Todo estaba previsto hasta ayer a la mañana para que Angel Rozas, presidente de la Unión Cívica Radical; Horacio Pernasetti, jefe de la bancada de Diputados, y Carlos Maestro, del Senado, se reunieran en la Casa de Gobierno con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y luego tuvieran un breve saludo con Néstor Kirchner.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Así planteado, el encuentro no pasaba de ser otra clásica cita con radicales, bajo el pretexto de discutir disidencias en el Presupuesto 2004, la ley de Coparticipación y otros temas fiscales. Pero por la mañana, mientras desayunaban, Pernasetti y Maestro recibieron un curioso mensaje: desde la Jefatura de Gabinete les explicaron que la invitación se limitaba a Rozas, como jefe partidario.
Lo llamativo es que el día anterior la Jefatura les había confirmado en dos ocasiones la convocatoria a discutir con Alberto Fernández los temas en cuestión.
No contentos con la cancelación del encuentro para ellos, los legisladores pidieron más explicaciones. Y allí conocieron, por primera vez, el estilo de relación que Kirchner quiere tener con el Congreso y del que ya le habían hablado bastante en la intimidad sus compañeros del bloque peronista.
La excusa que recibieron de la oficina del jefe de Gabinete fue, al menos, extraña: «Queremos eliminar reuniones con las corporaciones, el Presidente dialoga con el Congreso a través de los canales institucionales y los mensajes que envía», dijeron desde la Casa Rosada.
Para conformar a los radicales, la Jefatura de Gabinete precisó su definición: «Esto no es algo con el bloque radical, es un estilo que aplicamos a todos. Que se olviden los diputados peronistas de los desfiles por la residencia de Olivos», dijeron recordando las cenas y reuniones que mantenían con las bancadas oficialistas tanto Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Eduardo Duhalde. De hecho, la Presidencia nunca confirmó fecha para el encuentro en Olivos que el bloque PJ pidió al comienzo de la gestión de Kirchner y que José María Díaz Bancalari prometió a su tropa en muchas de las múltiples ocasiones en que surgieron protestas dentro de la bancada por los pedidos del Ejecutivo.
Ayer no cayó bien en el Congreso que la Presidencia los tratara como una corporación, igualando al Poder Legislativo con cualquier grupo de presión que busca un interés particular.
Puede decirse, sin lugar a error, que la anécdota no es un hecho aislado, sino una clara indicación de cómo quiere relacionarse Kirchner con el Congreso. Y hay muchos antecedentes de esto.
Ya es una broma de todos los días entre diputados y senadores la forma en que Miguel Pichetto, Díaz Bancalari e incluso a veces Eduardo Camaño, se dirigen a la Casa Rosada para los encuentros que ellos sí mantienen con funcionarios. « Fueron a recibir órdenes», es el comentario general en desmedro de la independencia parlamentaria sabiendo que nadie en el Congreso habla con Kirchner salvo las cabezas de las Cámaras y los bloques PJ cuando debe decidirse un tema conflictivo.
Es públicamente conocida, también, la anécdota del día que los legisladores le plantearon a Kirchner su intención de mantener una representación legislativa en el Consejo Nacional Justicialista. Delante de Díaz Bancalari y Camaño, el Presidente les dijo: « Ustedes están sólo para recibir órdenes».
Esto no obsta a que los despachos de la Casa Rosada estén abiertos para continuar el diálogo con integrantes del «grupo Talcahuano», leales con denominación de origen kirchnerista, o, como sucedió ayer, a los «transversales» que siguen sumándose a la causa ahora con el nombre genérico de «grupo Rosada».
Dejá tu comentario