El trimestre no fue, como podría pensarse, uno en el cual el mercado "se limpió de riesgos". Por el contrario, si algo quedó demostrado es que sus "tomadores" siguen activos. Esto se puede ver desde distintos ángulos. Mientras los bonos del Tesoro treparon (considerando títulos entre uno y diez años) 1,57 por ciento, la deuda de los países emergentes subió 2,08 por ciento, en tanto los "bonos chatarra" generaron un rendimiento total de 2,65%. Por el lado de las acciones, vemos cómo el índice Russell de las 2.000 cotizantes más pequeñas trepó 1,66%, en tanto el S&P 500 apenas si se apuntó 0,18%, quedando muy por detrás de 1% que subió el Nikkei, 1,79% de los países emergentes o 2,4% de las Bolsas europeas. Apetito por el riesgo, entonces, hubo.
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De todas formas, es claro que detrás de estos números también tuvimos una mayor apetencia por la seguridad. Así, los "junk bonds" treparon más que los emergentes ("para basura, prefiero la norteamericana") y las Bolsas del viejo continente ganaron más que las del Tercer Mundo ("acerquemos el dinero a casa"). Estos movimientos cierran al ver cómo la tasa de los treasuries a dos años se redujo en 23 puntos básicos, frente a sólo 5 que cayó la tasa a 10 años y 4 puntos que subió a 30 años.
Quien suponga que esto refleja el temor a una suba de la inflación en suelo yanqui no se equivoca, algo que corrobora 2,83% que subió entre diciembre y marzo el precio de los títulos indexados (TIPS) y la persistente inversión de la curva temporal de tasas. Pero dejemos de lado cuestiones tan arcanas y vamos a lo que ocurrió ayer. De un lado, el acostumbrado fárrago de anuncios de fusiones y adquisiciones de los días lunes más la suba del petróleo. Del otro, los pobres números del índice de manufacturas ISM. Como saldo, el Dow con muy bajo volumen trepando 0,23% a 12.382,3 puntos, tal vez con la simple excusa de que abril ha sido históricamente el mejor mes del año para "comprar" este índice.
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