Es claro que no estamos pasando por un período depresivo como el que sobrevino entre el 27 de agosto y el 21 de setiembre, pero tampoco pasamos por la euforia que se vivió del 24 de ese mes al 31 de octubre. Aun cuando el saldo resultase negativo, ya que el Dow retrocedió 2,32% y el NASDAQ 1,31%, la semana que acaba de terminar puede ser definida como la más "tranquila" de los dos últimos meses. Esto es bueno en cuanto puede estar reflejando un mercado que se está tomando un respiro, para plantearse cuál es la dirección a tomar, luego de perder cerca de 10% de su valor durante este período. Por otro lado significa que aun con la seguridad de un nuevo recorte de tasas por parte de la Fed en apenas horas, y otro tanto por parte del Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, es extremadamente difícil predecir hacia dónde será la salida. Por lo pronto, los datos de la macro conocidos durante la última rueda sólo pueden calificarse de «horrorosos». La mejor prueba la tuvimos el viernes cuando se conoció que la tasa de desempleo trepó más allá de lo que cualquiera de los gurús de Wall Street esperaban, alcanzando 5,4% de la fuerza laboral. Se destruyeron en el último mes 415.000 puestos de trabajo, el mayor número en 20 años. A esto hay que sumarle la mayor merma del PBI en 10 años. No sólo entonces no ha respondido la economía a las medidas de estímulo que se están implementando desde hace 11 meses, sino que lo que es peor, se ha deteriorado marcadamente. El volúmen bursátil se ha movido en consonancia con lo que se está viviendo, y el viernes marcó el nivel más bajo de la semana. Esto puede, hasta cierto punto, explicar el porqué los precios de las acciones no han caído en la misma medida de las malas nuevas.
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