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Así, quienes quieran renovar sus negocios viales o competir contra quienes están operando los corredores por peaje deberían cotizar sus propuestas a partir de ese valor, y posiblemente accediendo a nuevas modalidades de cobro (peaje electrónico, fraccionamiento de distancias inferiores a los 100 kilómetros, etc.).
El ministro también les habría adelantado la posibilidad de crear el anunciado «fondo vial», un fiduciario en el que se depositarán los dineros provenientes del Impuesto a la Transferencia de Combustibles ( tres centavos por litro), que se destinarán a financiar nuevas obras.
«Los empresarios tendremos dos mecanismos para pagar ampliaciones de las rutas, obras nuevas, etc. Uno será lo que ingresa por los peajes; el otro, el fondo fiduciario», dice un alto ejecutivo del sector.
De algún modo, la iniciativa se emparienta con el denominado «Plan 10», propuesto hace un par de años por el experto Guillermo Laura, con la diferencia (no menor, por cierto) que este ex funcionario proponía cobrar 0,10 de peso por litro de combustible (progresivamente, a razón de un centavo por año) y eliminar de raíz el pago de peajes.
• Compensación
Queda claro que la caída que se producirá en los ingresos de los concesionarios por la reducción del precio-base del peaje se compensará en parte con el fondo vial que se creará con el impuesto a los combustibles.
Además, ministro y empresarios habrían conversado la posibilidad de incluir en esos pliegos el sistema de «peajes parciales» que regirá próximamente en el Acceso Norte. Este garantizaría a quienes transiten tramos inferiores a los mencionados 100 kilómetros el pago de una fracción de ese importe, siempre y cuando tengan en su parabrisas el «transponder» del peaje electrónico.
La idea es recortarles costos tanto a los transportistas como a los operadores de las rutas, dado que no haría falta atender con personal las cabinas de cobro, que serían (en los casos de peaje fraccionado) apenas antenas lectoras de los transponders.
• Ejemplo
Desde ya, quien no tenga el aparato pagará tarifa completa a la entrada o a la salida de la ruta que transite, allí donde haya cabinas. Incluso algún empresario llevó a la mesa del ministro el ejemplo de los accesos a Toronto -en Canadá-, donde quienes no usan el peaje electrónico pagan el doble que quienes lo hacen.
Habrá que ver, sin embargo, si se justifica colocar «en medio de la nada» un pórtico lector de transponders, cuyo costo ronda los u$s 10.000 por unidad.
Otro empresario del sector se mostró cauto ante los anuncios: «Es un poco prematuro el momento para opinar; el martes (mañana) nos reuniremos en la Cámara de Concesionarios Viales para considerarlos. Por ahora nos parecen expresiones de buenos deseos, que habrá que ver cómo se llevan a la práctica».
Cabe recordar que el régimen anunciado el viernes sólo se aplica a las rutas nacionales: las rutas provinciales no entran en la jurisdicción de Bastos (el ejemplo más claro es la Ruta 2, que une la Capital Federal con Mar del Plata, y cuyo costo es muy superior a los 0,75 de peso propuestos); tampoco los puentes por peaje, el Túnel Subfluvial Hernandarias y los accesos a la Capital Federal (Norte, Sudeste, Oeste, Ezeiza-Cañuelas).




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