4 de junio 2002 - 00:00

La Crisis Bancaria Argentina: Sin recuperación a la vista

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La situación del sistema financiero argentino continúa siendo altamente crítica luego de los eventos de los últimos meses. Los problemas de los bancos incluyen una muy ajustada liquidez, flujos de fondos negativos, carteras de préstamos en deterioro, insolvencia, y un futuro incierto aún si logran superar sus dificultades más inmediatas.

En noviembre de 2001, el colapso total de la confianza en el sistema financiero argentino, exacerbado por la cesación de pagos por parte del gobierno, condujo a una dramática corrida de depósitos. La corrida culminó con la imposición de restricciones (aun en vigencia) a los retiros de efectivo y transferencias al exterior. A la delicada situación del sistema bancario se sumó el fin del régimen de convertibilidad, la devaluación del peso y la adopción de un conjunto de medidas orientadas hacia la pesificación de una economía que se encontraba altamente dolarizada. Para los bancos, esta “esdolarización”se llevó a cabo de manera asimétrica: los activos en dólares se convirtieron a pesos a la paridad 1:1, mientras que la tasa de cambio para convertir los depósitos fue de 1,4 pesos por dólar. Asimismo, se estipuló que tanto los activos como los pasivos pesificados debían ser indexados según la evolución del peligrosamente creciente índice de inflación. Por otra parte, los depósitos fueron reprogramados y sus vencimientos extendidos de uno a cuatro años. Estas medidas virtualmente eliminaron el patrimonio de los bancos y tuvieron tremendos costos reputacionales para el sistema. Aunque el gobierno anunció que estas pérdidas serían compensadas con nuevos títulos públicos, el valor de estos bonos es cuestionable por cuanto el gobierno está en default y la situación del sistema financiero es altamente crítica.

LOS CINCO PROBLEMAS PRINCIPALES DE LOS BANCOS LOCALES

Los bancos argentinos enfrentan las siguientes dificultades:

§ Extrema iliquidez. A pesar de la reestructuración de los depósitos y las restricciones a los retiros, el problema más urgente del sistema financiero argentino continúa siendo la liquidez extremadamente limitada de la mayoría de los bancos. Todos los depósitos que pueden ser retirados de acuerdo con las regulaciones están siendo retirados, y sólo una muy baja proporción se inyecta nuevamente en el sistema. Asimismo, las consecuencias de esta conducta se ven exacerbadas por el gran número de amparos judiciales que permiten que los representantes de los juzgados se presenten en las sucursales y retiren efectivo en nombre de los depositantes que habían iniciado demandas legales.
La primera víctima cobrada por la grave situación de liquidez del sistema fue Scotiabank Quilmes S.A., suspendido el 19 de abril de 2002. El nerviosismo provocado por la caída de Scotiabank Quilmes llevó al Banco Central a establecer un feriado bancario de una semana de duración y obligó al gobierno a diseñar nuevas alternativas en un intento por solucionar los aspectos más urgentes de la crisis de liquidez. Para este propósito, el Ministerio de Economía presentó al congreso el “lan Bonex” que consistía en otorgar a los ahorristas bonos del gobierno (Bonex) a modo de canje obligatorio por sus depósitos. La falta de cooperación del Congreso en la aprobación del Plan Bonex provocó la renuncia del Ministro de Economía Jorge Remes Lenicov. Con la cadena de pagos paralizada y la falta de efectivo producto del prolongado feriado bancario, el Congreso aprobó una ley extendiendo y tornando más engorrosos los procedimientos legales para ejecutar amparos judiciales a favor del secuestro de efectivo. La aprobación de esta ley brindó sólo una solución transitoria, pero permitió a los bancos reabrir sus puertas.

Los depósitos bancarios están disminuyendo mas de Arp2,000 millones por mes, y las reservas de liquidez del sistema financiero son mínimas (ArP9,000 millones, es decir, sólo el 25% del total de depósitos a la vista). En este contexto, la política de redescuentos y demás asistencia financiera del Banco Central resulta clave para decidir si muchos bancos continuarán abiertos o seguirán los pasos de Scotiabank Quilmes, ya que el total de depósitos a la vista asciende a ArP34 mil millones. Esto plantea un serio dilema para el gobierno. Aunque una política de mayores redescuentos contribuye a reducir el estrés en el sistema financiero, también ejerce más presión sobre el tipo de cambio y la inflación, ya que una nueva inyección de moneda local se convierte inmediatamente en mayor demanda de dólares en el actual contexto de falta de confianza. El Banco Central, consciente de esto, ha anunciado recientemente que sólo cuando el monto total de redescuentos brindado a un banco sea menor al 50% de su patrimonio, se autorizarán nuevos redescuentos de modo automático. En el caso de que los bancos excedan este límite, deberán aportar un monto de fondos similar a la asistencia requerida. Esta decisión del Banco Central constituye un intento por persuadir a los accionistas extranjeros a inyectar nuevos dólares en el sistema financiero argentino.

