18 de febrero 2005 - 00:00

Les proponen a empresarios y CGT un ''pacto social dinámico'' posdefault

Les proponen a empresarios y CGT un pacto social dinámico posdefault
No sale de las trincheras de Roberto Lavagna -un ministro que pisará fuerte si le sale bien el canje de deuda-, sino del laboratorio experimental de otro ministro, Julio De Vido. Se trata del esbozo de un «acuerdo, consenso o pacto social dinámico» que se hizo llegar a gremialistas y directivos empresarios. El núcleo central de ideas proviene de Guillermo Moreno, secretario de Comunicaciones y bastante influyente en el área de De Vido. También agregó sus «reflexiones» un economista asesor del ministro de Infraestructura, Eduardo Curia. Hace más interesante este «esbozo» que en el principal núcleo de ideas que aportó el secretario Moreno se cree intervinieron economistas de renombre -y no estatistas-que habitualmente se reúnen con él, por ejemplo, Orlando Ferreres y Martín Redrado.

Se plantean las ideas «dándose una continuidad política -así se expresa- de base en 2007, como es de prever». O sea, sería un plan por ejecutar descontando una reelección de Néstor Kirchner dentro de dos años. Como efectivamente no se encuadra en ninguna línea madre clásica de la economía, sólo podría tener continuidad con este gobierno, aunque se desconozca cómo va a ser la época posdefault.

Es un proyecto en parte voluntarista (tiene propuestas imposibles de imponer, como «crecimiento sostenido y sustentable en lo externo», como si dependiera del país, que no tiene modelos exportadores encaminados, salvo los naturales, tipo agropecuario). Es también en parte dirigista (establecer «guidelines» o guías para encauzar la política de ingresos; fijar «bandas salariales»; también «aplicación juiciosa de mecanismos para la estabilidad de precios»; incluye la utopía de exigir que «los empresarios, mientras cumplen las pautas sobre remuneraciones, deben ratificar su decisión inversora», ignorando aquí que a la inversión la mueven sólo las expectativas y no las imposiciones desde el gobierno, salvo que sean inversiones del Estado y se sabe que terminan mal).

En la mezcla, sin embargo, hay propuestas de racionalidad económica, como «mayor adecuación de los planes asistenciales vigentes con vis tas al estímulo del trabajo genuino», aunque no pasa en el proyecto de un enunciado sin medidas concretas. También «créditos a largo plazo en favor de la inversión». Dice que «no conviene anular ni reducir retenciones» (fundamentalmente al agro), pero «sí reintegrar el impuesto ante el incremento de exportaciones». Es algo, pero voluntarista porque el campo no puede forzar ventas en un mundo de enormes subsidios agrícolas en los grandes bloques económicos.

El gobierno Kirchner no tiene estrategias plasmadas en libros ni en escritos a los que hagan referencia los funcionarios. Es un manejo de entrecasa de la administración del país con discursos nacionalistas y algunos iracundos. Este esbozo de plan socioeconómico para después del default -aunque no provenir del área del ministro Lavagna lo hace demasiado teórico- mostraría alguna idea de hacia dónde podría encaminar el país el gobierno. Aunque incluya algunas propuestas racionales dista de parecer algo sólido para asegurar el desarrollo de la Argentina. Fundamentalmente, trata de lanzar fórmulas para evitar la puja de los sindicalistas por los salarios, como ya se ha insinuado.

Pero son fórmulas, en general, endebles, teóricas muchas y no atacan los males de fondo del país como exceso de gasto público, exagerada rigidez laboral, sindicalismo corrupto, acendrados proteccionismos a ineficiencias industriales, escasez de población y más.

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