La vida pública brasileña ha adquirido en los últimos días una singular circularidad. La campaña electoral comenzó a cambiar de formato aunque el protagonista principal siga siendo Luiz Inacio Lula Da Silva, eterno candidato del Partido dos Trabalhadores, un cuco para los mercados (o, como prefieren en Brasil, «o bicho papao», con el que la imaginería asusta a los chicos). El gobierno de Fernando Henrique Cardoso ya no hace demasiados intentos por demostrar que su candidato, el impopular José Serra, puede llegar a triunfar. Ahora el presidente y los ministros se dedican a predicar que, después de todo, Lula no es lo que se piensa, está cambiando, va hacia el centro. Es exactamente el argumento contrario al que explotaron inicialmente y que llevó a la crisis: «Si el próximo presidente no es alguien competente, Brasil quedará convertido en la Argentina», como señaló en su momento el propio Cardoso. Lula coincide con esa imagen y, como si sirviera a la prédica oficial, cambia de aspecto: ayer emitió una carta pública haciendo una profesión de fe más moderada respecto del manejo de la economía. Son movimientos destinados a una elite muy reducida, bien informada y ligada a la inversión económica. El gran público está mirando en Brasil otra película, la del Mundial de Fútbol, que al atractivo de la posible victoria nacional le suma este año la rápida eliminación de la Argentina: «El juego con Suecia puede no haber sido el mejor partido de la copa pero fue sin duda la mejor partida», se burlan los vecinos.
•Temor
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En el gobierno de Cardoso, especialmente en Itamaraty, a la preocupación por Lula se sumó desde ayer el terror que produce Carlos Ruckauf. Allá lo recuerdan como un improvisado (aconsejó romper el Mercosur siendo gobernador, después de leer una encuesta) y ahora temen que insista con la idea de formar un frente de países con problemas en el que el presidente de Brasil termine abrazado a Eduardo Duhalde: «¿No advirtió Ruckauf todavía que Cardoso no se ha querido volver a reunir con Duhalde desde que se insinuó la crisis en Brasil?», se preguntó ayer ante este diario un diplomático de Brasilia. También Roberto Lavagna teme esa estrategia del canciller, sobre todo por lo inoportuna: él no quiere visitar a Anne Krueger como representante de un gobierno que propone formar un club de deudores, como si se estuviera en la década del '80.
Pedro Malan, el ministro de Hacienda brasileño, debe sentir alguna culpa personal por el trance político. Cardoso había pensado en él como candidato a presidente pero el economista no se afilió al PSDB gobernante y dejó paso al paulistano Serra. Por eso ahora interviene en la campaña tratando de que la bomba no le estalle a él y a Arminio Fraga, el presidente del Banco Central. Impiedades de la profesión, Arminio debió soportar que llegaba al puesto promovido por George S. Soros, de cuyo fondo «Quantum» había sido operador. Pero para el común de la gente fue Soros el que anunció el final de la fiesta diciendo que «como Lula va a declarar el default por razones ideológicas, el mercado se adelantará y el default será impuesto por las circunstancias». La integridad moral de Fraga quedó probada, aunque tal vez no de la forma menos cruenta para él.
Sin embargo, no cabe echarle toda la culpa a Soros, para quien Malan pidió censura. Hubo un episodio que hizo más por la caída de los títulos brasileños que la opinión del húngaro. Fue el viaje de Muhamed El-Harian a Brasilia, que organizó Morgan Stanley. El-Harian es el encargado de la cartera de mercados emergentes del poderoso fondo Pimco de California (Bill Gross, el titular de esa firma, es acaso el estratega de bonos más importante del planeta: lo sabe bien Domingo Cavallo, quien sintió el golpe cuando Gross dijo el año pasado que estaba haciendo un gran negocio al vender u$s 500 millones de papeles argentinos). Cuando el responsable del desk brasileño viajó a entrevistarse con Malan y Fraga, el 6 de junio, muchos en el mercado supusieron que la visión que se llevaría del país no sería la mejor y que eso lo llevaría a vender los u$s 1.200 millones en títulos brasileños que administra ese fondo. Los operadores vendieron antes que El-Harian llegara a Brasilia con lo cual la noticia del viaje salió carísima.
Convencido de que la estrategia de convertir a Lula en el demonio la paga el gobierno antes que el sindicalista, Malan comenzó a detectar que el candidato del PT no es lo que era: «He notado cambios y esos cambios deben ser detectados por la población. Son cambios que deben ser creíbles y consistentes», dijo el ministro de Hacienda, antes de comparar al candidato «trabalhista» con Tony Blair, para escándalo de Cardoso, amigo personal de Anthony Giddens, el sociólogo al que se le atribuye la modernización del laborismo británico.
Da Silva parece coincidir con Malan, él también quiere aparecer menos agresivo a la opinión moderada de lo que acusaba el propio gobierno anteriormente. Ayer consiguió consolidar formalmente la alianza con el Partido Liberal, de centro. Lula también publicó una «Carta al pueblo brasileño» en la que, además de conceder que «la transición hacia un nuevo modelo no será una decisión voluntarista del gobierno sino el resultado de una gran negociación nacional», acusa al gobierno de Cardoso por el alto endeudamiento que contrajo, por su «populismo cambiario» y por su fragilidad fiscal. Sostiene que la intranquilidad no nace, entonces, de las elecciones, sino de la gestión económica de Malan y Fraga: seguramente estos dos funcionarios no querrán que Lula siga cambiando, tal como ellos creen que hace.
•Pronóstico
¿Alcanzará con estas manifestaciones de ortodoxia para que se corrija el rumbo de catástrofe de la economía de Brasil? ¿O se cumplirá el pronóstico de Cardoso sobre la argentinización de su país, sólo que antes de que él se vaya de Planalto? Si se lee la carta de Lula habría un giro en el candidato del PT. Claro que si se mira su sitio en Internet (www.pt.org.br) se advertirá que la metamorfosis que pretende Malan y que Lula quiere confirmar con gestos apresurados es superficial, táctica: algún técnico en computación debería dar de baja de allí tantas consignas antimercado y tantas convocatorias a plebiscitos para no pagar la deuda si se quiere que el milagro se produzca.
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