millones adicionales como consecuencia de este cambio en los precios relativos de los commodities. Y en el balance fiscal, probablemente entren cerca de u$s3.000 millones, producto de las retenciones incrementales que se van a generar con esas exportaciones, que no estaban en el Presupuesto.

P.: ¿De qué manera se puede aprovechar, entonces, ese escenario?

A.A.: Esa oportunidad me parece que tiene que ver con buscar mecanismos compensatorios en el incremento de los costos de los alimentos. Porque cuando se habla de las retenciones como un mecanismo para compensar el incremento de los precios de los alimentos en el mercado local, desafortunadamente lo que está pasando es que no se están usando para eso. Las retenciones ingresan a la contabilidad pública como ‘rentas generales’ y se utilizan para cualquier gasto que tenga que ver con lo público. Sería interesante, como un mecanismo para proteger a los más vulnerables, bajar la inflación, sobre todo la de los alimentos, utilizar por lo menos este excedente de retenciones para compensar los incrementos de costos de los alimentos provenientes de los commodities. Así como se hace con los aceites, que se genera un fideicomiso que evita que los costos incrementales se trasladen al precio en las góndolas de los supermercados, por qué no hacemos lo mismo con las retenciones adicionales que se generan por estas exportaciones incrementadas que generan los precios de los commodities, para hacer un fideicomiso de asignación específica al fondeo de la compensación de los costos de los alimentos y de esa manera, trabajás sobre uno de los desafíos más grandes que tiene el Gobierno que es el de bajar la inflación, sobre todo en los alimentos. Esa es la mejor manera de ayudar a los más vulnerables, porque la inflación es un impuesto que pagan mucho más proporcionalmente que la gente adinerada. Y, entonces, les das a las retenciones la función que el Estado dice que cumplen: que es la de morigerar los precios domésticos de los alimentos. Al menos, el excedente que no estaba previsto.

P.: ¿Qué otras herramientas tiene el Gobierno a mano para poder combatir la inflación?

A.A.: Hay dos cosas que son importantes. Una, que creo que el Gobierno lo está haciendo bien, que es ser consciente que la emisión monetaria no es gratis. Y que emitir para distribuir sin respaldo, genera un proceso inflacionario que termina erosionando los mismos planes que vos querés lanzar. Por lo tanto, la financiación de cualquier tipo de política distributiva tiene que tener una financiación genuina, no puede ser con emisión. Y el segundo aspecto, que me parece muy importante y que todos los Estados del mundo lo hacen, es asegurarse que los mercados más importantes tengan un adecuado nivel de competencia, para evitar concentraciones que son normalmente las que después son más difíciles de controlar en materia de precios, porque tienen una dinámica que no se guía por las leyes económicas del mercado.

P.: ¿Cree que, por el impacto de la segunda ola, puede ser necesaria una nueva asistencia del Estado?

A.A.: Durante este año, el Gobierno con mucho criterio ha procurado proteger los sectores económicos y dejar que sigan funcionando lo más posible. Por supuesto, siempre hay algunos sectores que se ven más perjudicados, como puede ser el turismo o la gastronomía, habrá que ver qué tipo de ayuda pueden recibir esos sectores. Pero, en general, el resto de la economía se está moviendo a un ritmo razonable. Esta segunda ola frenó un poquito el proceso de reactivación que se venía viendo y que parecía realmente ser muy positivo.

P.: ¿Y qué perspectiva tiene en cuanto al empleo?

A.A.: Me preocupa mucho el empleo. Esta pandemia puso muy de manifiesto que algunas puestos no son tan necesarios. Que muchas de las formas de trabajo que solían existir pueden cambiar sin verse afectados los procesos productivos o comerciales. Esto es algo global, pero me parece que eso puede traer algún tipo de implicancia en la recuperación de los índices de empleo que teníamos prepandemia. Me parece que eso va a haber que mirarlo mucho, porque percibo que podría haber ahí algún problema que en el mundo todavía no hemos encontrado una solución adecuada. Hay cambios culturales y de hábitos que generan cambios que probablemente contraigan muchos puestos de trabajo y que todavía no se termina de ver cómo eso se puede compensar con la generación de otros puestos. No está tan claro ese proceso y por eso me parece que es importante, en ese aspecto, la intervención del Estado generando obra pública. Y por eso es importante que el dinero que se pueda invertir en obra pública no se invierta en cosas no productivas, como pueda ser subsidios innecesarios.

P.: ¿Cómo influye la calma del dólar de los últimos meses a la hora de pensar en inversiones?

A.A.: La calma de la economía es fundamental para saber dónde estás parado. Si vos tenés un grado de incertidumbre que descoloca las variables, automáticamente todos los procesos productivos tienden a detenerse, a pausarse. Tranquilizar la economía argentina es fundamental para la reactivación, para el proceso productivo.

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