Lo que -dicen- no quieren que realice el inversor foráneo es lo que, necesariamente, concreta en sus vuelos el inversor nativo que se arriesga. Todo en corto, todo en corto, saltando de rama en rama. Descansando para volver a ingresar, picoteando aquí, revisando allá... y así se viene consumiendo casi medio año, con una tendencia de mediano plazo que es desaparecida por estos lares. La de largo plazo ha «fallecido» hace mucho tiempo como opción de nuestro mercado, víctima de circunstancias políticas y económicas que cada vez se ensañaron más con la inversión de riesgo.
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Basta con recorrer la estadística, la relación de precios y volúmenes para advertir que las «golondrinas» que han quedado son de raíz autóctona. Y pretender que el de afuera venga a desempeñar el papel del tonto, con condiciones distintas en cuanto al manejo de sus fondos, se cae por lo absurdo del planteo. Lo único que puede lograrse es que las que pudieran llegar a entrar, cambien de rumbo. Y que algunas de las nuestras plieguen alas, frente a temores.
Con baja temperatura en los paneles, se retiró la plaza del pasado viernes; ayer tuvo ocasión el operador de ver cómo abría la semana en los referentes habituales. Pero respecto de incentivos, nada ha variado, salvo las habituales chicanas políticas, de quienes todo lo piensan para octubre. En tanto, hay un país que corre ahora, que pide un marco más claro, y con reflejo en su Bolsa.
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