§ Flujos de fondos negativos. Dado que los bancos poseen un nivel de endeudamiento con el exterior significativo, la pesificación obligatoria de los activos introdujo un serio descalce de monedas en los flujos de fondos de los bancos. A medida que aumenta el tipo de cambio, los ingresos en pesos de los bancos resultan cada vez más insuficientes para cumplir con las obligaciones en dólares. Este problema fue luego exacerbado por la decisión del gobierno de eliminar la indexación por inflación para una amplia porción de los activos pesificados (préstamos hipotecarios e individuales), y, al incrementarse las presiones políticas, la indexación por inflación probablemente sea eliminada del resto de los préstamos que forman parte del activo de los bancos. Como resultado de estos flujos de fondos negativos proyectados, algunos bancos han comenzado a refinanciar y reestructurar su endeudamiento en dólares antes de verse obligados a cesaciones de pagos desordenadas. En este contexto, la exitosa reestructuración de deuda de Banco Hipotecario S.A. de marzo pasado ha sido probablemente la primera de una serie de transacciones similares.

§ Deterioro de la cartera de préstamos. Durante los últimos años, como resultado de la profundización de la recesión, los préstamos irregulares se incrementaron a un 14,5% en septiembre de 2001 desde un 10,6% en diciembre de 1998. No obstante, el fin del régimen de Convertibilidad, el cambio de reglas y el incumplimiento de contratos ocasionado tanto por la devaluación como por la pesificación de la economía, hicieron que muchas de las compañías antes solventes se vieran al borde de la quiebra. Este incremento de los préstamos irregulares al sector privado fue tristemente complementado por la amplia exposición del sistema financiero a un gobierno en default. Los créditos al sector público ascendían a dos veces el patrimonio total del sistema antes del anuncio formal de cesación de pagos por parte del gobierno.

§ Insolvencia. La vasta mayoría de los bancos locales son insolventes, ya que las medidas y eventos recientes han dejado a las instituciones financieras con patrimonio neto negativo. La exposición de los bancos a un gobierno en cesación de pagos no contabilizada a valor de mercado-, la pesificación asimétrica de activos y pasivos, el endeudamiento en dólares con el exterior -que reduce el patrimonio a medida que aumenta el tipo de cambio-, y el incremento de los préstamos irregulares han borrado el capital del sistema financiero, a pesar de que el relajamiento de las normas contables permita que los bancos presenten estados contables exhibiendo patrimonios positivos.

§ Falta de futuro. El daño en la reputación de los bancos causado por la imposición de restricciones sobre los retiros de depósitos y las dramáticas pérdidas sufridas por los depositantes como resultado de la pesificación y reprogramación de sus depósitos reducen las probabilidades de que las entidades financieras reanuden su rol de intermediación de fondos en un futuro cercano. Como consecuencia de la falta de fondeo de los bancos, los préstamos se verán sustancialmente reducidos y limitados al muy corto plazo, y es probable que el sistema financiero se vuelque a un perfil más transaccional. En este contexto, la escala de operaciones y el número de bancos deberían disminuir significativamente con el fin de adaptarse al perfil de negocios por venir.

DISCUSIONES PENDIENTES

Pese a la gravedad de la situación del sistema bancario argentino, desafortunadamente aún falta más por venir. El proceso abierto de negociación entre los bancos y el gobierno con respecto a la repetición del Plan Bonex o alguna otra alternativa para comenzar a levantar las restricciones a los depósitos, derivará en una fuerte contracción de los balances de los bancos, el comienzo de una reestructuración del sistema financiero, y, por último pero no menos importante, la realización de la pérdida del valor de los depósitos. Asimismo, el gobierno tendrá que comenzar a negociar con sus acreedores extranjeros, lo que también ejercerá un impacto importante en el balance de los bancos. Por último, cuando la situación se tranquilice, los problemas de cartera de préstamos de los bancos amenazarán a las entidades que permanezcan solventes.

En el pasado, Argentina tuvo un sistema financiero relativamente bueno, y los bancos crecieron hasta tornarse clave para el proceso de desarrollo que el país atravesó en los años 90. Las instituciones financieras extranjeras apostaron a la estabilidad, al potencial de crecimiento y la riqueza del país y su población. No obstante, los bancos prestaron en exceso al gobierno argentino, tal vez pensando que un escenario en el que las cosas podían salir mal era remoto, o en caso de ocurrir, esperando poder negociar una salida a sus problemas. Nunca sospecharon, como deberían haberlo hecho, que podrían verse arrastrados con la quiebra del país, ni tampoco pensaron que el gobierno diseñaría políticas que los perjudicara como lo hizo.

El sistema financiero del futuro en Argentina va a ser pequeño, con bancos privados orientados a una población de altos ingresos e instituciones estatales brindando ciertos servicios bancarios al resto de la economía. Eventualmente, si la economía reencuentra su cauce, se recuperará parte de la confianza y los bancos retornarán a su rol de intermediarios de fondos. Será difícil atraer y retener depósitos minoristas, lo que probablemente imponga un contexto de mayores tasas de interés en el futuro y, por lo tanto, un límite menor al potencial de crecimiento del país. No todos los bancos extranjeros dejarán el país, ya que al quedarse, aunque reduciendo sus operaciones a un mínimo, tendrán mejores posibilidades de recuperar parte de sus pérdidas. La enorme tarea de reconstruir el sistema financiero será difícil, pero necesita comenzar a hacerse en el corto plazo. Lo que se destruyó será difícil de recuperar, y llevará tiempo, un esfuerzo constante y reglas claras.

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