La verdad sobre el llamado "corralito"
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Sirviendo, entonces, estrictamente a la verdad, les decimos a lectores afectados por plazos fijos, de cajas de ahorro o de cuentas corrientes inmovilizados que se graben o recorten esta frase porque, aunque dolorosa, lamentablemente es la verdad inocultable:
EL «CORRALITO» BANCARIO NUNCA PODRA SER SUPRIMIDO, MAS ALLA DEL CUENTAGOTAS PARA MINIMAS EXTRACCIONES, HASTA QUE EL GOBIERNO QUE SEA, DUHALDE U OTRO, NO PUEDA TENER CIERTA CERTEZA DE QUE CON LAS PUERTAS TOTALMENTE ABIERTAS, VOLUNTARIAMENTE LA MAYORIA DE LOS FONDOS PERMANECERAN DENTRO DEL SISTEMA.
Es fácil de entender. Si abrir la puerta algún día significa que los fondos del «corralito» salen en billetes para comprar dólares o simplemente mantenerse en cofres o en casas particulares fuera del sistema financiero, no se abrirá. No puede ser -por más injusto que esto sea para el público dueño de esos fondos- porque estallaría el sistema financiero, estallarían las empresas si se las obligara a cancelar antes sus créditos para pagar a los del «corralito» o estallaría la Argentina en una tercera hiperinflación porque la presión sobre el dólar libre llevaría el precio a niveles exorbitantes, algo que también concluye en hiperinflación.
¿Cómo se logrará, algún día, poder abrir totalmente el «corralito» sin que la gente se lleve todo de los bancos? Hay sólo una fórmula: que vuelva al público la confianza en el sistema, en el gobierno, en creer que dejar esos fondos allí no será objeto de nuevas encerronas autoritarias, que sacarlos para comprar dólares (si tenía pesos) ya no vale la pena por el alto precio a que derivó la divisa norteamericana.
Un gobierno como el de Eduardo Duhalde -apoyado en el radicalismo de tan mala fama como es el alfonsinismo, más Leopoldo Moreau y Federico Storani- más Aníbal Ibarra y el frepasismo residual, opuesto a su vez a las grandes empresas y a los organismos internacionales y Estados Unidos, no tiene chance de lograr esa confianza pública que alguna vez le permita abrir las puertas del «corralito».
Este es el gran problema de la Argentina hoy: estamos en default, sin crédito interno ni externo, con crispación social que deriva en enfrentamientos ya entre sectores de la población, con gente con los nervios crispados por sus problemas personales, con más de dos millones de desocupados, con 42 meses de recesión, con productores que no exportan, con industriales que están agotando sus stocks, perdiendo el Estado mes a mes recaudación genuina fiscal por la convulsión, con la economía parada, con las cadenas de pago interrumpidas (además de haber perdido los acreedores 40% del valor de sus facturas en relación con el dólar «oficial»), con sueldos y aguinaldos que no se pagan o se pagan tarde y con pérdida de poder adquisitivo frente a la suba de precios. El drama es que todo esto subsistirá y se acrecentará por un «Plan Reyes» totalmente equivocado con relación a las necesidades actuales de un país quebrado.
Hasta donde haya tiempo -mientras no se empeoren las cosas con esta política equivocada- dolarizar sería una solución complicada pero mucho mejor. Por lo menos los ciudadanos sufrirían sabiendo que ya iniciaron el largo y doloroso camino de la recuperación.
Ahora no estamos en camino a nada. Probablemente sí a ahondar la crisis.




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