17 de noviembre 2021 - 00:00

La inflación sube más de lo esperado, pero el inversor confía

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Gentileza: Monitor económico

Siete meses después del ensayo de política económica más ambicioso en décadas, la inflación hierve en los EE.UU., sin señales de aplacarse. El mega-paquete que el Congreso le aprobó al presidente Biden -un ejercicio de política fiscal procíclica de 1,9 billones de dólares que se sumó a los 4 billones de dólares sancionados en tiempos de Trump- le quitó el bozal a la inflación desde marzo. En octubre, los precios minoristas treparon 6,2% interanual; la versión núcleo (sin energía y alimentos), 4,6%; y los precios mayoristas, 8,6%.

Todo por encima de lo mucho que se esperaba. La economía ya recuperó con creces su nivel de actividad pre-pandemia (aunque no el empleo). La inflación minorista es la más elevada en 30 años. Si se observa con cuidado, la inflación subyacente es una mancha de aceite que se esparce con mayor prisa. La inflación mediana es 3,1% (creció un punto porcentual desde marzo).

El contagio es ostensible. Ya no son los precios de los ítems relacionados con la pandemia (o los autos) los que explican el grueso del deslizamiento sino los demás, otrora calmos. Su contribución saltó en octubre. ¿Qué hará la Fed? Querrá ver la marcha del deflactor del consumo personal, que describe un ascenso más atenuado, y en especial cerciorarse sobre los alcances de la aceleración esbozada. Y comenzará a ejecutar el taper de la compra de bonos, cuyo tempo no podría ser mejor. ¿Y adelantar la suba de tasas? ¿No habría que drenar liquidez en vez de limitarse a inyectar una cantidad decreciente mes a mes hasta junio próximo? Eso no está en el libreto. Y nadie lo exige. Ni los mercados que ansían mayor rigor monetario.

A lo sumo la Fed podrá apurar el “taper”, pero nada más. ¿No se comerá la curva? La tasa de diez años en 1,58% - más baja que en marzo – no la espolea. La de dos años en 0,52% es compatible con un primer aumento de tasas recién a mediados de 2022 (y un refuerzo antes de terminar el año). La Bolsa, que acusó el impacto de las malas noticias, cerró el viernes con firmeza. Compréndase el cuadro: el shock inflacionario opera en un régimen monetario de alta credibilidad, y aunque la realidad corriente se estropea, las expectativas de estabilidad mandan en el mediano y largo plazo.

Dolor

Pero, ¿es efectivamente así? ¿No hay daño en las expectativas? La confianza del consumidor, tal como la mide la Universidad de Michigan, se desbarrancó a su peor lectura desde noviembre de 2012, y está mal herida desde agosto. La inflación es el principal dolor de cabeza. Y no se avizoran respuestas que mitiguen la pérdida de poder de compra. A un año, la inflación que el consumidor descuenta es 4,9%.

En un horizonte de 5 a 10 años merma a 2,9% (sin converger a la meta oficial de 2%). Claro que hay que tomar estos resultados con pinzas. El gasto del consumidor, a diferencia de su estado de ánimo, no ha flaqueado. Y, curiosamente, la confianza medida es una función sensible en extremo a la filiación política. Se ubica en el nivel histórico más bajo para los republicanos con una caída de 17 puntos porcentuales, pero no es tan dramática para los demócratas (-5,3 pp).

Es más, la templanza subió 3,4 puntos entre aquellos que son ajenos a cualquier bandería. ¿La inflación no los socava, acaso? Si el proceso persiste no se podrá relativizarla. Menos emocional, el mercado de bonos no tiene camiseta partidaria, y sí una vulnerabilidad absoluta a un desborde de precios. ¿Y cómo reacciona a estas vicisitudes? Con un desplazamiento vertical muy modesto de toda la curva de rendimientos que en ningún punto – ni siquiera a 30 años – supera 2%.

Son las contorsiones de la curva las que delatan su gran sensibilidad. Ya se dijo, es en la parte frontal de la curva donde se libra la batalla. La pendiente entre 30 años y 5 años se aplanó como nunca desde marzo 2020 cuando la pandemia se desató como una amenaza feroz sobre todo el mundo. Si la inflación insiste y se sale de cauce la banca central tendrá que cambiar sus planes; “y así lo hará, y tendrá éxito tarde o temprano”.

Ese es el mensaje de los mercados, hoy. No creen en una inflación crónica ni aun con la evidencia de una inflación más alta que la prometida por los autores del experimento. Dónde pareciera haber discrepancias es en la fortaleza de la actividad y el empleo.

La Bolsa que no se cansa de establecer récords despliega una visión boyante que contrasta con las tasas reales negativas que la curva de TIPS (los bonos del Tesoro ajustables por inflación) nunca abandonó. Si los bancos centrales tienen que pisar el freno de manera brusca, si se comen la curva y responden tarde, los TIPS podrían tener razón. Visto así, el dilema es si la política monetaria podrá abatir la inflación sin tener que forzar una recesión.

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