En la Universidad del Litoral, el Plan Fénix presentó el Proyecto Estratégico de la Universidad de Buenos Aires, con diagnósticos y metas para el período 2006-2010. Claudio Chiaruttini analizó en la revista «Edición i» la iniciativa, a la que califica como «extremista, sectaria e irracional». Extremista porque tratando temas económicos ofrece soluciones únicas. Sectaria porque considera un único pensamiento económico y elimina la discusión y diversidad que debe existir en todo claustro universitario. Irracional porque sus propuestas son «idealistas e impracticables».
El autodenominado Plan Fénix es un conjunto de aportes de ex funcionarios públicos que no tuvieron éxito en sus gestiones, que viven sólo de dar clases o sea sin tener conexión con la gestión.
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Entre las «lumbreras» que animan el Plan Fénix se encuentran: Aldo Ferrer, ex funcionario de la Revolución Argentina y luego de Raúl Alfonsín (¡qué mal funcionó el Banco Provincia cuando lo administró! Su mano derecha en la entidad era Felisa Miceli), la diputada Mercedes Marcó del Pont, el ex funcionario Héctor Valle (recuerda la FIDE, de Rogelio Frigerio), el autor del libro de economía más voluminoso de la Argentina, Mario Rapaport, el eterno disconforme filorradical Marcelo Lascano, y los investigadores de FLACSO, Daniel Aspiazu y Eduardo Basualdo, economistas devenidos en detractores profesionales de las desregulaciones y privatizaciones.
El Grupo Fénix incurre en una lectura de la historia abundante de preconceptos, que difícilmente pueden ser probados por un académico serio. Así ellos sostienen que «la Argentina arrastra la pesada herencia del modelo de la década del 90, basado sobre la expansión de la renta financiera y el aliento sin límites a la especulación».
Es interesante, pero el Grupo Fénix no analiza las distorsiones económicas generadas a partir de 1910, o desde 1930, o desde la llegada del peronismo, ni las causadas en los 60 o las que llevaron a la hiperinflación de 1974. . ¿Qué opinan los hombres y las mujeres del Plan Fénix del gobierno de Néstor Kirchner y sus «logros» económicos»? «Luego de la depresión iniciada en 1998, que alcanzó niveles inéditos a fines de 2001, la economía argentina experimentó un crecimiento sostenido por cuatro años. Hoy la recuperación de aquella prolongada depresión ha concluido.»
Es interesante destacar que ni Roberto Lavagna ni Felisa Miceli ni Néstor Kirchner hayan reclamado o solicitado el aporte ideológico del Plan Fénix, aunque muchos de sus miembros son funcionarios en otras áreas no relacionadas con la economía. Pareciera que nadie los quiere cerca de la economía real.
Ninguno de los grandes cambios internacionales fueron pensados por el Plan Fénix diseñado en 2002, es decir, tomaron por sorpresa a los funcionarios de Néstor Kirchner y a los profesores universitarios puestos en creados de planes económicos. Es como pensar en generar riqueza y sostener que triunfamos porque fuimos al casino y ganamos 3 plenos seguidos.
El Grupo Fénix utiliza decenas de palabras, pero ninguna fórmula o medida a tomar. Este es el estilo del Plan Fénix: lindas definiciones, diagnósticos ideológicos, metas idealistas y ninguna medida real para aplicar.
Por fin, el trabajo trata de llevar agua para el molino propio: «Es obligación ineludible del Estado brindar al conjunto de la población una educación que tienda a la transformación de la sociedad y no meramente a la reproducción de la fuerza de trabajo... A estos fines es esencial mejorar el financiamiento de la educación, al mismo tiempo que se rediseñan sus contenidos».
Así, el magnífico Plan Fénix que tenía como objetivo crear una Nueva Argentina termina por convertirse en un simple «mangazo» de «guita» para la Universidad, es decir, para el ámbito que los contiene y de donde sacan los sueldos. ¡Qué pobreza de objetivos!