29 de abril 2002 - 00:00

Lavagna viaja al FMI con los gobernadores del PJ

De las condiciones que el Fondo Monetario Internacional le exige a la Argentina antes de llegar a un acuerdo que implique algún desembolso de dinero «fresco», hay una que preocupa especialmente a Roberto Lavagna. Se trata de los acuerdos provinciales sobre reducción del déficit fiscal. A este problema le dedicó el ministro sus primeras horas en el cargo. De eso habló con funcionarios internacionales, del Tesoro de los Estados Unidos (John Taylor) y del Fondo (Ann Krueger). También sobre ese punto dialogó en privado con varios gobernadores y con el ministro del Interior, entre el sábado y ayer por la mañana.

«Estamos para firmar, no vemos otro camino. Se lo dijimos a (Eduardo) Duhalde y te lo decimos a vos ahora». Este fue el mensaje principal que se llevó Lavagna de la reunión que mantuvo la mañana del sábado con los gobernadores de las tres provincias «grandes», Carlos Reutemann, Felipe Solá y José Manuel de la Sota. Lo mismo trasmitió también ayer a primera hora el salteño Juan Carlos Romero, reunido con el ministro en el Palacio de Hacienda.

De estas conversaciones, que Lavagna extendió por vía telefónica a otros mandatarios, se desprendían anoche varios corolarios:

• En principio, esta semana comenzarán a firmarse los convenios bilaterales entre Nación y las provincias sobre la base de un formulario que se repartió en Olivos durante la «terapia de grupo» del sábado. Romero le señaló ayer a Lavagna que Salta podría estar entre las primeras en firmar y Rubén Marín dejó entrever que él también está en condiciones de encabezar la fila india.

La suscripción de estos acuerdos debe consumarse antes del 15 de mayo, fecha en que la Argentina enfrenta un vencimiento de u$s 800 millones con el Banco Mundial. Pero los gobernadores están alentados por la información que les acercó Jorge Remes Lenicov el miércoles por la mañana, en Olivos, cuando -ya renunciado-les contó el viaje que había realizado a Washington el fin de semana anterior. Remes contó allí que «el pacto para bajar el déficit consolidado de todas las provincias es una condición 'sine qua non' pero encontré mayor flexibilidad: hay que reducir el rojo a cero pero en dos años y medio». Nadie entendió ese plazo como una concesión demasiado generosa por más que la mayor exigencia es la que se plantea este año: reducir en 60% el déficit, que no debe superar 0,3% del PBI.

•Términos

Sobre estas premisas se basó la conversación de Lavagna con los mandatarios de las tres provincias «grandes», quienes manifestaron la disposición a firmar el convenio. Con Solá hubo, además, algunos comentarios más específicos, tal vez porque el bonaerense es quien conoce al ministro desde más antiguo: tal como recordaron en esa tertulia, le realizó una entrevista como coordinador del área de Transportes del Ministerio de Economía en 1974, cuando el actual gobernador era periodista «free lance» de la revista «Movimiento» de Miguel Saiegh. El problema que los detuvo, previsiblemente, fue el patacón. «No sé por qué lo critican si permite que haya movimiento económico sin emisión...» caviló Lavagna. Solá agregó un argumento que piensa esgrimir delante de Anoop Singh ni bien tenga una oportunidad: «Yo no puedo hacer una reforma del Estado, que ya de por sí genera conflictos, sin una fecha precisa para el pago de sueldos; el desorden sería tan grande que me quitaría autoridad moral para otro tipo de restricciones» le dijo el mandatario al nuevo ministro.

•Flexibilidad

No hubo determinaciones rígidas por parte de Lavagna sobre este punto. Lo único que se estableció con precisión es que esta semana comenzarán a firmarse algunos convenios de las provincias con Nación para exhibir ante el Fondo el compromiso por reducir el déficit.

• De la charla con los tres gobernadores, el sábado, pero sobre todo de la que el nuevo ministro mantuvo con Romero, ayer, se abrió otra posibilidad: que los jefes de provincia exhiban directamente delante del Fondo su propia vocación por modernizar la economía y someterla a pautas de equilibrio. «Quien más quien menos, todos tenemos algún conocido afuera y podemos hablar o, inclusive, acompañarte en algún viaje si pensás que eso puede agilizar la negociación» sugirió el gobernador de Salta.

El planteo pretende que el club de mandatarios de provincia saque provecho rápidamente del pasable cambio de clima que comenzó a verificarse en relación con ellos en Washington a partir del documento de 14 puntos que se emitió el miércoles pasado.

• El tejido de estos convenios hace desestimar cualquier cambio inminente en el Ministerio del Interior. Varios mandatarios hablaron en favor de Rodolfo Gabrielli delante de Duhalde, quien no sería proclive a reemplazarlo: de hecho, ayer hizo un gesto a favor del mendocino, quien fue el único político que compartió un partido de fútbol con el Presidente y sus amigos en la Quinta de Olivos.

• Otro funcionario que, por sugerencia de varios gobernadores, quedaría al frente de su oficina es Juan Carlos Pezoa, encargado de las negociaciones fiscales con los estados del interior. Ahora compartirá el esfuerzo, al menos desde el punto de vista político, con Alberto Coto, un ex diplomático, militante del PJ de Morón y diputado nacional desde 1999, a quien Lavagna designó como encargado de las relaciones externas del Ministerio.

• Si bien el nuevo titular del Palacio de Hacienda no entró en detalles, Duhalde deberá despejar un «ruido» aparecido en su relación con los gobernadores, a quienes inquieta el plan social que está llevando adelante Chiche de Duhalde, denominado «jefes y jefas de hogar». La irritación de los gobernadores aparece cuando advierten que el dinero ($ 150 por persona) se gira a los intendentes, sin que ellos puedan controlar ese flujo de fondos de manera directa. Los hombres de provincia objetaron delante de Duhalde este tipo de transferencias, por la que se sienten «puenteados». Además, temen que al quedar en manos del bonaerense Juan José Mussi, esos fondos «sociales» sean manipulados en contra del interior en la interna peronista. El Presidente, que estuvo tan concesivo en otras materias, no se comprometió abiertamente a modificar el decreto que dispuso ese circuito para el dinero asistencial, lo que aumentó las sospechas de los gobernadores.

Lavagna captó rápidamente, y lo dejó entrever en su discurso de Olivos, que el colegio de mandatarios del PJ es la estructura política más estable de las que quedan en pie en el país. El ministro pretende aprovechar el respaldo obtenido de esa tribu, alarmada por los devaneos «tercermundistas» de Duhalde. Por eso en las últimas 48 horas se encargó de tomar la palabra a los gobernadores, arrancándoles el compromiso del ajuste antes de que la rutina les haga olvidar el miedo al abismo que los ganó la semana pasada.

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