A los sistemas bursátiles del mundo, parece que les han inyectado «virus». No ya para afectar programas y discos, sino la mente, el entusiasmo, la esperanza de los operadores. Todo está flotando en una densa nube de peligros, de agresiones desatadas o en ciernes, haciendo que los mercados en general -los de riesgo, en particular- tengan que buscar gruesas corazas, si es que no quieren caer en una depresión sin control. Por ahora, el piso es móvil, y las reacciones se evaporan, en un «serrucho» que afecta a la mayoría. En tal escenario, Buenos Aires intenta no hacer caso de tales «virus» o procura neutralizarlos con sus propios -y muy originales- argumentos. Al menos, en lo que hace a la reducida comunidad bursátil y financiera, que prosigue en el circuito que les es afín. La gente común, es evidente que está muy lejos del recinto de 25 de Mayo.
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En la semana culminada, nuevamente tomamos la pista bursátil de contramano: todos iban para el lado de las bajas, pero aquí se salió adelante con casi 3 por ciento a favor, con el viernes marcando aumento de 1 por ciento, y cuando el Dow perdía en el período 2,7 por ciento y el Bovespa, más de 5 por ciento. Con no más de $ 18 millones, pero muy bajo nivel en CEDEAR, la etapa se retiró triunfal y con algunos papeles dejando 4 por ciento, 6 por ciento, hasta 7 por ciento de repunte (Francés, Transener, Telecom).
No deja de llamar la atención lo que producimos, en un ambiente hostil.
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