17 de octubre 2008 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

  • Las idas y vueltas del mercado financiero dejaron en las mesas jugosos comentarios sobre lo que puede presentarse en la plaza local. El repunte final ayer alegró los ánimos y creó clima propicio para la búsqueda de información. Las apuestas se hacen sobre lo que sucederá con el dólar en 2009 en la Argentina. Y allí, un avezado economista, lápiz en mano, delineó lo que a su entender parece altamente probable: en promedio, el año próximo estaría en un valor de $ 3,60-$ 3,70. ¿Deseo oficial o será el mercado el que lo lleve a ese valor promedio? No importa la respuesta: con la soja a u$s 320, ese tipo de cambio es lo que permite al gobierno mantener un superávit primario de 2,7% del PBI. «La soja va y viene, lo que importa es el dinero», podría decir un funcionario de la Casa Rosada. Y es cierto: para corregir la caída de la recaudación por retenciones, con lo único que se cuenta a mano es el tipo de cambio. Nadie se imagina a los Kirchner aplicando un masivo recorte de gastos para compensar la pérdida de recaudación por el derrumbe de u$s 609 a u$s 320 de la soja en cinco meses.   

  • Ahora bien, teniendo en mente esa tendencia gradualmente alcista para el tipo de cambio en 2009, la pregunta es la siguiente: ¿qué porcentaje de aumento del gasto público está contemplado en ese escenario de la Argentina? «Una suba de 15%», responden. ¿Premio Nobel a Carlos Fernández por la ortodoxia? No. Más bien que con la reducción del precio de las materias primas, el petróleo especialmente, el festival de subsidios que venía otorgando el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, se reduce notoriamente. Esto en la teoría, claro. Hay que tener en consideración que 2009 es año electoral. Pero siguiendo con el razonamiento del avezado operador, la economía mata a la política. ¿Por qué? Simplemente porque lo que está en juego es evitar que la Argentina entre en default en 2009. No hay alternativa: se controla el gasto o se ingresa en las legislativas de 2009 con el récord de acumular dos defaults en una década. Y a juzgar por el patrón de conducta de la gestión Kirchner, una cesación de pagos es algo que evitarán siempre. Los bonos argentinos igual cotizan ya a 40 dólares, es decir, en niveles similares a los de octubre de 2001.

  • La capitalización de los dos principales bancos suizos generó alivio hasta en la Argentina, más precisamente en algunos despachos. Tras conocerse ayer a la mañana que el Crédit Suisse recibirá una fuerte inyección de un fondo soberano de Qatar, no faltaron quienes recordaron en las mesas de dinero que Santa Cruz todavía tiene una parte del dinero ahorrado en los 90 en esta entidad. Aún no hay certeza sobre cuánto queda (porque una parte se repatrió para comprar bonos argentinos y para invertir en una minera), pero no bajaría de los u$s 500 millones.   

  • Aunque se alejó el pánico a una masiva caída de bancos, el mundo está asistiendo a un fenómeno de «fly to quality» entre entidades. Muchos inversores se encontraron con grandes demoras al intentar abrir una cuenta en los bancos percibidos como más sólidos a nivel internacional (caso Deutsche o HSBC). Los recursos que llegan semanalmente a este tipo de entidades se cuentan de a millones. «Lo que tenía pautado de todo el año como meta lo logré sólo en el mes de setiembre», dijo un ejecutivo de banca privada.

  • La buena noticia es que la asistencia del gobierno norteamericano y los países europeos comenzó a mostrar los primeros resultados, con una leve caída de la tasa interbancaria, lo que evidencia que muy lentamente comienza a restablecerse el crédito entre entidades. Es una condición necesaria, aunque por supuesto no suficiente, para que los mercados recuperen cierta normalidad. Pero el circuito de pagos en el mercado local comienza a mostrar síntomas de estrés. La suba de las tasas demostró que bancos, empresas e individuos privilegian hoy más que nunca la liquidez. Por eso ya se nota con claridad un estiramiento de la cadena de pagos, con cheques diferidos de mayor plazo. Los empresarios pagan a plazos más largos y se desprenden con rapidez de la mercadería stockeada, porque ahora el objetivo es hacerse de cash con rapidez. Además, resulta demasiado caro financiar capital de trabajo con los bancos ante la escalada de las tasas.   

  • ¿Y la inflación? A nadie en las mesas le importa en este contexto el Indice de Precios al Consumidor. Pero para las cuentas fiscales, de nuevo importan demasiado. «Los precios van y vienen, lo que importa es recaudar», podría repetirse. El cóctel de dólar más elevado y una inflación de 15% en 2009 sirve también para recaudar más. El problema pasará por anestesiar a Hugo Moyano, el titular de la CGT. Por ahora, con bozal puesto, archivó su bonus de fin de año como si fuera un operador de AIG. Se comentó en las mesas de dinero el caso de un operador despedido en Londres hace 30 días y su indemnización. Ganaba anualmente cifras de seis dígitos pero al cesar en sus funciones debía recibir un cheque por 1.500 dólares. No más. Así funciona en Londres el sistema indemnizatorio. De más está decir que el operador en cuestión fue a retirar ese cheque. Entre tanta volatilidad, pánico y euforia, circularon mails humorísticos sobre la crisis. En uno de ellos un operador relataba que «la crisis es peor que un divorcio». «¿Por qué?», lo interrogaban. «Es que con esta crisis perdiste 50% de tu patrimonio y conservas a la misma mujer.»

  • Pocas veces se vio tanta variedad en los pronósticos de economistas. Al interrogante de cuánto puede crecer o caer la economía argentina en 2009, los números van de +3,5% a -4%. Lotería pura. Es entendible habida cuenta de las variaciones de los mercados internacionales. El lunes a última hora, todos imaginaban que lo peor de la crisis había quedado atrás. La realidad golpeó y derrumbó sin piedad a posteriori. Pero con la dinámica y la productividad de la economía norteamericana, no es aventurado imaginar que en 2010 podrían estar saliendo de la recesión. Operadores desesperados por buscar señales optimistas vieron en el discurso de Barack Obama del lunes en Ohio lo que sus ojos necesitaban ver. El candidato hizo promesas de rápida intervención fiscal, gasto público, obras, subsidios, suspensión a ejecuciones de viviendas («pensar que en 2002 estas suspensiones las critiqué y ahora es lo que pido», se confesó un economista ortodoxo sobre este punto). El único tema es que las elecciones están lejos y la asunción de Obama, si gana, más todavía. Una eternidad para los tiempos del mercado.
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