Roberto Lavagna polemizó ayer por primera vez con el designado presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, sobre el valor que debería tener el dólar. Prat Gay había sugerido bajarlo hasta tres días, al hablar en el Senado, en los 2,8 pesos. Sin embargo, ayer el ministro de Economía aseguró que «nuestra intención es mantener el tipo de cambio donde está actualmente». Para Lavagna el dólar debería estar en los $ 3,5 actuales por varios años más (por lo menos hasta fines de 2004), como condición fundamental para crecer 4% en promedio anual en una década.
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Sólo luego de que «la Argentina consiga un nivel de estabilidad económica y de competitividad estructural del tejido industrial, se puede pensar en un tipo de cambio de entre 35% o 40% por encima del nivel de la convertibilidad», dijo el ministro. Lavagna expuso su posición sobre el tipo de cambio ante un auditorio especial-mente receptivo a ese fin: cerró ante más de 300 empresarios el «Seminario para el desarrollo», organizado ayer por el grupo Techint, que citó a la mayoría de sus proveedores y clientes. Más allá de algunas diferencias, Lavagna encontró tanto dentro de la cúpula de Techint como de los invitados un apoyo cerrado a su posición.
El ministro de Economía, como viene siendo su línea de las últimas semanas, no desperdició la oportunidad de embestir nuevamente contra la convertibilidad. El mecanismo elegido para criticar el uno a uno entre el peso y el dólar fue la siguiente comparación: «Es posible sancionar una ley que diga que la gravedad no existe, pero no es posible evitar que esa ley exista». Esto mismo se produjo «con la convertibilidad y con un tipo de cambio irreal». Completó la ironía afirmando que «ser un experimento o una curiosidad tuvo un alto costo» y reco-mendó «no escuchar los cantos de sirenas y las soluciones simplistas».
Lavagna, de buen humor, distendido y afable, aprovechó la oportunidad para ir más allá de una exposición de su visión sobre el nivel que tendría que tener el dólar y desarrolló lo que para él debe ser un plan económico para aplicar durante por lo menos una década. Mencionó los siguientes puntos:
• En 10 años la Argentina puede crecer a un promedio de 4% anual, lo que implica un incremento del PBI de 48% con ingresos por u$s 200.000 millones.
• El equilibrio fiscal es esencial. En las fases altas del ciclo, hay que aumentar reservas para usarlas en los momentos de caída, si se quiere por políticas neokeynesianas.
• La crisis financiera de la Argentina demuestra que la solidez de un sistema bancario no depende de la propiedad (local o extranjera) de las entidades, sino de un sistema macroeconómico sólido.
• El Mercosur debe ser considerado ya como nuestro mercado interno. Como una base para nuestra especialización productiva.
• No nos engañemos con las exportaciones. Son importantes para sacar al país, para hacer punta. Pero sólo representan 15% de la demanda. Si el mercado interno no se tiene en cuenta, iríamos nuevamente a un fracaso. El consumo representa hoy 80% de la demanda y es antieconómico, antipolítico y antisocial ignorarlo. Aumentar la competitividad no depende de tener salarios bajos, sino todo lo contrario. Los países con demanda interna competitiva y hasta sofisticada son los que avanzan.
• El derecho de propiedad es la base esencial de toda sociedad organizada, progresista y moderna. Sin embargo, no se desarrolla en el vacío. Requiere políticas que lo hagan sustentable. La experiencia reciente demuestra la inutilidad de declamar los derechos de propiedad cuando los desajustes macroeconómicos se encargan de destruir leyes, reglas y contratos.
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