15 de enero 2002 - 00:00

La verdad sobre el llamado "corralito"

La prensa -sobre todo el monopolio «Clarín»- ha explicado extensamente y al detalle cómo se podrán sacar con cuentagotas los 61.000 millones de pesos retenidos por la fuerza en el sistema financiero. Es necesario conocer cuánto y cuándo se podrán retirar fondos (ver nota vinculada).

Pero lo que destaca y agota más a un diario como Ambito Financiero en estos días es que desde sus directivos hasta sus periodistas son graduados universitarios en Ciencias Económicas. Conocen tanto como los funcionarios con quienes conversan día a día y lo hacen también con equipos privados, empresarios, banqueros, comerciantes, dirigentes. Dialogan más que, inclusive, los funcionarios del gobierno, que prefieren elucubrar soluciones agrupándose entre ellos en despachos sin conversar con las fuerzas vivas de la sociedad, de aquí y del exterior.

Por eso la información de este diario va más allá que glosar o desmenuzar el dirigismo oficial: expone qué consecuencias tendrán y qué otras soluciones existen para que la sociedad pueda juzgar. Así decíamos ayer que si se dejara a los propios banqueros conversar con los 136.000 grandes aportantes en todo el país con fondos retenidos por más de 50.000 dólares, el drama del «corralito» se reduciría bastante.

Pero este gobierno suma dirigismo, elevado estatismo y populismo, por si le faltara poco. Entonces quiere resolverlo todo sin dejar nada al diálogo de partes afectadas. Es como si se hubiera puesto la Bandera para nacionalizar todos los depósitos del «corralito».

No dejar solucionar -o intentar hacerlo, porque no es fácil- a deudores y acreedores de esos fondos aprisionados más tarde o más temprano va a derivar en corrupción: un banco sin coimas puede arreglar una solución a cada depositante con fondos aprisionados. Si la solución va por el puente del funcionario, la corruptela está a un paso acechando.

Además, Ambito Financiero no ata su información diaria a negocios que esté intentando hacer la editorial, como hace el monopolio «Clarín» con el duhaldismo-alfonsinismo.

Sirviendo, entonces, estrictamente a la verdad, les decimos a lectores afectados por plazos fijos, de cajas de ahorro o de cuentas corrientes inmovilizados que se graben o recorten esta frase porque, aunque dolorosa, lamentablemente es la verdad inocultable:

EL «CORRALITO» BANCARIO NUNCA PODRA SER SUPRIMIDO, MAS ALLA DEL CUENTAGOTAS PARA MINIMAS EXTRACCIONES, HASTA QUE EL GOBIERNO QUE SEA, DUHALDE U OTRO, NO PUEDA TENER CIERTA CERTEZA DE QUE CON LAS PUERTAS TOTALMENTE ABIERTAS, VOLUNTARIAMENTE LA MAYORIA DE LOS FONDOS PERMANECERAN DENTRO DEL SISTEMA.


Es fácil de entender. Si abrir la puerta algún día significa que los fondos del «corralito» salen en billetes para comprar dólares o simplemente mantenerse en cofres o en casas particulares fuera del sistema financiero, no se abrirá. No puede ser -por más injusto que esto sea para el público dueño de esos fondos- porque estallaría el sistema financiero, estallarían las empresas si se las obligara a cancelar antes sus créditos para pagar a los del «corralito» o estallaría la Argentina en una tercera hiperinflación porque la presión sobre el dólar libre llevaría el precio a niveles exorbitantes, algo que también concluye en hiperinflación.

¿Cómo se logrará, algún día, poder abrir totalmente el «corralito» sin que la gente se lleve todo de los bancos? Hay sólo una fórmula: que vuelva al público
la confianza en el sistema, en el gobierno, en creer que dejar esos fondos allí no será objeto de nuevas encerronas autoritarias, que sacarlos para comprar dólares (si tenía pesos) ya no vale la pena por el alto precio a que derivó la divisa norteamericana.

Un gobierno como el de Eduardo Duhalde -apoyado en el radicalismo de tan mala fama como es el alfonsinismo, más Leopoldo Moreau y Federico Storani- más Aníbal Ibarra y el frepasismo residual, opuesto a su vez a las grandes empresas y a los organismos internacionales y Estados Unidos, no tiene chance de lograr esa confianza pública que alguna vez le permita abrir las puertas del «corralito».

Este es el gran problema de la Argentina hoy: estamos en default, sin crédito interno ni externo, con crispación social que deriva en enfrentamientos ya entre sectores de la población, con gente con los nervios crispados por sus problemas personales, con más de dos millones de desocupados, con 42 meses de recesión, con productores que no exportan, con industriales que están agotando sus stocks, perdiendo el Estado mes a mes recaudación genuina fiscal por la convulsión, con la economía parada, con las cadenas de pago interrumpidas (además de haber perdido los acreedores 40% del valor de sus facturas en relación con el dólar «oficial»), con sueldos y aguinaldos que no se pagan o se pagan tarde y con pérdida de poder adquisitivo frente a la suba de precios. El drama es que todo esto subsistirá y se acrecentará por un «Plan Reyes» totalmente equivocado con relación a las necesidades actuales de un país quebrado.

Hasta donde haya tiempo -mientras no se empeoren las cosas con esta política equivocada- dolarizar sería una solución complicada pero mucho mejor. Por lo menos los ciudadanos sufrirían sabiendo que ya iniciaron el largo y doloroso camino de la recuperación.

Ahora no estamos en camino a nada. Probablemente sí a ahondar la crisis.

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