Nadie entendió este fin de semana por qué, cuando los mercados -empresarios, banqueros, inversores-le están pidiendo al gobierno que emita señales favorables al ordenamiento económico, Fernando de la Rúa decidió reunirse con sindicalistas. No una vez, sino dos. Porque el viernes, llevado por Enrique Nosiglia y Patricia Bullrich, el Presidente peregrinó hasta el sindicato de la Unión Tranviaria Automotor (UTA) para complacer a seguidores de Hugo Moyano, que le prometieron, antes de comenzar a comer, que le harán otra huelga. Un desatino, ese adelanto y la visita entera.
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El sábado, De la Rúa volvió a recibir a los gremios: en este caso, a los de la CGT dialoguista de Rodolfo Daer. Fue a primera hora de la mañana, cuando lo visitaron el propio Daer, Armando Cavalieri, Luis Barrionuevo, Carlos West Ocampo y Andrés Rodríguez para pedirle la renuncia de la Bullrich y de Héctor Lombardo, el ministro de Salud. Al lado del Presidente se sentó solamente Chrystian Colombo. • Demandas
El jefe de Gabinete se limitó a escribir en un papel las demandas que realizarían los voraces sindicalistas a lo largo del encuentro. De la Rúa casi no habló: escuchó, apenas hizo alguna pregunta y expresó varias veces su preocupación con gestos mudos. Comenzó Daer, haciendo un «racconto» sobre los pedidos que le habían formulado al gobierno «desde hace un año, y no nos han cumplido». Se refería a algo muy concreto: cientos de millones de pesos que pretenden recibir, aunque sea en bonos, por deudas no documentadas que le reclaman al Estado en concepto de aportes a sus «cajas», las obras sociales.
De la Rúa se mostró sensible al pedido, como todas las veces anteriores en que le fue formulado. Después pasó a escuchar a uno de los hombres que más conoce en el club sindical: Cavalieri. El veterano gremialista de los mercantiles cargó las tintas contra una de las víctimas del desayuno, la ministra Patricia Bullrich. «Nos engañó, Fernando, y te engañó a vos, que es lo peor», comenzó «el Gitano». Siguió así, ayudán-dose con las manos: «Ella te dijo que tenía acordado con nosotros el llamado a paritarias. Pero nunca habíamos arreglado nada. Es enorme el daño que te hizo y que le hace a los empresarios, porque nosotros vamos a pedir aumento de salarios. Quinientos pesos para el mínimo, y de ahí para arriba, en un festival». De la Rúa miró a Colombo, quien respiró hondo y apenas hizo una inclinación de cabeza casi indescifrable.
• Mentira
Daer se ensañó más con la Bullrich: «Fue a la OIT y nos mintió de nuevo habilitando a que las agrupaciones internas de los sindicatos se puedan inscribir sin demasiado trámite. ¿A las empresas les gustará tener más de un sindicato adentro, con más aportes patronales que los que existen hoy?». Después le tocó el turno a Carlos West Ocampo, quien le anticipó a De la Rúa: «Si las cosas siguen así, va a quebrar en su cara el sistema de salud, porque la crisis del PAMI arrastrará a todas las clínicas, sobre todo si piensan privatizarlo. Usted es amigo de él, pero debo decirle que Lombardo es un desastre». «La privatización del PAMI no va a suceder», dijo De la Rúa sobre el PAMI, casi en su única definición de la charla.
El encuentro terminó con un solo de Barrionuevo, quien le habló al Presidente en términos políticos: «Si usted no da una señal de auto-ridad, el país se va al pozo. Tiene que reunir al partido y encuadrarlo. En la Argentina conocimos el riesgo-país por el irresponsable de Chacho Alvarez. Pero él dañó a todo el mundo, porque usted no tuvo las agallas de echarlo en el momento oportuno. Si hasta los suyos, como Rozas, dicen que usted está superado. Y tienen razón. Haga algo antes de que sea tarde».
No faltaba nada más. El Presidente prometió seguir en contacto, y Colombo, más tarde, agradeció la visita y prometió una reunión en breve para que, en la línea de lo actuado con el PJ, los sindicalistas se sumen a un «compromiso nacional».
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