Lavagna pidió al Congreso una ley para la pesificación

Economía

Roberto Lavagna presentó ayer al Congreso el proyecto de Presupuesto Nacional para el 2003 y le pidió a los legisladores que ratifiquen por ley todos los decretos de necesidad y urgencia que dictó el gobierno de Eduardo Duhalde sobre pesificación, normas del corralito y reestructuración del sistema financiero. De aceptar esa medida el Congreso estaría modificando la naturaleza jurídica de esas normas y, por lo tanto, cambiando también el escenario legal que hoy dominan las decisiones de la Corte Suprema. Será muy difícil que los bloques del Senado y Diputados se pongan de acuerdo en apoyar una medida de ese tipo, pero de lograrlo el gobierno ganaría un año más en la pelea con el máximo tribunal.

En una presentación ante la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados, que estrenó ayer como presidente al peronista jujeño Carlos Snopek, el ministro explicó los lineamentos del Presupuesto 2003 y el nuevo sistema de cálculo para las partidas y la actualización por inflación.

• Ahorro

El gasto total se estimó en $ 66.100 millones, considerado por Lavagna el más bajo de la década en término de Producto Bruto. El «ahorro» publicitado por el ministro se justificó en «un cuarto por el no pago de intereses de la deuda y tres cuartos por la reducción de gasto por la nominalización de partidas»
. Lo cierto es que después de 10 años de convertibilidad los diputados tuvieron que comenzar a aprender ayer cómo se elabora un presupuesto con inflación, algo que había sido olvidado por los presentes o que simplemente nunca habían visto como legisladores.

Fue entonces cuando Lavagna pronunció una frase que pareció tener preparada desde hacía tiempo: «al país no le hace falta la convertibilidad para tener estabilidad económica». Allí explicó el método utilizado para calcular la actualización de partidas presupuestarias en base al incremento del índice de precios al consumidor estimado en 22%, pero no de forma directa sino tomando en cuenta un esquema de partidas «privilegiadas» y «desprivilegiadas», nombre que creó en el mismo momento de su disertación. Aprovechó también para publicitar ciertos niveles de estabilidad registrados en los últimos dos meses: «gracias a que se mantiene la indexación lo más encapsulada posible».

En cuanto al resultado financiero el ministro explicó que «el Presupuesto del Sector Público Nacional proyecta, para el ejercicio fiscal 2003, un resultado financiero deficitario de $ 3.223,0 millones, equivalentes a -0,60 puntos del PIB», explicado también como el menor en una década, «Si a este resultado se le deduce el monto de los intereses de la deuda por $ 14.884,3 millones, se obtiene un superávit primario de $ 11.661,3 millones, equivalente a 2,18 puntos del PIB», dijo.

Esos resultados, obviamente, a que la devaluación permitió licuar el gasto público y multiplicar la dimensión del producto en pesos.

Las proyecciones macroeconómicas utilizadas para elaborar el presupuesto fijan un PIB de $ 533,726 millones y un consumo estimado de $ 406.955 millones. La inversión fue estimada en $ 59.797 millones, las exportaciones en $ 117.601 millones y las importaciones en $ 66.901 millones. De esa forma se proyecta un crecimiento real de la economía de 3%, pero gracias a la devaluación se convierte en una suba nominal de 49,5%. Las exportaciones tienen un crecimiento proyectado de 5,2% y las importaciones de 24,1%.

Dentro de esas proyecciones el ministro incluyó una partida de «3.500 millones de pesos de libre disponibilidad» para el próximo gobierno y
fijó el valor del dólar como base de cálculo para el 2003 en 3,63 pesos.

En materia de recursos el ministro presentó una proyección demasiado optimista con incrementos en la recaudación tributaria que no se justifican ni siquiera tomando el cuenta el incremento de precios por inflación. Y de hecho esa es la explicación que Economía incluyó en el mensaje al Congreso: «El fuerte crecimiento proyectado en la recaudación nominal se explica, principalmente, por el aumento esperado en el nivel de precios. También incidirán en forma positiva la mejora en la actividad económica, las mayores importaciones, las modificaciones ya realizadas durante el presente año y a introducir próximamente en el sistema tributario».

El ministro aclaró que no habrá «impuestazos» en el presupuesto para el año próximo, aunque explicó que los cambios en impuestos se limitarán a los proyectos ya presentados en el Congreso para eliminar exenciones tributarias a los beneficiarios de los planes de competitividad y los subsidios a los combustibles en la región patagónica:
«La presión tributaria no subirá», dijo.

También incluyó en la mejora en los ingresos la modificación al impuesto a los combustibles que elimina la suma fija que hoy se aplica para pasar a un sistema de alícuotas porcentuales. Este proyecto, que será enviado al Congreso, fue ideado por Economía para beneficiar a la recaudación con la suba del precio de los combustibles.

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