Lo que Bush le dirá a Kirchner el martes
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• «Bolivia es un tema que hace a la seguridad nacional tanto de los Estados Unidos como de la Argentina. Ambos tenemos que trabajar juntos para asegurar la democracia en Bolivia. Si fracasamos en nuestra acción conjunta, Bolivia será un problema para ambos. Quizá nuestros dos países prefieran expresar su preocupación por el futuro de Bolivia de manera diferente, pero debemos actuar juntos en lo sustancial.»
• «Estados Unidos quiere que a la Argentina le vaya muy bien y quiere que a usted le vaya muy bien. Estamos dispuestos a demostrar nuestra amistad. Nosotros estamos orgullosos de poder ser sus aliados en la lucha contra la corrupción, el terrorismo y la defensa de la democracia y los derechos humanos.»
En el mismo borrador, se indica que Bush hará preguntas sobre la situación económica de la Argentina y, más específicamente, sobre la negociación de la deuda pública. Pero no hará comentarios cuando escuche las respuestas que le brinden.
En la Casa Blanca existe una gran sensibilidad respecto del modo en que el gobierno argentino transmita el contenido del encuentro ante la prensa. Sobre todo, por la experiencia de la primera entrevista, en Washington, oportunidad en que los voceros de Kirchner enfatizaron el consejo de Bush sobre una negociación fuerte con el Fondo Monetario Internacional y los acreedores, como si estuviera recomendando una actitud conflictiva o remisa a cumplir con los compromisos financieros.
Del lado argentino, más allá de la bravuconada de ayer -o, mejor dicho, mucho más después de ella-, los funcionarios pretenden devolverles a las tratativas el clima menos excitante que tenían antes de los dichos de Noriega. La primera señal de moderación la conocerá hoy el presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Dennis Harstet, quien será recibido a las 10 por Kirchner en la Casa Rosada. Harstet, diputado por el estado de Illinois, es el tercero en jerarquía entre las autoridades electas de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, en el Senado, el vice-presidente Daniel Scioli y los senadores Miguel Pichetto y Mario Daniele recibirán a cuatro senadores estadounidenses que acompañan a Harstet en su gira sudamericana. Son Thad Cochran, Mike Dewine, Patrick Leahy y Pat Roberts. Los cuatro forman parte de la comisión de asuntos agrícolas, pero hay que prestarle atención a uno de ellos: Roberts, quien fue diputado por varios períodos, va por su segundo mandato como senador por Kansas y preside la comisión de Inteligencia del Senado, lo que lo convierte en un candidato a ocupar la dirección de la CIA si se releva allí a George Tenet.
• Ensayo doméstico
El encuentro de Kirchner y de Scioli con estos congresales era preparado ayer como un ensayo general, doméstico, de la entrevista con Bush del martes por la mañana. Es decir, para enfrentar a estos viajeros se recabaron informaciones y se pulieron argumentos, sobre todo en la Cancillería. El cuadro general que arrojó ese trabajo podría sintetizarse así:
• El marco amplio en que se desarrolla la relación entre Estados Unidos y la Argentina beneficia hoy a Kirchner. En primer lugar, porque en Washington existe un gran temor por la inestabilidad de los países de la región y eso vuelve al gobierno norteamericano más tolerante frente a posiciones antipáticas de los gobiernos. Respecto de la Argentina, existe, además, un sentimiento de culpa peculiar: aturdida por el ataque terrorista contra las Torres Gemelas, la administración no prestó demasiada atención al derrumbe del gobierno de Fernando de la Rúa, al que aisló en términos de financiamiento.
• Desde esta perspectiva, la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada agrega valor a la estabilidad política que se verifica en el país, donde Kirchner puede presentarse como un gobernante de la Constitución que preside un gobierno con juego institucional pleno. Pero también por la importancia que le concede Washington a la situación de Bolivia en términos de estabilidad subcontinental. Sólo puede entenderse la dimensión de este desvelo si se advierte que el Departamento de Estado y la CIA están dominados por la hipótesis de que un avance de los cocaleros en Bolivia podría servir para que la guerrilla colombiana de las FARC ensaye una expansión hacia el Sur. En este contexto, la suspensión de ejercicios militares conjuntos que provocó el gobierno argentino luce en toda su gravedad.
• En el gobierno de Kirchner -lo conversó ayer Bielsa con el Presidente durante una reunión a solas-, están convencidos de que el problema de la gobernabilidad boliviana es más importante para Washington que la mayor o menor simpatía que pueda haber entre el gobierno argentino y el régimen de Fidel Castro. Sobre todo, porque la votación sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, en la ONU, tendrá lugar recién en abril. Es cierto, la dictadura de Castro es un tema de campaña para el gobierno de Bush, que aspira a conseguir en el voto latino de Florida la diferencia que le permita retener el poder en las elecciones de noviembre.
• Respecto de la deuda, si Bush quiere endurecer su posición, le basta con no hablar del tema. Es decir, abandonar su papel de abogado delante del Fondo. El reloj corre en contra de las necesidades de Kirchner y, sobre todo, de Roberto Lavagna, quien también se entrevistará hoy, junto con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, con Harstet, el presidente de la Cámara de Representantes. Ayer, el ministro de Economía creyó necesario justificar su estrategia de negociación externa con una nota en el diario «La Nación». A fin de mes, el juez norteamericano Thomas Griesa acaso decida un embargo contra la Argentina; el magistrado ya hizo lugar a una «acción de clase» en favor de un grupo de acreedores. En febrero, además, se habrá de dirimir el primer arbitraje en el CIADI (tribunal del Banco Mundial) por ruptura de un contrato con una empresa norteamericana (Azurix), y en marzo, el Fondo resolverá si renueva o no el acuerdo con la Argentina, algo que no está asegurado, como comenzó a insinuar ayer el propio Lavagna. El silencio de Bush sobre todos estos temas no es una buena noticia para Kirchner.



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