La posible llegada de Lionel Messi al Paris Saint Germain comenzó a gestarse el 23 de noviembre de 2010. Ese día, en el Palacio del Elíseo, la residencia presidencial francesa, el entonces jefe de Estado Nicolas Sarkozy almorzó en secreto con el emir de Qatar Tamim bin Hamad al-Thani y Michel Platini, que era en ese momento presidente de la UEFA y vicepresidente de la FIFA. Ese día, en nombre de Francia, el presidente de ese país determinó que le abriría la puerta a la propuesta del emir de liberar los controles financieros al ingreso de capitales de ese país para invertir en diferentes frentes deportivos, a la vez que la UEFA votaría a favor de la organización del mundial de fútbol de la FIFA del 2022. Qatar venció a los Estados Unidos, el favorito, de manera sorpresiva, y pese a que Platini ya había adelantado que apoyaría a este candidato. En declaraciones a Le Monde en 2016, Joseph Blatter recordaría el momento en que la UEFA adelantó el cambio de voto: ese “Platini me dijo que se le había pedido que vote a favor de los intereses franceses”. Seis meses después, el fondo Qatar Sports Investments compró el PSG; y comenzó la historia de la llegada de megafiguras del fútbol para integrar el conjunto francés.
Un acuerdo para liberar controles al ingreso de capitales: clave para la llegada de Messi al PSG
Fue durante un almuerzo en el Palacio del Elíseo, entre el entonces presidente Nicolas Sarkozy, el emir de Qatar Tamim bin Hamad al-Thani y Michel Platini.
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La intención oficial desde Qatar era doble. Desembarcar en una liga algo devaluada pero prestigiosa para fomentar el interés del emirato en el deporte, para justificar la imagen de un estado que en condiciones normales nunca podría haber siquiera soñado con organizar un mundial. Por otro lado, invertir dinero en un mercado donde los capitales árabes en general no eran bien vistos. Ni prestigiosos.
A cambio Francia garantizaba un doble factor indispensable para que el negocio funcione. No controlaría la llegada de capitales qataríes, ni pondría trabas a la desmesura de la inversión. Y lo mas importante: cada vez que hubiera sospechas sobre el origen ético del dinero, la razón la tendrían los emires del estado petrolero. Este fue el factor determinante para que Messi pueda recalar en el PSG y tener una alternativa viable según su salario, ante la obligación de su salida del Barcelona.
El club catalán debió desprenderse de su astro por el deber de respetar las reglas impuestas por la propia UEFA dentro del Fair Play Financiero, por el cual los ingresos no pueden ubicarse en más de un ejercicio del 70% de los gastos. Con Messi, ese porcentaje llegaba al 110%. Joan Laporta eligió la prudencia y evitar la quiera del club a no poder ni justificar ni manejar administrativamente una situación de virtual quiera financiera si aceptaba la renovación del contrato de Messi, aún con la rebaja del 50% dispuesta. Como dijo este medio el viernes pasado, ante el dilema, y apelando a la racionabilidad en ligar de la pasión; Barcelona eligió sostener los números de la entidad, su continuidad y darse por vencido ante la alternativa de mantener al mayor jugados de su historia.
Tanto La Liga como el gobierno español ya había aclarado que iban a ser inflexibles en el control de la norma que impone el Fair Play, con lo que no hubo alternativa. En España además, a diferencia de otros países europeos en cuyos campeonatos también rige la regla; hay una condicionalidad que hace imposible cualquier tipo de violación de los límites. En este país hay un muy estricto control del ingreso del dinero y de la fiscalización de los gastos e ingresos. No es el caso de Francia, donde la fiscalización de este tipo de movimientos financieros es laxa. Casi inexistente. El celo que se pone en España sobre el origen de los capitales del fútbol y del seguimiento del dinero mientras circule dentro del ese país, está plenamente controlado y vigilado; y es casi imposible que dólares o euros provenientes del lavado puedan hacer pie. Esto además de la aplicación a rajatabla del Fair Play Financiero, la causa que hizo que La Liga ya perdiera figuran como Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos.
Por el contrario, en Francia no se cuestiona el origen del dinero, siempre que las divisas lleguen de un estado y no desde privados. Esa es la clave de la operación de Leo Messi al PSG. Los millones de dólares necesarios para el desembarco parisino del argentino, serán aportados por un estado (Qatar), y no por algún inversor interesado en algún negocio; o simplemente lavar divisas. Es una llegada de dinero de un estado a una institución, lo que para Francia se trata de un movimiento justificable y no pasible de mayores controles. En definitiva, es una inversión más en un sector donde Francia es atractiva. Y, desde aquel almuerzo de noviembre del 2010, una alianza entre estados. La clave de la llegada de Messi radica entonces en la justificación que la liga francesa hará sobre la relación entre ingresos y gastos del PSG, donde el dinero para pagar a Messi será justificado simplemente como una aporte o inversión proveniente del estado qatarí.
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