EEUU: volvió la inflación, aunque todavía con visa de turista

Economía

Que hablen los números. Los precios al consumidor subieron 0,8% en abril en EE.UU. Sin alimentos y energía treparon más: 0,9%. Los precios mayoristas crecieron 0,6% (y la versión núcleo, 0,7%). El alza de los precios de importación fue de 0,7% y el de los precios de exportación, 0,8%. Así las cosas, por primera vez desde que abrazó el sistema de metas de inflación en 2012, la Fed no tendrá problemas en alcanzar su objetivo anual de 2%. La primera parte de su plan flexible está cumplida.

Adiós a la anemia. Que la suba de la inflación sea moderada y transitoria, la segunda parte, será más duro de conseguir. ¿O misión imposible? En los últimos doce meses, la inflación minorista fue 4,2%; la más alta en 13 años. La inflación mayorista se ubicó en 6,2% (y la “importada” en 10,6%). ¿Quién gobierna, Joe Biden o Jimmy Carter? ¿Se quebró la estabilidad un mes después que el Congreso aprobara su megapaquete fiscal? Un año atrás, la economía se encerró por el covid, y la “deflación” fue la norma. Conviene, pues, dejar de lado la comparación interanual y mirar la inflación que una economía que crece a tasas chinas fabrica en el presente. Que es mayor.

Los precios al consumidor remontaron 0,1% en octubre; 0,2% en noviembre y diciembre; 0,3% en enero; 0,4% en febrero; 0,6% en marzo y 0,8% en abril. Una escalera al cielo. La Fed proyecta una inflación de 2,4% en 2021. La velocidad de crucero del último trimestre móvil es 7,4%. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato? La Fed jura que no va a intervenir. No hay suba de tasas en agenda hasta, por lo menos, 2024. Richard Clarida, el número dos, se declaró sorprendido por las cifras pero no les declaró la guerra. El banco central prioriza cerrar la brecha de empleo -hay 8,2 millones de puestos de trabajo menos que antes del covid- y ni siquiera hizo mención al tapering, a la reducción de la compra de 120 mil millones de dólares en bonos por mes. ¿Podrá desentenderse? Una pista: cuando se aprobó el paquete fiscal, la tasa de diez años llegó a 1,75%. Dos meses después, y con la avalancha de registros inflacionarios, cerró el viernes en 1,62%. Conste que no existe activo más vulnerable a un salto imprevisto de la inflación que un bono a tasa fija del Tesoro. Corolario obvio: las expectativas de inflación están jugando un partido clave.

¿Qué tan grave es la situación? La noción de que se transita un camino de cornisa es correcta. La idea de que desbarrancamos, no. Todavía no. Pero el viaje continúa, la velocidad es máxima, y la visibilidad se nubló. Donde se esperaban un millón de puestos de trabajo apareció sólo la cuarta parte, y a su vez la inflación resultó más del doble. ¿Todo aumenta? Tampoco es cierto. El precio de los autos usados trepó 10% en abril. Explica por si sólo un tercio de la suba de precios minoristas. Otros dos renglones -pasajes aéreos y entradas a espectáculos- también escalaron 10%. Es el reflujo de la vida normal tras las penurias del covid. Pero si la inflación promedio fue 0,8%, la mediana arrojó 0,2%. O sea, la variación de la mitad de la canasta no superó dicho umbral. Inflación es el aumento sostenido y generalizado de precios, y el desborde se concentra en el 4,7% de la cesta de consumo. Vale acotar que la inflación mediana se mantiene estable desde febrero.

Estamos en un momento bisagra. La inercia no se detendrá y las presiones de costos que están por todas partes podrían socavar los remanentes de estabilidad. ¿Que la inflación promedio es la más alta en 13 años? ¿Y quién se acuerda de la inflación de 2007/8? Llegó a superar 5% y se transformó en una fugaz “deflación” de menos 2% con el drama subprime. Así son los precios de los commodities: muy flexibles. Una realidad era con el barril de crudo a 130 dólares y otra, pocos meses después, a 30. ¿Cuál es la opinión tácita de los mercados? La inflación de materias primas es temporaria, tiene visa de turista, no obtendrá la residencia; como viene, se va (eso sí, no será antes de 2022). Son mercados influidos, desde ya, por la prédica constante de la Fed. Sin embargo, el destino no está escrito en piedra. Será un año que viviremos en peligro, en especial, si muta el virus de la inflación. Existe vacuna, pero la Fed no piensa aplicarla. Confía en que bastará el anclaje de las expectativas para capear el temporal mientras el estímulo a destajo subsana los percances del empleo.

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