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Hemos sufrido cinco shocks brutales del exterior en la Argentina y aún estamos de pie. Cayeron 50% los precios de los commodities agrícolas, Rusia dejó de pagar y se cortó el crédito a los países emergentes, luego Brasil devaluó, el euro se depreció a un mínimo histórico, y por último colapsó el mercado de crédito en Estados Unidos de las empresas de segunda línea llevando a las tasas a niveles sin precedentes.
Buscarán el apoyo de organismos internacionales y esta noche (por ayer) se cerrará un acuerdo con la oposición.
Lo que le hace falta a la Argentina es construir reputación, credibilidad. Por ello es que no buscará ningún refinanciamiento compulsivo de la deuda que fuerce al sector privado en algo raro.
La parte más difícil de las medidas anunciadas fue cambiar la Ley de Convertibilidad Fiscal. Fue una larga lucha entre nosotros, pero al final decidimos enfrentar la realidad, reconocer el más bajo pronóstico de crecimiento para el 2001.
Es probable un mejoramiento de las condiciones externas para la Argentina. El euro probablemente no irá a 0,70 (ayer cerró a 0,86), los precios agrícolas están muy cerca del rebote, y lo mismo sucede con el crédito de las empresas de segunda línea en Estados Unidos.
Luego el ministro de Defensa salió airoso de las preguntas de los 20 inversores que desfilaron. «Volveremos a nuestra tasa de crecimiento potencial, de entre 4,5 y 6% anual», dijo sin pestañear. Se ganó al público cuando destacó que la Argentina tiene un compromiso total para honrar sus obligaciones de pago de la deuda y hará lo que sea necesario para hacerlo. «Hemos demostrado el deseo y la capacidad de actuar implementando paquetes de ajuste. ¿Cuántos gobiernos en el mundo son capaces de reducir los sueldos nominales 12%?», arrancando el aplauso de los hombres de Wall Street. Se despidió con la tranquilidad de haber satisfecho a los presentes, y dispuesto a repetir su batalla por la noche, pero ante inversores convocados por Goldman Sachs.




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